3 puntos de padres

Este verano, como el pasado, semana sí y semana no termino un par de horas de jornada laboral por la tarde en casa. Tengo la suerte de poderlo hacer así, y de que Aysha no suele dar guerra y se arregla ella misma con Chocolate (el gato) para pasar ese tiempo que paso concentrado delante del portátil.

Los viernes, además, ocurre que por la tarde no trabajo; salvo estas semanas de "pseudo-intensivo", en las que un par de horas me sirven para cerrar la semana de manera más tranquila.

Uno de estos viernes, Aysha estaba enredando con alguno de sus cachivaches, sentada en el sofá de la sala, sin hacer demasiado caso a la tele ni al gato. Estaba elucubrando sobre alguna de esas ideas que le pasan por la cabeza, explicándoselas a sí misma, mientras yo cerraba un par de tests y respondía a un par de correos para terminar la semana. La tranquilidad hecha armonía, sólo un sonido de violines en la raspberry pi podría mejorar la atmósfera reinante; gato dormido al sol incluido.

Pues nada, ahora que meriende, luego al intensivo de natación y semana ventilada, finde del todo. En cuanto termine este hangout con nuestro P.O. en Madrid...

CLONK!

- Aaaaaaaaaaaaaaaay !!!

Ya se ha ido del sofá al suelo otra vez, mira que se lo hemos dicho cientos de veces, que mires dónde estás, que no estás en el suelo, que si te mueves el sofá se acaba, manda narices, pues ahora se lleva un "supernanny"...

- Me he caído aitaaaa!
- Si es no mir.... - coña! Se duele al lado de la oreja... Parece que tiene una herida, apenas sangra, mejor ni le digo nada, se la limpio, le planto una tirita de las que tanto le gustan y a correr... la piscina? Bueno, no será nada...

Y reviso la herida. No tiene más suerte que haberse dado de lleno contra el pico de la mesa. Una pasada de dedos constata que sí, el pico es muy picante y la herida... leche, esta herida apenas sangra, pero tiene la carne abierta, estoy viendo literalmente el interior de mi hija...

Justo delante del "trago", donde termina el pómulo, hay un cacho de carne blanda sin hueso alguno; y ahí se fue a dar (clavar, más bien), con el pico de la mesa.



Joder, y ahora qué hago... Esto es una tontada? Me voy a urgencias? Sí? No?
Mejor ir y que no sea nada, que no ir y cargarla... arrepiéntete de lo que has hecho.

Al menos no sangra.

- Venga, va, ponte las zapatillas de casa, y la parte de arriba del pijama de verano. - llevaba los pantalones cortos del pijama... - vamos a ir a que te curen, vale?

Y me la cargo en brazos como hacía meses, casi años, que no hacíamos. En el ascensor intento que no se vea en el espejo, pero no cuela. La puñetera es espabilada como para no fiarse de lo que le digo. Ve la sangre (poca), que por suerte tapa la herida. Se asusta un poco, y como es poca sangre, consigo que se calme. Vamos camino a urgencias, redios qué calor.

- Aita, por qué vamos tan rápido? - se me caen un poco las pelotas al suelo ;(
- No vamos rápido, es que hace mucho calor - donde vas, manzanas traigo.

El camino se me hace largo de narices. De camino, desvío su atención.

- A que no sabes quién viene mañana de visita?

Y empieza a quemar las opciones más habituales, no siempre por orden de preferencia:

- Amama! Padrino! Aititedemadrid! Tío Carlos!
- En la que acierta, montamos una fiesta, cuando ya vamos a llegar.

- Buenas, urgencias de pediatría?
- Sí, dame la tarjeta de la niña
- Leche, la tiene su madre - que está trabajando. Creo que la buena señora que nos atiende cree que somos padres divorciados al hablar así, y deja vía libre a la excepción.
- Da igual, cómo se llama, fecha de nacimiento? .... Vale, por ahí, del número 2 a la derecha del todo.

