Pena de vida

Me gusta vivir. Creo que no he tenido una vida especialmente buena o mala, simplemente creo que estoy contento conmigo mismo.

Puede que en realidad haya tenido una vida mucho mejor que la media de los mortales si lo consideramos a nivel planetario, pero supongo que hay mucha gente que vive mucho mejor que yo (o al menos tiene más medios con los que conseguirlo), así que no me siento mal por sentirme bien.

Por eso y por mi condición de ateo confeso no comprendo a esos que quedan para suicidarse por internet. Parece que con la cosa de meter internet de por medio la noticia es más noticia, o al menos parece que se comenta más. A lo mejor es que la cosa es menos llamativa si se queda para suicidarse en grupo por el móvil o por paloma mensajera, no lo sé.

La cuestión es asociar algo negativo con algo tecnológico, como si todo lo que signifique cierta modernidad no bien comprendida por la generalidad de la sociedad tuviese cierto lado tétrico.

Como el asunto de que el uso abusivo de internet puede crear pedófilos. No te jode, el problema será el abuso y no internet, digo yo. ¿Por qué no se dice lo mismo de quienes abusan de las revistas o los DVDs pornográficos? ¿No tienen los mismos efectos?

En fin, no quiero desviarme de lo que quería comentar.

Decía que no comprendo a los suicidas. Siempre me ha intrigado saber si para suicidarse hace falta ser muy valiente o muy cobarde (una vez más, los extremos parecen estar más cerca de lo que creía). Supongo que será una cuestión de casos y cosas. De nuevo el por qué por encima del qué.

Como cuestión social entiendo que el uso a voluntad de tu mayor bien es la mejor muestra de uso de derechos que te puedes llevar a la cara. Si soy libre para tirar mi coche a la basura o por un barranco en un momento dado, con más razón soy libre para tomar disponer de mi vida como se me ponga y hacer con ella lo mismo. Entiendo que la vida es un derecho no un deber.

Otra cosa es que me atreva, pero comprendo que quiero tener ese derecho; máxime cuando otros lo toman cuando me envían a primera línea de playa de un desembarco en tiempo de guerra, o me venden tabaco o alcohol.

Claro, claro, si es en nombre de la patria está bien. Si es en nombre de la economía también está bien. ¡¡¡ PUES NO!!!

Ahora resulta que si llevas quince años en coma viviendo de forma artificial, los médicos descartan una posible recuperación y tu cónyuge dice que a ti no te habría gustado terminar así, van y te quitan tu derecho a morir en paz. Todo esto en el país de las libertades y cuna de la democracia (por favor, entended mi ironía, que no se me enfaden los griegos, ¿vale?).

Esto le está pasando a Terry Schiavo. Sus padres se aferran a su vida, y lo comprendo. Perder a un hijo debe de ser lo más duro del mundo. Es antinatural, los padres no deberían sobrevivir a los hijos. A mí me reconfortará ver que dejo algo detrás de mí cuado me toque (creo, igual me rebelo contra todo lo rebelable, no sé...). Pero creo que lo mejor es que lo acepten, se caguen en dios por lo que les ha hecho, y se centren en seguir adelante.

Entiendo, además, que no se trata de una cuestión tipo eutanasia, no se trata de ayudar a morir, sino de no ayudar a vivir. Esto puede parecer un matiz demasiado pequeño, pero a mí me parece crucial. Si esto llega a pasar hace treinta años la pobre mujer habría muerto sin más, pero parece que ahora sólo hay que cuestionarse si habría que dejarla morir. ¿Por qué no se cuestionan si debieran mantenerla con vida? ¿Hasta qué punto se está interfiriendo ya en su ciclo vital?

Es imposible saber qué pasa por la mente de uno en una situación así, pero como en el enigma de qué ruido hace un árbol al caer si no hay nadie para oírlo, ¿qué piensa un cerebro carente de actividad medible? La razón tiende a llevarme a pensar que en el peor de los casos ni se siente ni se padece y que en realidad un estado vegetativo no es estar vivo. Y prefiero pensarlo así, porque no puedo imaginarme nada peor que tener cierto nivel de conciencia estando encerrado en ti mismo. Y eso durante quince años... y subiendo...

De todos modos, siendo el país en el que pasa esto el que es, a lo mejor lo que puede hacer es matar a alguien y que la sentencien a pena de muerte, que en esos casos, ya se sabe, tienen la cámara de gas siempre a punto. ¡Cuánta incoherencia!

Mayor aún cuando se trata de una cuestión que lleva siete años de juicios. Y resulta que cuando al fin se consigue la aprobación de un juez para desconectar el tubo por el que la alimentan, no se sabe a cuento de qué, la clase política se mete de por medio a tocar las narices. Y hacen de una persona, de un dolor, de una situación emotivamente apetecible, su botín electoral; todo por un puñado de votos. En el país del liberalismo económico parece que el liberalismo personal está mal visto. Puedes ser el responsable de diversos escándalos económicos tipo ENRON y serás un tipo muy malo, pero si quieres dejar morir en paz a alguien serás el demonio con cuernos y rabo.


La cuestión es que mientras los unos se pegan con los otros, el uno vuelve de sus continuas vacaciones para firmar una ley ex-profeso para este tema, y todos opinan que sí o que no, una persona, una familia (con el valor que le dan), sigue rota.

Esto no es una cuestión de eutanasia (de la que estaría a favor). No se trata de ayudar a morir a alguien. Joder, se trata de un poco de caridad humana, de dejar ir, de cerrar heridas.


Pero sobre todo se trata de conmutar una pena de vida en la cárcel de un cuerpo vegetativo, de dejar morir en paz a quien se desea que descanse en paz.