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Things that make the world better

There are things that don't usually happen and make this usually awful world a much better place to live in.

Once upon a time, there was a man. This lucky man was such a lucky man that he could tell that he was loved by the woman he loved. This beautiful story ended up in marriage, wich was not a usual wedding, where the guests were told to disguise themselves with red round noses and quite freaky glasses.

After that wedding, a "honeymoon". A couple of flights around eastern Europe to finish off at a paradise on Earth.

Mauritius Island, home of the extinguished bird the Dodo and a sacred lake for "hindus".

Being so far away from home, at a hotel where they were treated as rich people by everybody, and they were not very used to it, it made them buy all the excursions around the island in the hotel.

A couple of minutes after having done it, they started to regret it.

At the beach, trying to get rid of all those spaniards who were happy to be treated as the VIPs they knew they were not, the man in our story was sitting looking at the sunset.

A mauritian guy started to talk to him, he was especially happy to speak with a real mauritian and not a waiter who would give him anything he wanted or believed anything he said.

They talked about how life was on that fantastic island, the problems mauritians had to face to make their bussiness grow (the native guy had a brother), and how the honeymoooner believed that his honeymoon would be his only chance to be in such a wonderful place. Maybe that's why he and his recent wife didn't want to waste any of their time on this island as they wanted to get to know the real Mauritius.

Maybe, that's why they enjoyed the time at the market in Port Louis, where buying anything takes up to half an hour and there is no chance of paying the first price given. Okay, you may get the same price in a shop, but you don't get in touch with the real people, only with well trained salesmen and women.

Maybe, that's why that waiter they asked about Pamplemousses the day before going to it, saw that this couple was not like the others.

That waiter, called Nitin, talked to them about the real island behind the scenes of the american hotel, and about the different meals around the tables at the restaurants.

Also, he gave them some steam-cooked vegetables that the wife had been looking for, for the last few days.

After a couple of days, they asked him where he would be working just to have the chance to talk with him for a while. They told him about their day and the plans for the next one, and he suggested places to visit and warned them about people to be careful with.

This friendship arose naturally, but honeymoons run out of days very fast, and the last day, they tried to say goodbye.

For some minutes before taking the bus to the airport, the couple and their new friend could share the last words, emails, postal address, and promises of trying to keep in contact if possible.

Back in Spain, the couple realised that it would be difficult to ensure a letter sent so far away could get to its destination, but those days and Nitin stayed in their minds forever. Especially when talking about the honeymoon with friends, when looking at the photographs they took, and when crossing eyes with the toy he bought them as a present.

Now, three years and many kilemeters after that honeymoon, Nitin sent an email to my email address I gave him. Not directly from his email, but a friend's one, I suppose, who we appreciate for giving him the chance to make contact.

Now, I have found her on facebook and I have sent a message to whom I think is Nitin.

Now, Nitin is traveling to Barcelone, to start his new job on a boat, which will take him on a cruise to the Bahamas for eight months.

Now, I feel this world is a better place to live in, just because of the emotions we are feeling knowing about him, and the oportunity to keep in touch with him again, and maybe talk about life here in Spain.

Of course, we will share all of our knowledge about this our side of the world with him, just like he once did for us.

Welcome back to our lives, Nitin. I hope we can meet again soon, maybe, in Saragossa :-)

Cosas que hacen del mundo un lugar mejor

Hay cosas que no pasan a menudo y que hace de este cutre mundo un mejor lugar para vivir.

Érase una vez, había un hombre. Este afortunado hombre era tan afortunado que podía decir que era amado por la mujer a la que amaba. Esta bonita historia terminó en boda, una boda no demasiado usual, en la que los invitados fueron invitados a disfrazarse a sí mismos con rojas narices redondas y gafas de Bartolo.

Después de la boda, la luna de miel. Un par de vuelos alredor del este de Europa y para finalizar, el paraíso en la tierra.

Las Islas Mauricio, cuna del extinguido pájaro Dodo y un lago sagrado para los indúes.

Estando tan lejos de casa, en un hotel donde eran tratados como ricachones por todo el mundo, y no estando acostumbrados a ello, les llevó a contratar todo tipo de excursiones en el hotel. Un par de minutos después, ya se estaban arrepintiendo.

En la playa, tratando de liberarse de esa tropa de españoles encantados de ser tratados como unos VIPs que sabían que no eran, el hombre de nuestra historia se sentó a mirar la puesta de sol.

Un tipo mauriciano empezó a hablar con él, lo cual le hizo especialmente feliz de hablar con un mauriciano real y no camareros que le darían la razón ante cualquier cosa que pudiera decir.

Hablaron de la vida en aquella fantástica isla, de los problemas que tuvieron (el chaval resultó tener un hermano que se unió a la conversación) que superar para llevar adelante su negocio de paseos en lancha, y de cómo el hombre pensaba que esa luna de miel sería su única oportunidad de estar en un sitio como aquella maravillosa isla. Tal vez por eso él y su reciente mujer querían exprimir el tiempo al máximo en la isla y acercarse al Mauricio más real.