Hay un médico y nada de cola, perfecto. Le explico la película con Aysha sentada en la camilla, intentando que ella no sea consciente de mi preocupación. El médico no ve mucha sangre y le echa un vistazo. No parece mucho, así que bueno, igual esto no da para un post...

Pero sí. En cuanto le insisto en que le he visto la herida muy abierta, lo revisa.

- A ver, túmbate, que vamos a mirar.
- No, no, pinchar no!
- Tranquila, es sólo mirar, no pasa nada. - algo más sí es, limpia el poco de sangre que ha empezado a coagularse, lo que tampoco debe de dolerle mucho.

Y lo ve. Y dice sorprendido que sí, que menuda se ha dado... Lo de siempre para el dolor, si lo tiene, y que pase por la sala de curas para que le dejen la herida lista. Al otro lado del centro de salud.

Gracias.

Allá nos vamos. No parece haber nadie. Ah, sí, ahí le están arreglando el pie a un chaval. Esperaremos un rato fuera.

- Y qué me van a hacer aquí? Me van a pinchar?
- No, sólo mirar, y te van a poner una tirita!
- De qué color? Yo quiero de princesas.
- No sé si van a tener; si no tienen, en casa ponemos otra encima de la que te pongan aquí, vale?
- Vale!

Y nos toca entrar. Entramos. Le miran. Sí, nos ha enviado el médico. Para mirarle esto. Y le miran. Dos enfermeras curtidas (nunca mejor dicho) en mil batallas, que dan toda la confianza del mundo.

-  Buf, pero esta herida es muy profunda eh? - no me jodas, que esto parecía ya el final de la película; vamos a tener un giro inesperado a la mitad?

Exacto.

- Espera, que vamos a llamar a Cruces, que igual mejor te la llevas para que le miren para cerrarle. - ein? A ver si al final he hecho más que bien en haber venido...

Mientras una llama por teléfono a Cruces (Hospital de Barakaldo al que se derivan a los pacientes desde Durango), la otra le sigue el juego a Aysha. Se deja pintar tatuajes con rotulador rojo, y le hace uno a Aysha. Le pregunta por sus zapatillas de casa con dibujos de comics, y que su pijama no lo parece, y ...

- Mira, vas a Cruces, y presentas este papel, que ya me han dicho que te pueden atender, para cirugía estética. - ein? Cirugía? Estética? Esto se va poniendo cada vez más raro. - A veces les ponen pegamento como haríamos aquí y ya está, pero casi mejor que lo evalúen allí, que la vemos muy abierta, y la zona es delicada. - lo que yo decía, cada vez más raro.

Pero allá nos vamos. Con su triste tirita blanca (literalemente "es que aquí no tenemos más, luego Aita te pone una más chula), y ya a pie y con más calor que antes, volvemos para casa.

Y necesitaremos su tarjeta sanitaria. Como buen conocedor de las aventuras gráficas, sé que hemos quemado la carta de "ay que no la tengo" y no va a colar más. Llamada de esas que empiezan por un:

- Tranquila que no pasa nada, pero tienes ahí la tarjeta sanitaria de la niña? - y nos pasaremos a por ella.

Se cambia de ropa, cojo algo para merendar, las llaves del coche, y allá nos vamos.

- Ponme la de Mulan, Aita, mezedez. - como para negarle cualquier canción...

Coger la tarjeta sanitaria, tranquilizar a la madre de la criatura, y a la A8 de cabeza. Y ahora por dónde llego antes? Por Bilbao o por el Txorierri? Cuando venía al mundo, fuimos cruzando Bilbao hasta Cruces, hagamos lo mismo a esta hora, no creo que haya atasco de salida ya... Y llegamos. Nos pasamos el parking (no es plan de ocupar uno de los pocos sitios de la entrada de urgencias para esto...) y volvemos.

- Mira Aysha, aquí vinimos con Ama cuando ibas a nacer, qué te parece?
- Dónde?

Aparcamos. Saco una foto al coche para no tener que recordar dónde lo aparcamos. Y salimos por las escaleras. Mierda, no he contado cuántos pisos hemos subido, bueno, da igual.

