¡Vivan los novios!

Ocurre de vez en cuando que la gente se casa. Este fin de semana les a tocado a la mejor amiga de mi novia y a su novio (al novio de la mejor amiga de mi novia, no al novio de mi novia, que soy yo, espero que quede claro).

Personalmente no soy muy de bodas, sobre todo desde el punto de vista religioso-eclesiástico del asunto. Supongo que ya os lo imaginabais, vistos los posts que suelo poner por aquí, pero eso no quita para que comprenda a quienes lo sienten como algo bueno.

No tengo problemas con el compromiso (considero que comprarse una casa en común con alguien es ya un gran compromiso), y tengo mis propios planes de futuro, de modo que el problema lo tengo con quien va a oficiar el evento más que nada.

Pero esta vez fue diferente.

La ceremonia como tal fue corta, más preocupada por el hecho de dos personas uniendo sus vidas que de aplicar cierta moralina de doble rasero, haciendo protagonistas a quienes sin duda lo son ese día y no a un cura con afán de imponer sus criterios a los demás en un momento que no es para ello.

Como digo, fue corta, como media hora, con dos intervenciones de gran calidad (sobre todo la primera, eres la mejor) por parte de amigos.

El marco era incomparable, en Aranzazu (¿habéis visto El día de la Bestia? Es donde empieza la película). Es un lugar muy bonito, y además el tiempo acompañó perfectamente, dejando atrás las lluvias de los días previos al enlace. No se llevaron huevos a las Clarisas, pero parece que nadie se enfadó demasiado por ello.

A la salida, arroz y pétalos de rosa volaron para alegría de todos los presentes. A mí no me dejaron echar ni los macarrones ni los garbanzos... ¿qué queréis? Soy amigo de lo poco convencional...

Tras las fotos de rigor con todos los amigos y familiares, fuimos al lugar donde se celebraría el convite.

Primero un cóctel de bienvenida, después asentamiento de culos general, cada uno en su mesa correspondiente, y finalmente a comer.

El menú fue más que correcto, todo estaba buenísimo (sobre todo el solomillo, pena de estómago que se reservaba un hueco para el postre, si no, hubiera repetido... antes reventar que sobrar suele decir mi sabia abuela), incluida la compañía, y es que me tocó delante del tipo más gracioso de la fiesta. Hubo quien estuvo en peor situación que yo.

Una de las grandes sorpresas, al margen de mi capacidad para engullir langostinos, ocurrió con la tarta nupcial. Mi novia fue al servicio, y volvió justo cuando terminaban de cortar la tarta. En cuanto se hubo sentado, su gran amiga del alma, LA Novia y EL Novio se acercaron a nosotros con el primer piso de tarta... Ya veis, ¡nos han tocado los muñecos!

Besos, abrazos, alguna lagrimilla, felicidad.
- ¡Que se besen!, ¡Que se besen!, ¡Que se besen!, ¡Que se besen!, ¡Que se besen!, ¡Que se besen!, ¡Que se besen!, ¡Que se besen!, ¡Que se besen!, ¡Que se besen!

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Y beso para el público.

El ramo fue para una prima del Novio, que también parece que le toca en breve.

Después del postre, baile, hasta las 20:00.

Creo que pocas veces he movido tanto el esqueleto, ni con tan variopintas parejas: una tía de la Novia, amigas de la Novia y el Novio, una señora que no sé quien era... eso sí, he descubierto mi innata habilidad para el pasodoble. El flamenco aún me queda muy lejos.

Después se quedó a las 22:00 en una sala de un hotel del pueblo, para seguir la fiesta hasta que aguantó el cuerpo, que fue como a las 3:30 o algo así. Puede que se pudiera haber aguantado más, pero habría que haber hecho una parada en boxes a cambiarme los pies, que con los zapatos del traje acabaron pidiendo la hora.

Supongo que a estas horas los Novios ya estarán rumbo a Barcelona para emprender su crucero de miel.

La verdad es que para ser una boda estuvo muy bien. La celebración, la alegría sincera de los presentes, los buenos sentimientos... creo que en todo el fin de semana he dejado al margen todos los males que nos acechan para, simplemente, disfrutar del evento.

Y así lo he querido dejar escrito aquí.

¡Que os vaya todo muy bien y que seáis muy felices!

P.D: Si algún día me caso, creo que una boda como esta es la que me gustaría tener, tal vez un poco más íntima y en un sitio más pequeño, con algo que la haga diferente y especial, pero desde luego con ese espíritu de celebración.