Tal vez por eso disfrutaron tanto del rastro de Port Luis, donde comprar cualquier cosa te lleva media hora y no hay opción de pagar el primer precio dado. Vale, puede que consigas el mismo precio en las tiendas (probablemente pagues algo menos), pero no te encuentras con la gente de verdad, sólo con vendedores bien entrenados.

Tal vez por eso aquel camarero que les habló les habló de Pamplemousses la víspera de su visita vio que aquella pareja buscaba cosas diferente al resto.

Aquel camarero, llamado Nitin, les habló mucho acerca de la vida diaria en la isla (donde el agua que pagan a 3 euros la botella se podía comprar por 17 céntimos en las tiendas) detrás de la trastienda del hotel americano en el que estaban, y también aceca de las diferentes comidas que adornaban las mesas en los restaurantes del hotel.

Además, el chico se las arregló para traernos algo de verduras cocidas, que la mujer llevaba buscando durante los días previos.

Tras un par de días, le preguntaban en cual de los comedores estaría trabajando sólo para poder tener la oportunidad de tener un par de minutos de charla. Le hablaban de su día y de los planes para el siguiente, y él les sugería lugares que visitar o gente a la que evitar.

La amistad surgió de manera natural, pero las lunes de miel se quedan sin días demasiado rápido y, el último día, intentaron despedirse. Pudieron, durante los minutos de espera al autobús que los llevaría al aeropuerto, compartir las últimas palabras, direcciones de correo (electrónico y real) y promersas de intentar mantener el contacto en el futuro si fuera posible.

De vuelta a la cruda realidad, encontraron que era bastante complicado asegurarse de que una carta enviada a tan lejano lugar llegase en condiciones, pero aquellos días con Nitin quedaron en sus recuerdos para siempre. Especialmente, cuando contaban su luna de miel a sus amigos, al mirar las fotos que tomaron, y al cruzarse la mirada con la muñeca que les compró como regalo.



Ahora, tres años y muchos kilómetros después de aquella luna de miel, Nitin me envió un correo a la dirección que le di. No directamente desde su email, sino a través de, supongo, una amiga a la que le agradecemos la posibilidad de habernos contactado.

Ahora, he encontrado a esa amiga en Facebook y le he enviado un mensaje para quien creo que es Nitin en esta red social.

Ahora, Nitin está en Barcelona, a donde ha viajado para su nuevo trabajo, en un crucero que le llevará durante 8 meses a las Bahamas.

Ahora, siento que este mundo es un mejor sitio en el que vivir, sólo por la emoción que hemos sentido de saber de él y de que quisiera contactar con nosotros. De la oportunidad de, tal vez, hablar de nuevo acerca de la vida, esta vez, de España.

Por supuesto, compartiremos nuestros conocimientos de este lado del mundo, tal cual él hizo por nosotros.

Bienvenido de nuevo a nuestras vidas, Nitin. Espero que podamos encontrarnos pronto, tal vez, en Zaragoza? :-)

El Viaje IV

Tras la estancia en Praga, y con la decepción de comprobar que sus buenas gentes se convierten en asquerosas rubias con un tono la mar de pasivo y un actitud de perdonarte la vida,
putoguiriquevienesaestepaísatocarnos
-losgüitosalospobresfuncionarios

de las taquillas donde cambiar un billete de tren a uno más de mañana, llegamos a Viena acompañados de una simpática pareja de Sevilla de quienes nunca más supimos.
A eso de las 15:30 y con el hambre propio de quien se levanta y desayuna prontito cara a un viaje, salimos del hotel prestos a localizar un garito donde saciarlo.

Si alguien nos pregunta alguna vez lo negaremos con ahínco, pero en una Viena imperial donde se habla alemán, entramos en un McDonald’s con las esperanza de que, por aquello de lo internacional del lugar, alguien pudiera atendernos en inglés... sin ponernos la mala cara de la rubia de la estación de tren de Praga.

En la cola vivimos momentos tensos, sobre todo ese el que los dos que van delante se quitan de los mostradores a la vez. Es decir, había una única cola y la gente iba a la derecha o a la izquierda sólo por razones aleatorias, pero cuando nos tocó, tuvimos que elegir, porque teníamos ambas opciones disponibles: rubia joven a la izquierda, moreno madurito a la derecha...

Con el pensamiento aún en la rubia de la mañana y con cierto toque masoquista, nos inclinamos por la joven, esperando que su juventud la hubiera animado, en su modernidad, a aprender inglés (de aprender español, ni lo pensamos, pero quizá debimos hacerlo...).