- Ahí, en la parte izquierda del edificio, lo ves qué grande es? - parece que no se acuerda de por qué estamos aquí. Entramos.

Y ahora a dónde voy yo? Hay un funcionario en una ventanilla libre. Veamos cómo va la burocracia aquí...

- Buenas, que venimos de Durango para que le miren esto... - le doy el papel... y lo coge! TOMA!
- Muy bien, siga la línea verde hasta el final.
- Linea verde? - señala al suelo. Línea verde: pediatría. Perfecto.

- Mira Aysha, tenemos que ir por el verde, a ver si no nos perdemos que esto es muy grande, eh?
- No Aita, mira, por aquí. Vamos, vamos.

30 segundos después, la línea verde muere en un mostrador. Levantamos la mirada y dos enfermeras (o lo parecen), nos saludan. Le doy los papeles que el primer funcionario nos ha dado.

Pasa por aquí, y espera un poco. Vienen un par de enfermeras, para evaluar qué pasa y su urgencia. Le miran, son un poco burdas en el trato, supongo que a más gente, más complicado es. En general bien. Que si cuánto pesa (creo que 15Kg... en realidad son 18Kg). Voy dando el parte por Telegram.

Llega una médico y pregunta por el material de la mesa, de madera, nada de metal o cristal, o tal y tal. Se va. Le van a poner un gel en la herida que es anestésico para cerrarle la herida; yo le tengo que apretar un poco para que le haga mejor efecto. Sigue el parte por Telegram.



Así lo intento, mientras devora un par de galletas que aún quedan y ve el capítulo de Peppa Pig que echan en la tele (sonido quitado). Le damos (a regañadientes) una galleta a una niña que está por allí también. Cuando se nos acaban, una madre que ha llevado su hijo con posible rotura en el brazo, nos ofrece una de las suyas.

- Ves como hay que compartir? - sigamos teniendo valores hasta en momentos extraordinarios.

Al final nos toca pasar. Un médico muy alto acompaña a la médico de antes. Aysha le dice que no quiere que le pinchen y medio protesta un poco. Él, hace de poli malo y le cierra la boca de manera algo brusca después de decirle que sólo le van a mirar. Llegamos a la sala donde evalúan la herida.

- Esto van a ser dos puntos, se los pones y cualquier cosa me avisas. - y se va.

Y procedemos. Quédate ahí tumbada, una enfermera le sujeta la cabeza, yo las manos y el cuerpo en general. El no saber qué pasa, qué le van a hacer, es lo que le pone más nerviosa, no le gusta.

- No pasa nada amor, son dos tiritas nada más, cuéntame cómo te llamas? - la médico tiene acento sudamericano, muy dulce, pero no surte demasiado efecto.

- Aysha, begiratu neri, no pasa nada. Mira, has visto? habla como Ariel! - la enfermera se ríe. - mejor hazle caso, que si no viene el otro médico feo, ese malo de antes eh? - creo que no entiende lo del acento, sí a lo de que venga el "poli malo".



- Qué me están haciendo? me están cosiendo? - ha visto el hilo, que por cierto, la médico maneja con verdadera soltura con las pinzas para hacerle varios nudos a cada punto. Hace dos, y parece que ya termina todo, pero no, el medio no queda tan cerrado como debería, así que va un tercero.

- Tranquilo, que no le está doliendo, eh? Nota que le estamos haciendo algo, pero no le duele. - me dice la enfermera.

Tarda más de lo previsto, y cuesta convencer a Aysha de que "ya se termina". Se lo hemos dicho demasiadas veces ya, como lo de "sólo vamos a mirar". Pero se acaba, y la herida queda perfectamente cerrada. Las dos partes de la carne que antes estaba abierta, ahora está cerrada. A cal y canto.

Nos dicen que esperemos un poco, que nos darán los papeles de salida y un par de indicaciones; cosa que hacemos con más capítulos de dibujos animados (estos ya no los reconozco...).



