Son como niños...

En mi colegio había un patio. No es que esto sea algo especial, todos los colegios tienen un patio (o al menos deberían tenerlo) donde quemar el exceso de energía de la chavalería jugando al fútbol, al pilla-pilla o al teto. El de mi colegio era muy largo, que acompañaba todo lo largo del brazo más largo de un edificio en forma de letra "L". Y un poco más allá, había un par de canastas poco usadas incialmente.

Es curioso lo fácil que se arreglaban las disputas en el patio. Cuando había dos que tuvieran un problema la cosa estaba clara: "Ya verás en el patio..." Todo se reducía a un juego psicológico previo a una pelea porque, generalmente, el que sabía que tenía más que perder reculaba y el más fuerte acababa imponiéndose. Selección natural basada en quién es el más bestia, pero con honor. En contadas ocasiones, cuando no se dejaba del todo claro quién iba a ganar, se peleaba. No había nada de pistolas ni cuchillos, sólo peleas limpias a base de patadas, golpes a palma abierta y algún que otro antirreglamentario mordisco. En contadas ocasiones, también, el problema dejaba de ser uno contra uno para convertirse en causa común de un grupo más o menos grande de modo que había veces, las menos, en las que se imponía cierta democracia en contra de quien pretendía cualquier cosa que se atisbara como poco justa (léase no querer quedársela al escondite, o saltarse el orden de lanzamiento de la peonza). Es curioso cómo se aprende eso de cuando las barbas del vecino veas pelar...

Esto no era así siempre porque el más fuerte también tenía su grupo de incondicionales lameculos, verdaderos parásitos que crecían a la sombra del más fuerte.

En mi colegio el más fuerte era XXXX. Era el típico chico que pegó el estirón antes que los demás (amén de tener una de esas madres que identificaban opulencia corporal con salud y bienestar) y creció entre gente mayor que él en su barrio. Fue el primero en fumar, en tener revistas porno y el último de la clase en todo lo demás, pero existe un espacio-tiempo donde parece que sólo importa lo primero.

Por lo primero es por lo que XXXX era el rey del patio. Los más maleables en seguida se acurrucaron a la sombra que mejor cobijaba por lo que, formado ya un grupo, las luchas uno contra uno dejaron de tener lugar para entrar en una nueva era de diplomacia sibilina. El normal enfrentamiento dejó su vigencia a las malas artes de la extorsión.

Ya no importaba si se te daba bien dar patadas, por muy bien que las dieras, uno contra cuatro dejaba patente que nunca era suficiente. Aplicando sabiamente la máxima de divide y vencerás, todos estábamos vencidos de antemano.

Así, XXXX y sus secuaces nunca pagaban prendas ni se la quedaban en el pilla-pilla. Sus jugadas dudosas siempre eran gol y nunca hacían falta. Cuando alguien osaba abrir la boca, estaba sentenciado... cuatro, cinco, los que fueran necesarios para acallar todo atisbo de rebelión. Lo más repugnante que he visto nunca fue que los propios tiranizados se unían a su opresor en según que riñas; bien para ganarse los favores (sexuales o no) del mandamás, bien para sentirse poderoso al menos una vez y salir de su frustrado día a día.

La opresión era particularmete dura para con los diferentes. Daba igual en qué. Podía ser por tener zapatillas rojas, o calcetines verdes, o pecas, o gafas, o el pito más grande que XXXX. La verdad es que las cosas eran muy incomprensibles. Igual que hoy se marginaba a quien se le hubiera ocurrido comentar algo de Barrio Sésamo por niñato de mamá, mañana todo el mundo comentaba lo que se había reído con Coco y su gag de cerca-lejos...

Un par de ves hubieron intentos por tratar de escapar del orden establecido. No se trataba de desbancarlo, sino de tratar de vivir al margen, en círculos paralelos donde no tener que soportar incoherencias como la ya mencionada. Pero no pudo ser.

El primer intento fue dejar de jugar al fútbol y pasarse al baloncesto, pero dio igual. En cuanto se vio que en este nuevo deporte la altura y corpulencia se podía hacer más decisiva que en el fútbol se dejó por imposible.

La otra fue tratando de no salir al patio. Este intento fue decapitado cuando se nos advirtió que la hora del patio era para estar en el patio (¿qué hacer ante esta lógica aplastante?)... ¡Estos críos! Pudiendo jugar prefieren pasarse el rato aquí sentados - se asombraba más de un profesor.

Estaba claro que las cosas debían cambiar. Aquello no podía seguir así. Estaba claro que mientras aquel animal y sus secuaces se mantuvieran en lo alto de la cadena alimenticia el resto las íbamos a pasar bastante putas...

Y las cosas cambiaron.

De repente, todos empezamos a crecer. Puede que no fuéramos tan fuertes como XXXX, pero al menos ya no nos miraba desde lo alto. Además, cada vez se jugaba menos y se hablaba más, sobre todo con las chicas, quienes jugaron el papel primordial en la revolución.

Es sabido que las chicas a cierta edad, se empiezan a comportar de modo extraño. Se empiezan a dejar coger al pilla-pilla por según quién se la quede, se esconden en el mismo sitio que ese mismo alguien en el escondite, etc. Este cambio de intereses no lo supo ver XXXX, de modo que para cuando quiso darse cuenta, todos estábamos en un mundo paralelo en el que se despreciaba la violencia física en favor del pavoneo general ante las chicas. De repente era de valientes enfrentarse a un cada vez más bajo oponente y su cuadrilla de malandrines. De repente todo el mundo tenía más miedo de la chica que le gustara que del antiguo dictador. De repente, simplemente, XXXX dejó de importar. Todos acabaron ignorándolo. A new world order, un nuevo orden mundial, amigo, estás acabado.

Por si fuera poco, el ideal de belleza debió cambiar entre las féminas, porque las chicas de la clase no compartían el ideal de la madrísima, con lo que el pobre XXXX se vio abocado a una adolescencia de befa y mofa por su oronda condición. Puede que las secuelas que le queden a él sean mayores que las que nos quedaron a los demás, a fin de cuentas, las heridas del cuerpo no dejan mayor huella que pequeñas cicatrices...


Y cuando todo parecía que podía ser normal... las chicas eligieron a YYYY "El Guapo" como nuevo mister de la clase... cuando todo parecía que podía ser normal... nos llegó una nueva tiranía...


¿Qué opináis? ¿Os ha pasado algo parecido?


Esta historia es ficticia. Bueno, en parte, porque me da la sensación de que en el mundo siempre hay un XXXX dispuesto a tomar bajo su sombra a secuaces con los que imponer sus criterios y voluntades, y un YYYY para seguir con la misma tiranía cuando por fin las cosas parecen cambiar.