Por suerte, supongo que Viena es una ciudad mucho más cosmopolita, y mucho más occidental, no sé si me explico, en Viena se está mucho más acostumbrado al extranjero, imagino, pero la rubia, en un perfecto inglés con acento alemán, nos sirvió un par de KrustyBurgers con queso y un par de Cokes. Ah! Y una de papas...
Lo mejor, fue que el garito estaba empapelado con cuadros de un Mucha que se ha quedado en nuestras vidas para siempre. Tal vez fue la excusa para no pensar que estábamos en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme... más.

En fin, tras la comida, echamos un paseo sin saber a dónde íbamos, pero encontramos un puesto de periódicos donde compramos una de esas tarjetas para llamar por teléfono, y no veas lo bien que salen, porque por 10 euros hasta llegamos a hablar con amigos para gastar el tiempo que quedase... y no lo conseguimos. Pero en fin, incluso en esta tienda nos atendieron en inglés, y con una sonrisa por delante.

Tras esto, y moviéndonos por calles que no puedo pronunciar, llegamos a lo que pareció un mercado listo para ser visitado. Un mercado a la antigua, con puestos de pescado fresco y frutas exóticas, de especias turcas y delicias chinas. El mundo en un mercado vienés, rodeado de multitud de bares y restaurantes de todo tipo y calaña, una gran manera de adentrarnos en la vidilla popular del lugar. La pena fue que las pilas de la cámara se terminaron y no hubo más mercado los siguientes días que estuvimos por allí, de modo que mantendremos el recuerdo en nuestra memoria, que seguro que es donde mejor va a quedar.

La tarde se pasó muy pronto, y al final, cansados por el viaje y la caminata, terminamos cenando en el hotel, donde la variedad no era demasiado interesante, ni los precios demasiado competitivos, pero bueno, fue la opción más fácil para un día como de intermedio entre ambas ciudades...

... admito desde ya que algún otro día repetimos experiencia, porque, una vez más, esto de tener el hotel cerca del centro es una putada porque crees poder llegar a todo andando... si al menos nos hubiésemos lanzado al sistema de alquiler de bicis de la ciudad (coges una bici por un euro aquí, y la dejas en otro parking al otro lado de la ciudad, y lo mismo para volver)...

El Viaje III

En vista de que el post anterior tuvo como hilo conductor la nueva cámara y las aventuras que llevaron a su adquisición y posterior disfrute, pasé por alto una excursión que hicimos a Karlovy Vary.

Decir que es una ciudad que vive de los balnearios de aguas termales que salen de las profundidades de la tierra y salen, en algunos lugares, hasta como géiseres... y, claro, del turismo que ello atrae.

Hay una porrada de hoteles, tiendas, termas, etc donde poder pasar unas cuantas semanas de tratamiento de desintoxicación. Para el que pueda pagarlo, claro, que ya sabemos cómo van los derechos en el capitalismo. Y no es baladí esta reseña al presente de una ciudad que, como el resto del país, vivió previamente una época comunista... siendo previamente no comunista... y antes que eso... buf, bueno, ya vale...

Se nota en toda la arquitectura de la ciudad que los viejos años 20 del siglo pasado hicieron mucha mella y que se han mantenido en un estado excepcional. Balaustradas, fuentes, edificios, todo tiene muchísimo sabor a aristocracia europea de los veinte purgando sus excesos entre baños en las termas y vasos de agua caliente. Sabor que queda modulado por la austeridad de los edificios nuevos venidos en tiempos comunistas, como por ejemplo, en el que se celebra el festival de cine.

Hay un par de edificios así, porque ya digo que los edificios originales siguen en perfecto estado.

La visita fue amena por el simple hecho de ir con guía de habla hispana, de modo que no hizo falta hacer los deberes antes de ir y pudimos disfrutar de las reflexiones de una mujer de cierta edad que nos enseñó lo amargo de sus recuerdos de la era comunista del país.

Entre las cosas que nos comentó, fue la casa de Pedro I (el Grande, el de Rusia), donde dice la leyenda que trabajó como un operario más en su construcción durante todo un día. Y, claro, nos mostró las tiendas donde es mejor comprar; porque es donde me dan comisión debió olvidar.

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La casa es la roja de madera que parece terciopelo


En este sentido la visita del guiri siempre es bienvenida, como en todas partes, de modo que hicimos las compras más básicas:

- Obleas de sabores.
- Jarras para cada uno, típico recuerdo del paso por las diversas fuentes disponibles en la ciudad, cada una a su temperatura y características diferentes.
- Productos de salud obtenidos del agua milagrosa... desde crema para pies hasta árnica.
- Un granate, para celebrar el cumpleaños de Nohe.

Un granate es la piedra típica del lugar, una joya que se engarza en todo lo que el cliente quiera, pero que nos dijeron que lo suyo era ponerlo en plata. Menos mal, si se llega a poner sobre un lecho de diamantes lo llevábamos putas, pero bueno. La compra, con su collar para completar el colgante, creo que merece la pena, por el simbolismo de la misma.