Unos minutos más tarde, ya podemos irnos. Las indicaciones son lavar la herida todos los días con un suero, vigilar que no tenga fiebre, y que la herida no supure o tenga pus. Y acudir en 5-7 días a nuestro centro de salud para que le quiten los puntos. Ah! y pegatina de "me he portado muy bien".

- Ya está, amor, viste que no ya se terminó? Chocas? - y choca medio a medias. - Se puso muy nerviosa, pero se portó muy bien, eh? fue muy valiente.

Volvemos a casa.

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Una semana de limpiezas y cuidado, ayer le quitaron los puntos, que se habían empostillado y hubo que liberar con vaselina (esta parte ya me la perdí un poco). La enfermera de Durango le quita dos, el otro ha debido de caerse sólo.

Y volvimos a la normalidad de la piscina.

Y esos tres puntos nos han caído en nuestra experiencia de (p/m)aternidad.

5 años después, volvimos a Crices, a ver si no volvemos al menos en otros 5 más.

El problema del vestuario gay

Existen vestuarios separados por sexos. ¿Por qué? ¿O para qué?

Respuesta 1: Para que no te vean quienes, potencialmente, pueden sentirse sexualmente atraídos por ti, y quieres evitar tal intromisión en tu intimidad (seas del sexo que seas). Si vas a renunciar a tu intimidad, al menos que nadie se aproveche de ello.

Respuesta 2: Para que no veas a nadie con quienes, potencialmente, puedas sentirte sexualmente atraído, y quieres evitar situaciones incómodas si esto llegara a pasarte (seas del sexo que seas). Si el resto va a renunciar a su intimidad, al menos que no te pongan en una situación incómoda.

Así pues, pasado el siglo XX, donde un mundo donde lo heterosexual es lo "normal", pueden tener sentido. Llegado el siglo XXI, el de la normalización de la homosexualidad, la bisexualidad, la metrosexualidad, y la tecnosexualidad, las viejas normas empiezan a quedarse obsoletas.

Y se nos plantea el problema del vestuario gay.

¿En qué vestuario entraría un hombre homosexual? ¿Y una mujer homosexual?

Analicemos el problema por reducción al absurdo.

Hombre homosexual. Hipótesis 1: Al de los hombres.
¿La "norma" 1 se cumple? El resto de hombres tienen a alguien que puede sentirse, potencialmente, atraído por ellos. X
¿La "norma" 2 se cumple? El resto de hombres, no se sentirán, potencialmente, sexualmente atraídos por él. ¿Pero él? Se sentirá, potencialmente, atraído por el resto. X
Esto independientemente de la orientación sexual del resto de los hombres del vestuario.

Hombre homosexual. Hipótesis 2: Al de las mujeres.
¿La "norma" 1 se cumple? El resto de mujeres no tienen a alguien que puede sentirse, potencialmente, atraído por ellas. ¿Pero él? Si hay una mujer heterosexual al menos, puede sentirse, potencialmente, atraída por él. Si el resto de mujeres son homosexuales, todas ellas tienen al resto que pueden sentirse, potencialmente, atraídas por ella. Única posibilidad, una mujer homosexual y un hombre homosexual en el vestuario como mucho.
¿La "norma" 2 se cumple? El resto de mujeres se sentirán, potencialmente, sexualmente atraídos por él. X

Así pues, por ahora un hombre homosexual sólo puede unirse con otra persona si ésta es una mujer homosexual. Casi mejor pon vestuarios individuales...

Mujer homosexual, Hipótesis 1: Al de las mujeres.
¿La "norma" 1 se cumple? El resto de mujeres tienen a alguien que puede sentirse, potencialmente, atraído por ellas. X
¿La "norma" 2 se cumple? El resto de mujeres, no se sentirán, potencialmente, sexualmente atraídas por ella. ¿Pero ella? Se sentirá, potencialmente, atraída por el resto. X
Esto independientemente de la orientación sexual del resto de las mujeres del vestuario.

