Después del "Bloody Sunday", por fin es Lunes

13 de enero de 1972.

Los más aficionados a la Historia y a U2 seguro que saben lo que ocurrió, dado que lo inmortalizaron en una canción "Bloody Sunday" (Domingo Sangriento).

Una marcha pacífica por la unificación de Irlanda acabó de una manera poco agradable y que fue el pistoletazo de salida (nunca mejor dicho) de un conflicto armado que ha durado hasta hoy en día.

Concretamente, hasta ayer, que el IRA anunció que dejaba la lucha armada para centrarse en la lucha política en aras de conseguir que Irlanda del Norte (Ulster) acabe formando parte de Irlanda y deje de ser suelo británico.

Todo este embrollo en realidad se remonta a Michael Collins y sus famosas cabezas cortadas (cortó las cabezas de las estatuas de reyes ingleses en Irlanda como símbolo de rebeldía, cosa que forma parte de la tradición celta, que dice que cortando la cabeza del enemigo abatido se consigue el poder y el espíritu del difunto), o puede que mucho más allá, a donde las películas no llegan y yo tampoco.

La cuestión es que siempre que ocurren este tipo de conflictos y se mezclan, además, temas religiosos (los pro-irlandeses son católicos y los pro-británicos son protestantes y puede que hasta anglicanos y todo) y acciones armadas se pierde la perspectiva del problema. Es decir, que la cuestión de decidir si el Ulster debe ser parte del reino británico o a la república de Irlanda queda como algo estancado e inamovible debajo de las bombas, los tiros, la sangre y los muertos.

Lamentablemente, algo sabemos por aquí de este tipo de cuestiones.

También lamentablemente, allí ha habido más víctimas, en torno a las 3600. Y no he visto a nadie decir que por encauzar la vía política y aceptar como legítima la intención de liberar de la invasión colonialista británica a esa parte de Irlanda se esté faltando al respeto a las víctimas o que por apoyar tal o cual causa se esté dando balones de oxígeno al IRA o demás gilipolleces que a veces se oyen por aquí.

Recordemos que un paso bien importante dado por Tony Blair (el mejor primer ministro que se han encontrado los irlandeses a la hora de escuchar sus reivindicaciones según el propio IRA) tuvo que ver con los presos.

Claro que el alto el fuego de la banda hace ya un tiempo ha ayudado a hacer ver que realmente se tiene una intención de acercar posturas y resolver el problema real: la violencia.

Alonso ha dicho que no ve paralelismos entre el IRA y ETA. La verdad es que no sé si se refiere a cuestiones de bases ideológicas o de legitimidad de las reivindicaciones que plantea cada una de las bandas, porque desde luego, a mi me parece que se parecen mucho.

Dos bandas calificadas de terroristas (no digo que no lo sean) por quienes tenemos la desgracia de sufrirlas y libertadores de sus patrias para quienes los jalean. Víctimas en uno y otro lado de la delgada línea roja que separa las posturas enfrentadas en un juego de soka-tira para ver quien tira más.

Lo sorprendente es que no vean ni uno ni otro que no se trata de tirar más o menos, sino de de tirar mejor, o incluso de no tirar. Cuanto más tire uno por un lado a base de represión, más tira el otro en forma de muertos y viceversa. Cualquiera puede ver que las únicas maneras de acabar el asunto son:

- Desgaste de uno de los bandos. Lo cual es complicado con los entramados propagandísticos que existen hacia un lado y hacia el otro que promueven que las nuevas generaciones vivan un conflicto muchas veces idealizado e irreal alejado del verdadero conflicto.

- Diálogo sin condiciones ni complejos.

- Exterminio de ambos, muerto el perro, se acabó la rabia (método americano).

El conflicto llevaba ya más de 30 años y supongo que habrá mucha gente que ya no recuerda por qué tiene que odiar al del barrio de enfrente o que ya no comprende por qué su hijo no debe jugar con su compañero de pupitre. A lo mejor muchos debieran ver programas de esos en los que dos hermanos octogenarios se vuelven a encontrar después de 60 años sin hablarse por un problema de que uno le hacía trampas al mus al otro.

Las cosas, finalmente, no son tan complicadas... si existe buena fe por parte de todos.

Y eso, precisamente, se demuestra dejando de tensar la cuerda por ambas partes y acercándose sin miedo al centro del diálogo.

Al principio son pequeñas muestras que sólo los más espabilados ven. En momentos de crisis se demuestra el carácter de las personas. Atreverse a soltar la cuerda sin miedo a perder el terreno ganado es un paso complicado pero necesario.

Y debe darse por ambas partes, aceptando que lo que ambos defienden es legítimo y defendible y asumiendo que perder es una posibilidad política que no tiene por qué ser el infierno en la tierra.

En todo caso, el infierno en la tierra ya lo tenemos en forma de terror, de modo que a ver cuándo toman ejemplo por aquí y empiezan a hablar porque, como ya dije otra vez, cuando todos callan, las que hablan son las armas. Y, por lo que parece, por aquí no hay voluntad de acabar con la violencia, ni por unos, ni por otros.

Enhorabuena a los premiados y a ver dónde termina la batalla política futura, que siempre será mejor que la muerte de personas (inocentes o no).