Comimos en un restaurante con mucho aire de local antiguo de altos techos y amplias estancias. La comida, un poco de lo mismo que se ve en todo el país, bien, sin más.

Lo jodido es que Karlovy Vary está a unos 130km de Praga, de modo que te chupas tus buenas horas de autobús (las carreteras, tampoco son extraordinarias). Aunque creo que merece la pena pasarse un día, no más, si se va a la capital para varios días.

No quiero olvidarme de decir que la comunidad rusa es mayoritaria en la ciudad, cosa que se nota, por ejemplo, con la tremenda iglesia ortodoxa existente. Dicen que la restauran cada cinco años para tenerla impoluta.

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Chula por fuera, interesante por dentro


Ah! y el otro día no olvidé recordar preguntar cómo se llamaba el videojuego del primer capítulo de los posts dedicados a la boda... es el NBA on NBC.

El Viaje II

Segundo día en Praga, menuda pateada...

La suerte de estar en el centro de Praga es que puedes dejarte caer por las pendientes como si fueras agua y vas a acabar, casi irremediablemente, en el río Moldava, y de éste, prácticamente sin querer, se da uno de bruces con el puente de Carlos.

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Foto mangada por ahí, como que yo saco fotos así de noche...


Nosotros, desde el hotel, nos dejamos llevar por la pendiente abajo hasta llegar a la estatua de San Venceslao, y de ahí, pasando por las torres, llegamos al puente de Carlos, auténtico monumento a la ingeniería porque, más allá de lo chulo que puede llegar a ser para el visitante, me maravilla que algo de aquellos tiempos siga aún aguantando semejante trajín de gente yendo y viniendo todo el santo día. Porque en el puente hay gente todo el día, y prácticamente lleno en ambos sentidos.

Y del puente, al barrio judío.

Nos quedamos por toda esa zona sin llegar a pasar al otro lado del río, que se quedó para el día siguiente. Y con eso, la reventada fue brutal. Desde primera hora de la mañana hasta las últimas de la noche, dando vueltas, y cuando crees que ya no puedes más, otra pateadita para el hotel... así somos, que quemamos los pies cada día. Bueno, y la tarjeta de 256Mb de la cámara... llena de fotos y algún que otro vídeo todos y cada uno de los días.

Al tercero, reventados ya por todo lo acontecido y con sueño empezando a acumularse por los rincones, íbamos por la calle de siempre, rodeados de sex-shops y casinos, cuando vimos un letrero de una tienda que nos hizo gracia (la gracia es un tema familiar, poco comprensible para el resto del mundo). Con la sana intención de reírnos de un miembro poco afortunado de la familia, traté de sacar la cámara de la funda y...

... el tiempo empieza a ir más despacio cuando la cámara me baila entre las manos, y se acelera increíblemente cuando se me sale de las mismas... y la cámara cae al suelo. Comprobado empíricamente, el tiempo se ve influido por la gravedad... de lo que pueda llegar a pasar...

La cámara se enciende, la pantalla va ok, saco una foto. Plena luz de la mañana y sale el flash... malo... efectivamente, la foto sale con muchísima luz. La cámara cree que hay poca luz de modo que hasta llega a tirar el flash, pero en realidad hay luz... de modo que el cielo sale rosa... jooooodeeeeeer...

Seguimos andando, grabar graba bien, debe ser cosa del apartado de fotos... cagontó...

- Pues habrá que comprar otra, no nos vamos a quedar sin fotos el resto del viaje.- dijo claramente ella.
- A ver donde podemos encontrar una barata.- dijo él.

Y como tocados por la diosa Fortuna, una resplandeciente y preciosa tienda oficial de Sony aparece en la esquina de enfrente... Entramos. Y salimos.

- Joder, qué precios... esto está a precio oficial europeo... aquí no compran los checos ni de coña.
- Pues algo habrá que comprar.
- Sigamos buscando.

Dejándonos llevar por la desesperación apremiante, bajando junto al río, pegandito al Teatro Nacional, algo que nos recuerda al Corte Anglés nos llama con sus cantos de sirena... Parece un gran almacén, pero al entrar, todo está lleno de checos comprando comida...

- Va a ser que no... ESPERA! Allí!

Hay un puesto de tarjetas de memoria, pilas recargables y... cámaras! Tenemos suerte, vemos algunas a precio bastante mejor, pero no del todo convencidos, vemos que allí mismo está el ascensor con un cartel que marca con una X enorme el último piso: CD/DVD/PHOTO/VIDEO/COMPUTER. Al ataque.

Encontramos unas cuantas cámaras en un mostrador y un dependiente que habla "very little english". Finalmente, logramos hacerle entender que nuestra cámara se ha roto (KAPUTT vale en todos los lugares...). Saco la tarjeta y las pilas y le señalo cuál de las cámaras disponibles vale para reutilizarlo todo. Lamentablemente, una Fujitsu no vale, de modo que tiramos por la marca pórrez del lugar, Technika.