Mujer homosexual. Hipótesis 2: Al de los hombres.
¿La "norma" 1 se cumple? El resto de hombres no tienen a alguien que puede sentirse, potencialmente, atraída por ellos. ¿Pero ella? Si hay un hombre heterosexual al menos, puede sentirse, potencialmente, atraído por ella. Si el resto de hombres son homosexuales, todos ellos tienen al resto que pueden sentirse, potencialmente, atraídos por él. Única posibilidad, una mujer homosexual y un hombre homosexual en el vestuario como mucho.
¿La "norma" 2 se cumple? El resto de hombres se sentirán, potencialmente, sexualmente atraídos por ella. X

Así pues, por ahora un hombre homosexual sólo puede unirse con otra persona si ésta es una mujer homosexual. Casi mejor pon vestuarios individuales...

Así que lo dicho, poca solución viable...¿ o no?

Será cosa de saltarse las normas autoimpuestas de otro siglo.







Camina siempre adelante

Habían pasado unos meses desde que el primero de los compañeros fue liberado del yugo común que sufríamos. Internamente, aún pensaba en cambiar las cosas desde dentro, en intentar modificar el rumbo de las decisiones sufridas hacia lugares que un par de años antes ya habíamos imaginado y tratado de mover.

Las cosas de palacio podían ir suficientemente despacio como para diluirlas en el trabajo diario, y en una de esas limpiezas de disco duro anuales, me había chocado de frente con las hasta ocho versiones del documento tratado en aquellas reuniones fuera del tiempo y del espacio de la oficina. Muchos estaban de acuerdo en hacer algo, algunos estaban por la labor de participar, unos pocos fueron necesarios para pararlo, simplemente bajo el látigo de la indiferencia.

Por aquel entonces, ya había un "nosotros" y un "vosotros" que se escupían desde ambos lados de la tierra de nadie, esa que ni fú ni fa, ni sí ni no, ni bien ni mal. De #padefos está lleno el mundo, eso lo sabemos, forman parte de esa buscada clase media que ayuda a mantener a raya a las clases bajas, autoengañándose como si fueran parte de las mismas a las que se intenta subyugar. Esa misma clase media de la que formaba parte, que no juez, de los que proponen a la espera de la disposición de la deidad competente, ahogados en su propia proactividad "mal entendida" por todas las partes.

La mayoría de los caminos que se abrían ante mí en la intención de hacer la atmósfera más respirable habían terminado en el callejón sin salida de la puerta siempre abierta, y el resto por probar no tenían pinta de ser diferentes, con lo que cada vez era más fácil dejarse caer en el desánimo y la desilusión reinantes por doquier.

El tío Tom cabizbajo en el porche de su archiconocida cabaña era la imagen recurrente que venía a mi mente y que aún hoy creo que refleja mejor que cualquier otra metáfora o requiebro literario el sentir de aquellos días.

No has de confiar en la piedra con la que puedas topar, ¡apártala del camino! por los que vienen detrás.

Inevitablemente, cuando lo que sientes, lo que dices y lo haces no van en consonancia, acabas en un callejón sin salida gris y anodino que te va destrozando por dentro y en el que intentas hacer lo que sientes, a pesar de no decirlo, simplemente para poder seguir adelante en un camino que ya sabes que no te llevará a tu éxito. Y cuando no puedes pasar otro día sin decirlo, casi sin querer en un comentario en un café, imperceptiblemente en una reunión de equipo, inadecuadamente en un email de respuesta que nunca envías y borras y reescribes, sale a la luz.

Es inevitable.

Y como las desgracias, dicen, unen, esos días constatas que los enemigos comunes hacen extraños compañeros de penurias; une, eso sí, tal vez con quien menos te esperabas. Y ya sin miedo a decir lo que sientes aunque sea como en un viejo garito clandestino en plena ley seca, se hace mucho más fácil asumir los actos que necesitas para alienar tus chacras y la santísima trinidad: piensa, di, haz coherentemente, o sé infeliz para los restos.

Apoyado totalmente en la invalidez de las buenas palabras, de las buenas acciones y de las buenas intenciones, te autolegitimas para hacer aquello que te va a permitir volver mañana.

