¿La excepción o la norma?

Si no fuera tan grave tendría guasa: dos semanas después de los atentados en Londres, se repite exactamente el mismo patrón, aunque esta vez sólo han estallado los detonadores y no las cargas explosivas.

Aún no se tiene muy claro si es un aviso de podemos repetirlo, o si se trata de un error cuando la intención era repetirlo, pero en cualquier caso, ha habido reacciones de todo tipo.

Una de las cosas que no acabo de comprender es la falta de voces críticas con el gobierno Blair, al que solamente desde algunos medios muy puntuales se le dice que la guerra de Irak tiene algo que ver (algo que, por supuesto, niega) con lo que está ocurriendo.

La derecha más retrógrada de por aquí se congratula con envidia de ver al país unido sin voces disonantes que hagan más peliaguda la situación para los dirigentes, pero a mí me parece vergonzoso todo el secretismo con el que se está llevando la situación, y que todos callen. La guerra ha llegado a vuestras calles, ¿no tenéis nada que decir?

En cualquier caso, espero por el bien de los ingleses y de los extranjeros que viven en Inglaterra, que no se sigan los derroteros de los USA, aunque parece ser que sí...

Según dijo Blair, se está pensando en modificar alguna ley por ahí para poder acceder a las comunicaciones telefónicas y de internet de cualquier sospechoso de actividades terroristas. Lo jodido es que no se dice demasiado bien quien es considerado sospechoso y/o por qué. Esto, en todo caso, es un recorte al derecho a la intimidad.

Alguien dijo que si sacrificas tu libertad en aras de tu seguridad, no tendrás ni lo uno ni lo otro, aunque parece que en los USA no le están haciendo demasiado caso.

Tras el 11-S, Torres Gemelas, etc... el señor Push promovió la Ley Patriótica. La ley permite al FBI (y demás, supongo) acceder no sólo a las comunicaciones de una persona, sino a sus cuentas bancarias, contactos de negocios y personales, historiales médicos, incluso a los registros de las bibliotecas para saber si lee La Gaceta de Bagdad o Playboy. Además, y para hacerlo más útil, no hace falta ser sospechoso de nada, total, pa qué. Esto a mí me parece una aberración y una cercenación de los derechos civiles a todas luces inadmisible.

Claro que, con ese nombre tan adecuado, todo aquel americano al que se le ocurra protestar será tratado de antipatriota (si vas en contra de la Ley Patriótica, claramente eres un antipatriota), y ya sabemos cómo las gastan los yankees (no, no me refiero al equipo de béisbol) con todo el rollo de las barras y estrellas, el país de las libertades y el hogar de los valientes... ¡cuánto daño ha hecho esta propaganda!

La cuestión es que esta ley tenía fecha de caducidad, que es más o menos por ahora (4 años de vida, como un replicante de Blade Runner) y la van a prorrogar.

Tomando como excusa lo ocurrido en Londres, el señor Push se las va a arreglar para que la ley siga vigente otros cuatro años. Esto es realmente un engorro, porque ir prorrogando las leyes cada cuatro años es muy cansado y te quita tiempo de atragantarte con una galletita salada o caerte con una bici sobre un policía inglés, de modo que en breve nos encontraremos con algún intento para que esta ley sea de vigencia continua, al tiempo.

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Push, tras el ataque de una galleta...


Esto, amigos, es un ejemplo de cómo las medidas excepcionales pueden acabar siendo normales si se tratan con la debida eficacia. Tiene guasa que el paraíso liberal el estado se afane en asumir poderes especiales (¿recordáis al Canciller Palpatine en el senado de la República?) y no soltarlos.

Claro que a lo mejor cada país tiene, simplemente, lo que se merece (no me refiero a las muertes por atentados, sino a los dirigentes que tiene cada país, no seáis mal pensados).