- The manual is not in english, but the menu it is.
- Ok.

Sí, es la pega de comprar en Praga, que los manuales vienen en checo, eslovaco, búlgaro y ruso... aunque el menú de la cámara sí que estaba en inglés... y hasta en castellano! TOMA!

La pagamos con la VISA, la probamos en el rellano del ascensor, sentados en las escaleras, y todo correcto, con las pilas, la tarjeta, y hasta la funda.

Así tenemos en casa hoy una cámara checa que saca mejores fotos y vídeos que la vieja, y tiene hasta el Tetris!, sólo por 2999 coronas... algo menos de 100 euros... y anda que no cundió al siguiente día...

El Viaje I

Decir, antes que nada, que tal vez me faltaba por completar algo como que desfasé hasta el éxtasis con Think, de Aretha Franklin... pero bueno, no he tenido tiempo para hacer los posts más cortos...

El viaje comenzó el propio domingo, cuando salimos hacia Madrid cargados de maletas e ilusiones, con trasbordo en Vitoria para ir en un transporte más adecuado y con conductor.

Pasamos la noche en la capital del imperio y no demasiado temprano por la mañana nos encaminamos a la T4 para salir hacia Praga. El avión, de la Czech Airlines, era pequeño, de configuración de 3x3 (3 sitios, pasillo y tres sitios), y nos tocó muy delante y en ventanilla. Yo me lo pasé como un enano, como en una atracción de feria, mientras Nohe sufría el vértigo del bamboleo propio del despegue. Aunque la cosa se fue calmando gracias a un tipo que completaba el sitio de 3, que era un ejecutivo de Ericsson que iba a Praga a una reunión y que, habiendo vivido hasta en Suecia y con una hija con un novio italiano que vive en París, llevaba como unos 200 vuelos a sus espaldas.

La verdad es que nos tranquilizó mucho y nos fue contando muchas cosas sobre los vuelos, que si esto es normal, que si vibra por las nubes, que si en Iberia no dan ni las gracias, que igual en este vuelo algo sí, etc.

Tras la comida (de avión, claro...), que degustamos con curiosidad, el tipo se puso con su portátil a ver una peli.
- Siempre llevo un par de pelis para estos ratos, mira, total, hora y media me aguanta la batería.

Confirmar que podría utilizar mi portátil en vuelo fue muy interesante para mis propósitos futuros...

La llegada a Praga fue totalmente inesperada, más que nada porque mientras bajábamos, vibrando como una batidora a causa de las nubes, todo estaba nublado hasta unos 50 metros por encima del suelo y cuando quise darme cuenta, salimos de la nubarrada y estábamos aterrizando.

La llegada fue un poco tortuosa, porque nos llevaron a unos cuantos en un microbus y nos repartieron en diversos hoteles. El nuestro, el Prague Centre Plaza, de *** sin pretensiones de aspirar a más, no estaba mal, lo bastante céntrico como para que no mereciera la pena ir a los sitios en transporte público y sí andando... aunque esto hicera que las pateadas fueran realmente kilométricas a lo largo de los días...

La primera noche, nos fuimos a buscar un garito para cenar, y encontramos una especie de tasca muy cool para ser Praga, donde cenamos algo que no supimos realmente diferenciar si no fuera porque la carta estaba traducida al inglés; de sabor, a salsas muy fuertes, como es habitual, que da lo mismo carne que pescao...

También pudimos constatar que el capitalismo ha entrado en Praga como un elefante en una cacharrería, porque uno de sus máximos exponentes allí son la proliferación por doquier de sex-shops, licorerías y casinos abiertos 24x7.

En días sucesivos pudimos constatar otros aspectos de la entrada del sistema occidental en un país ex-comunista y secesionado...

El Bodorrio IV

La silla. Una silla vale que alguien se ponga encima, en cualquier combinación de cantidad y calidad de personas, posturas y poses.

Pues bien, esa silla acabó en el hueco donde habíamos bailado, de cara al público congregado y entregado a todo lo que llevábamos preparando. En esa silla, alguien tenía que sentarse, claro, de modo que, una vez hube quitado una liga de la pierna serpenteante de mi recién estrenada mujer, ésta fue a buscar a la afortunada soltera que iba a ser víctima de las circunstancias... entre las cuales, estaba, una versión de You can leave your hat on... de la banda sonora de Nueve Semanas y Media, que seguro que así les suena más a muchos.

Le tocó a una de sus amigas, salió acompañada de la música y del griterío general, que ya había comprendido que todo esto era para regalar la liga de la novia. Cuando la pierna receptora bailaba sobre la silla (sólo la pierna, no toda ella...), y yo iba a poner la liga en su nueva casa, una mano cortó la trayectoria de las mías.