Todo clandestino, todo furtivo, todo encubierto. Desde pelear un "venga, vale" que le dé un poco de sentido a lo que haces, hasta pasar por encima de todo lo que se dice en una reunión porque antes muerto que permitir que un usuario vea sus datos accesibles públicamente sin ser plenamente consciente de ello. Sobre todo porque lo clandestino tiene un punto de resistencia francesa contra el invasor, de robinhoodismo contra el opresor, de rebelión en la granja. Que mola.

Y funciona. Durante un tiempo.

Porque nada cambia.

Como limpiar una herida sangrante un día sí y otro también, porque es abierta un día sí y otro también, lo clandestino te alivia un rato, cada vez menor, de un día que cada vez es más largo.

Y no funciona.

Porque nada cambia.

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Así que esta carrera por la supervivencia acaba tratando de sacrificarse por los demás. Por tu familia que cuenta contigo y ese trabajo, por tus compañeros que cuentan contigo como apoyo en la lucha contra sus propios demonios, por tus proveedores a los que no quieres tener que mentir u obviar cuando te preguntar por temas más allá de tus atribuciones porque nadie más les responde, por tus usuarios que son la verdadera gasolina para que todo se mueva.

Hasta que no puedes más. Y de la misma forma que tú has libertado a quienes tuvieron la suerte de encontrar una salida, de repente eres libertado por esos mismos que te quedan por libertad. Y libertador que lo liberte, buen libertador será.

Y te vas. Y yendo se conjuga con mal rollo. Uno que sin saber hasta qué punto alguien alivia con una simple taza.

Y desapareces. Un par de meses. Porque necesitas desintoxicarte. Y constatar que otro mundo es posible y que no estabas loco, ni siquiera de parranda. Y las cosas se tornan nítidas desde la distancia.

Porque todo cambia.

Para ti al menos.

Y sin poder dejar de preocuparte, vives desde lejos los latigazos. Como si sólo tú hubieras escapado en Sleepers (http://es.wikipedia.org/wiki/Sleepers) y supieras lo que viven tus excompañeros de celda.

Y vuelves a intentar ayudar. Más asentado. Más fuerte. Desde la lejanía. Esa que lo hace todo más pequeño.



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Y de repente alguien acaba saliendo. Con dos cojones y un juicio. Tras una baja por estrés que parece cuatro. Liberado al fin, tras tanto tiempo de estrecha colaboración. Pocas veces me he alegrado tanto de que alguien acabe en el paro.

Recientemente he tenido la oportunidad de colaborar con otra de esas personas. Un side-project que ha vendido 20 unidades en más o menos un mes. Nunca lo habríamos sospechado.

Y es puesto en el punto de mira. Tras meses en una situación similar a la que viví. Y acaba viendo la verdadera cara de su enemigo en casa. Y entonces creo que comienza a comprender lo que significó aquella taza en aquel momento. Y le devuelvo el detalle. Y me aporta ideas de mejora del producto. Y le haremos caso.

Y aún quedan.

Y seguiremos ayudando. En lo que necesiten. Porque hasta que todos y cada uno de ellos sea libertado, no será posible dejar atrás tanto tiempo de camaradería forjada a golpe de galera.

Ahora sólo queda liberar a dos más para terminar con todo y dejarlo atrás al fin.

Y encima les habremos hecho un favor, como un puente de plata a enemigo que huye... si es gratis.

Vecinos (III)

Sé que en una puerta está el que vino a la reunión que se iba a mudar en breve, en la otra, el potencial sospechoso. Y no sé cómo va a reaccionar. Irá a buenas? Irá a malas? El no saber es genial en este tipo de situaciones, como lamentablemente me ha tocado vivir otras veces. La calma y la cautela se revelan como las mejores consejeras, habitualmente.

Llamo primero a donde creo que no es, así me sirve de entrenamiento para el discurso que he ido barruntando mientras bajaba en el ascensor. Esta vez la luz de los botones no bajó del 1, que sigue recordándome, como los días anteriores, lo que pasa. Visualiza el partido, ves ese triple enchufado, el pase perfecto en el momento oportuno, la respuesta correcta en fondo y forma ante cualquiera de las posibilidades que te encuentres...