Resulta que no, que esa liga no iba a ser para esa persona... (así estaba planeado, y ensayado, como que fuéramos a saber qué iba a pasar en nuestra propia boda, no te jode...). Era para otra, a la que fue a buscar ante la sorpresa generalizada y los nervios de las solteras que se creían salvadas de todo ridículo público...

Otra amiga fue la elegida, llegó al centro del protagonismo del momento y recibió la liga y dos besos... ¿y la primera amiga? Pues nada, se le saca la otra liga, la de la otra pierna, y se le pone, junto con otros dos besos y el jolgorio del personal.

Y entonces sí, tras esta otra performance empezó el baile, a eso de las 18:30, con hora límite las 21:00.

Como en aquella canción de Ismael Serrano, vasos, vinos (cubatas, más bien...) y risas, no sé si vomitonas, públicas no al menos, el baile fue estupendo, con gente disfrutando de una agradable elección de música con clásicos de ayer, de hoy y de siempre... algún que otro momento teniente y sobre todo, mucho movimiento. Hablé con unos, con otros, bailé con unas, otras, algún que otro uno también, todo hay que decirlo, y creo que no vi a mi mujer más en un par de flashazos... Realmente, creo que no tengo demasiados recuerdos de haber estado con ella durante el baile...

También, en ese momento, llegaron los de las fotos, que había ido a revelar las fotos de los invitados, y montaron un chiringuito para que cada quien escogiera las fotos que quisiera que le llegasen a casa... a 5 mortadelos cada una.

Hubo tiempo para un par de momentos de esos que los chicos siempre negaremos que ocurrieron y que quedan para el recuerdo particular del novio, se siente...

En cierta ocasión, cuando el diyéi tuvo a bien soltarlo, ocurrió una nueva sorpresa. Supongo que ver que todavía queda un buen trozo de post os lleva a pensar que esta vez no se trata de otro pingüino, así que tranquilos, jejejeje.

El diyéi, decía, hizo caso a nuestras indicaciones de los días previos, y antes de soltar por los altavoces uno de los clásicos de toda boda, hizo una dedicatoria al MVG de la boda, sí, el del altavoz de antes, como referencia a una historia en común de una juerga en la que le enseñó el baile de la canción a Nohemí... sí, hombre/mujer, seguro que te la sabes, uai! em! si! ei! lalilolilolo uai! em! si! eeei!

Qué risas, leche...

Las nueve llegaron mucho antes de lo esperado, y el autobús fue engullendo a casi todos, otros, fueron arrastrados por sus propios vehículos camino de sus casas... nosotros, nos quedamos a ver cuánto nos salía la broma, y a ver cómo la pagábamos... y en qué condiciones.

Fue curioso constatar, en carnes propias, cómo LA PUTA $GA€ se llevó mi pasta, por ser menos del primer límite, ciento y pico euros a los bolsillos de Freddy Flautista, Perro Calé, Ramontxín y cía. ¿Curioso pero inútil?, joder, inútil no sé, pero curioso, poco, menuda leche, no jodas...

Quisimos pagar con la tarjeta de débito, que el día anterior, al sacar la VISA para el viaje, nos dijeron que no tenía límite... Claro que no tiene límite, si es de débito (gilipollas, le faltó decir, pero lo pensó, fijo)...
Pues no sé qué pasó, pero la tarjeta no pasaba, ea, toma, lista, que eres una lista, y no veas cómo me joden a mi las listas... sobre todo cuando no tienen razón...

Lo arreglamos como pudimos y bueno, pues sin más, pero esto podíamos haberlo visto como el primero de los escollos y aventuras que nos esperaban en el viaje...

... pero eso... el lunes...

Ah! y una de las camareras se acercó a nosotros a preguntarnos por los fotógrafos, porque se casa en breve (le hubiéramos dado algo tb, si lo llegamos a saber) y le gustó el detalle de que la gente coja las fotos que quiera y les lleguen a casa.

El Bodorrio III

Ayer nos quedamos justo a punto de dar LA sorpresa de la boda... al entrar al comedor...

Con Gnarls Barkley tronando con su Crazy, toda una declaración de intenciones, levantamos el paraguas que nos tapaba de frente para aparecer con una sonrisa de oreja a oreja y...

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... con una nariz roja de payaso!


Fue todo un puntazo, y que hizo que la gente despertara del posible apalanque de haber estado esperando algo más de una hora mientras estábamos con las fotos... Dimos una vuelta por entre las mesas, saludando a todos y posando para lo que seguramente serán las fotos más chulas de todo el día.

Una vez llegado a la mesa presidencial, donde en realidad no pasamos tanto tiempo, el altavoz que el MVG (most valuable guest...) de la boda se encargó de no olvidarse. Sí, uno de esos que todos llevan ahora en fiestas y que creo que han prohibido o no sé... creo que al menos allí no hubo problemas con el mismo...

Con el cacharro pude salir por encima de las voces y, desde allí arriba, con voz suave y aterciopelada, solté el speech preparado para la ocasión:

- A veeeeeeeeeeeeeeeeeeeer, se me oye? Bueno, ya veis que esto no es una boda normal, desde la improvisación en la iglesia hasta estas narices, porque queremos que sea una celebración, una fiesta, y por eso, ya habréis visto que hay unas bolsas en cada mesa que no podíais abrir. Pues bien, dentro de ellas tenéis varias cosas con las que amenizar la comida y hacer de esto una fiesta para recordar.

Bueno, o algo así... la cosa es que habíamos preparado unas bolsas con narices rojas como las que llevamos nosotros, gafas de Bartolo, gafas con ojos pintados, matasuegras, collares hawaianos, etc... todo un elenco de pijadas bilbainas al servicio de la comunidad.

Hubo un par de líos con las abuelas, que si van aquí, que si van allí, pero bueno, bien, sobre todo porque, visto que la comida iba un poco lenta y estábamos bastante inquietos, empezamos a levantarnos de la mesa y a pasar por el resto de ellas para visitar a la gente y revisar in situ que todo iba bien, que si que tal la comida, que si que tal el vino, que si a ver si se habían puesto las gafas, etc. Fue genial, sobre todo porque todo iba saliendo genial, todo estaba bien... aunque es lo que se siempre se dice en las bodas, supongo, no sé, nunca hay nada malo en las bodas, joder, sólo faltaba...

Al terminar la comida, otra canción nos acompañó en el corte de tarta... una tarta que no es la que se sirve, claro... pero que da el pego... Seguido, pasamos a repartir el ramo de la novia... a nuestra cuñada, reciente cuñada, que no tuvo la oportunidad de recibir uno antes de su boda. Sí, qué pasa, el ramo se lo damos a quien nos sale de... las flores...
Los muñecos se los dimos a una de las muy pocas parejas solteras que había en el lugar... y es que él comparte profesión conmigo, y ella estaba más nerviosa que Marco en El diario de Pancracia...

Par de fotos con cada uno y pasamos al baile... el primer baile de casados, lo que normalmente es un bals, que en este caso, no lo fue... por supuesto...

Esa primera canción, nuestra canción, fue I finally found someone... de la banda sonora de El amor tiene dos caras... y es que, en una época, tuve mis problemas con los números primos, y ella siempre supo que pese a todo, te sientes de puta madre... y qué coño, que la letra pega con el momento nada más y nada menos que perfectamente...

Fue un momento alucinante, en el que los pocos ensayos en el salón de casa dieron todos sus frutos y quedó algo realmente precioso... alguien, de hecho, me confesó que estuvo a punto de soltar alguna lágrima... y que lo negaría ante un tribunal si fuera necesario... La verdad es que fue genial, simplemente, como tuvo que ser.


Este vídeo recoge la esencia de la peli...


Hasta que tuvo que venir el padrino a romper el baile, hombre, leche, pronto empezamos a marcar territorio, jejejeje

Eso parecía que nos iba a llevar al baile propiamente dicho, pero en esta boda, nada fue lo que parecía que tenía que ser, de modo que, en realidad, y llegando al final del post... efectivamente, la novia, ya mi mujer, se encaminó, al son de una nueva canción, decidida a por una silla...

... pero eso, mañana...

El Bodorrio II

Dejábamos ayer la boda a punto de salir de la iglesia y con varios kilos de arroz acechando tras la puerta...

Realmente, aquéllo parecía una banda de chinos a la hora de comer. Y no sólo por el arroz, que no era tres delicias ni nada, sino por la cantidad de tubos de esos que al girarlos por la base echan una traca de serpentinas, papelitos de colores y demás fanfarrias. Vamos que aquello parecía una nochevieja en Pekín, pero de día...

Pero, como he dejado entrever en el post anterior, esta boda iba a ser atípica y la salida de la iglesia era un caramelo demasiado goloso como para dejarlo pasar sin más. De modo que, a la salida, justo cuando los primeros puñados enfilaban la bajada en su parabólica trayectoria, y los papelines de colores embadurnaban el cielo sobre nuestras cabezas, Nohemí abrió el paraguas chino comprado en los chinos y que esta vez paró de todo menos agua.

La estampa, original y muy chula desde fuera por alguna de las fotos que hemos podido ver días después, duró mientras duró la lluvia de objetos, aunque su eficiencia decayó mucho cuando la lluvia pasó a ser horizontal...

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¿Véis el paraguas?... nada que ver...


Tras el baño de papeles y arroz, llegó el baño de multitudes, con todo el mundo acercándose a saludar, dar la enhorabuena, celebrarlo desde ese mismo momento. Hasta me encontré con algunas personas que no esperaba ver (gracias por acercaros) y que saludé de la mejor manera que la vorágine de caras que teníamos frente a nosotros me permitió hacerlo.