¡BRRRRRRRRRRRRRRR! - brama el timbre. No espero que haya nadie, no habrán venido aún.

- Hola.- me saluda un próximo neonato desde dentro de su madre. La inocencia se refleja en su cara (de la madre). Sólo tres segundos después (o así de pocos me parecen, se van aclarando variables...) todo acaba con el titular de la noticia: 'No, si estábamos esperando el cambio a ver; ya me dijo Antton que hablásteis de esto en la reunión'...

... si el otro lado es similar, genial - me miento. Allá vamos.


¡BRRRRRRRRRRRRRRR!

...
...

Se oyen ruidos de pasos, menaje, movimento, dentro. Esta vez los 3 segundos se hacen eternos... Nadie abre; sé que sabes que sé que te he oido, en serio tengo que volver a llamar? o esperas que me pire?

Venga va. ¡BRRRRRRRRRRRRRRR! Esta vez la puerta se abre, rauda y veloz, como si alguien se hubiera teletransportado e inmediatamente hubiera abierto... eso o estaba mirando por la mirilla, no tengo claro aún cual de las dos pudo ser. Debe de ser el hijo mayor de la familia, no tengo el gusto.

- Buenas, que soy...

- Pues, no, no hemos hecho nada, no sabemos nada - con la clásica cara de "te estoy mintiendo, y lo sabes"...

- Ok, pues habrán sido los duendes, ya si eso entonces coméntale a tu padre, y voy poniendo las de repuesto y eso. Gracias.

El portazo frío y seco (no tanto sonoro) zanja el tema. Ea pues, a ver cómo justifico yo ahora que los gremlins se han llevado dos bombillas... Bueno, sin más, pues tiro para casa, pillo las llaves de todo, bajo al cuarto de las luces donde están las bombillas de repuesto. Mierda, los blisters de las bombillas necesitan tijeras... Subo, abro, bajo, 1º, silla, me subo, queman, para otro día.

- Y QUÉ HOSTIAS QUERIA ESE GILIPOLLAS?!
- PERO QUE HA VENIDO AQUÍ?! Y QUÉ COJONES TIENE QUE VENIR ESE AQUÍ A DECIR NADA?!
- VOY A VER QUÉ QUIERE!!

- Ay, esto, hola, a por ti subía - me dice desde ahí abajo (aún estoy subido en la escalera).

Vaya, vaya, vaya. Sí que nos cambia el tono al salir por la puerta. Y sabes que te he oído. Sí, te oí, alto y claro.

La conversación es bastante irrelevante, por lo falsa y falaz; esa tensa calma, donde nadie quiere dar motivos para la confrontación, mientras la batalla dialéctica va soterrada en cada palabra que se dice, cual esteganografía. Básicamente, todo queda en un "pero hombre!, cómo no me has dicho nada?, que las cosas se hablan y esto no es definitivo, estamos haciendo pruebas; si te parece poca luz, te miro unas de 4w que dan hasta 200 lumens y ya, que no me cuesta nada, se pueden devolver".

Lo mejor de tratar con gente en situación de inferioridad como si estuviera a tu altura, es que sabes que está en una situación cuanto menos incómoda. Esta vez el factor sorpresa, la inmediatez de la batalla, el no visualizar el partido antes de empezar, corrió mucho en su contra. Como torear un Miura que sale bravo desde los toriles.

Y ahora, una vez que no sabes ni cómo ha pasado lo que ha pasado, te vas para casa, que hoy ya hemos aprendido algo ambos y sigues hablando allí donde está claro que sabes hacerlo y el resto te escucha con admiración, señor de tu hogar, winter has come y no te has enterado.


Ah! Y que sepas que voy a seguir aparcando como necesitas que lo haga. Paso de guerras. Que esto me pasa por "proactivo", o gilipollas, valga la redundancia.