Después, las fotos. Teníamos claro que queríamos tener una foto de toda la gente de la boda, al estilo de las viejas fotos de la abuela en la que la familia directa llenaba una instantánea para el recuerdo, o de un equipo de fútbol... americano, con unas 75 personas sonrientes que esperamos volver a ver cuando podamos reírnos con comentarios del tipo joder, este todavía tenía pelo, o mira esta qué delgada estaba, a medida que nosotros mismos nos vayamos alejando de la imagen que tenemos ahora frente al espejo cada mañana.

Unas nubes permitieron que la sesión de fotos, perfectamente organizada, fuese más llevadera, porque el tiempo fue magnífico hasta para esto: seco, pero no del todo soleado.

Aunque a más de uno debió de parecerle una soleada jornada, porque creo que agradecieron poder ir a empezar a disfrutar de la barra libre desde antes de comer mientras nosotros nos quedamos haciendo el reportaje fotográfico y de vídeo. Toda una experiencia, la verdad.

Cuando llegamos al restaurante, saludamos más si cabe a la gente, e incluso a algunas personas que hicieron caso omiso de nuestro deseo de que todos fueran a la ceremonia en la iglesia, y esperamos a que todos hubieran entrado al salón donde se iba a celebrar el banquete.

Porque en la entrada al salón, otra sorpresa se preparaba...

- Venga, tía, termina de ir al baño, que tenéis que estar todos ahí cuando entremos.
- Que sí, que sí, que luego nos vemos y ya hablamos de lo que sea pero ahora todos tenéis que estar ahí dentro, venga, dale, dale...

Un pequeño gesto al diyéi, y una música comenzó a sonar, a tronar, en el comedor... justo cuando, parapetados detrás del paraguas chino, se abrieron las puertas, y entramos al ritmo de la música para dar a los asistentes la siguiente sorpresa...

Pero eso, para mañana...

El bodorrio I

Para comenzar con los posts dedicados a estas tres semanas que he pasado alejado del mundo, o más dentro de él que nunca, según se mire, es inevitable hablar en primer lugar del día en el que comenzó todo: el ocho del nueve del siete.

Ese día, me casé, a las 12:00 horas y con fuerte levante.

Tengo que decir que ese amigo del alma más hermano que otra cosa, pasó mis últimas horas de soltero conmigo. Y vaya cómo las pasamos... porque... alguien puede decir que un par de horas antes de casarse estaba, con dos cojones, echándose una partida a un viejo juego de basket de la play...

No tuvo que ver, pero luego me acordé por cierto asunto de este hecho...

La partida fue tras levantarme, ducharme, ir a la peluquería a adecentarme un poco más de lo habitual y vestirme. El traje tendría para mil palabras, de modo que tal vez otro día ponga una imagen (no me llevé la cámara a mi propia boda, claro... alguna hay, pero prefiero esperar a las buenas).

Al final, con partida y todo, llegamos con el cura (aka pater) a la iglesia casi una hora antes del evento, sobrados, vaya... la primera boda, según el del vídeo, que el novio llega antes que todos los demás... aquí ya empezaba a ser atípica...

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La iglesia protagonista


Llegar tan pronto me valió para recibir a la familia y amigos que no venían en el autobús, de modo que bien... también me valió para, con menos de media hora de tiempo, irme con mi padre a sacarnos una foto en el cartel de llegada al municipio donde tuvo lugar el enlace, GARAY, por aquello del apellido. Sangre fría con poco tiempo que perder.

Con el cura preparado, y el autobús soltando invitados, ya me iba preparando para ver si el coche del padrino me traía a mi mujer. Cuando atisbé en la lejanía que se acercaba, salí escopetado hacia el altar, porque así lo queríamos. La gente gritaba que la esperara fuera, pero de eso nada.

Mientras ponía la música de Enya en el viejo tocata de la iglesia, ella entró, radiante de esplendor, del brazo del padrino. Fue justo entonces cuando recordé que había olvidado algo... el prendido de la solapa... que compartía con el padrino...

Pero no importaba, el traje realmente no necesita de florituras para quedar bien, de modo que este pequeño detalle queda relegado a un bonito adorno que ahora tenemos en casa.

La ceremonia fue muy chula, sin florituras del cura y muy humana, sin que dios tuviera que aparecer más de la cuenta... media hora muy amena.

Durante los votos, no pude evitar, cuando hube terminado mi parte, tomar aire y hacer una referencia improvisada a ese hermoso cuento de las pasiones y virtudes... si el amor es ciego y la locura son sus ojos, quiero la locura de una vida contigo... ella lloró, y dijo su parte.

Con los anillos puestos, firma y todos para fuera. Olvidamos poner a Enya en la salida, pero dio igual.

Esperando la nube de arroz que acechaba a la salida de la iglesia...

... mañana más...