¡Iepa Julio!

Se está celebrando el centenario de la muerte de Julio Verne, que murió el 24 de Marzo de 1905, y vivió infinidad de cosas que sólo él en su época imaginó.

Creo que todo el mundo debiera leer a Verne de pequeño. Me parece el escritor perfecto para introducir en la lectura a los más peques. Las aventuras del Capitán Nemo (los más jóvenes sólo reconocen por este nombre a cierto pez payaso de la Disney) en sus 20000 leguas de viaje submarino, o del profesor Otto Liddenbrock siguiendo los pasos de Arne Saknussem en Viaje al centro de la Tierra me llevaron a mundos tan insospechados como certeros en sus descripciones. Viví aquellas historias como propias, sufriendo con el calamar gigante y sorprendiéndome cuando cierto niño responde Stromboli a cierta pregunta. Pero sobre todo, me aficionó a la lectura, haciendo que pasara más de una noche de desvelo sin poder dejar de leer bajo el embrujo del hasta el siguiente capítulo; sólo comparables a los desvelos provocados por Mortadelo y Filemón.

Una de las cosas que más me alucinaba era lo bien que se explicaban cosas como los buzos, o por qué una vela acababa apagándose en el espacio. La ciencia que explicaba las cosas de manera tan perfecta me alucinaba (tal vez Verne tenga buena parte de culpa de que acabase estudiando Ciencias Físicas). Además, había cosas que sabía que existían (como los cohetes espaciales, etc.) que yo leía sin saber aún que se describieron cien años antes de que existieran realmente.

Hay quien ve algo esotérico en sus libros, algo pseudopremonitorio. Sobre todo porque adivinó muchos datos que han resultado ser correctos o muy aproximados (como que el mejor sitio para lanzar un cohete espacial es Miami, o dónde caería un cohete después de un viaje a la luna). Personalmente, creo que simplemente se planteó cuestiones en las que nadie había pensado y aplicó lo que sabía para tomar decisiones lógicas y, ¡qué narices!, supongo que la suerte favorece a los audaces.

Cuando descubrí que estas cosas las tenía en la cabeza un señor tanto tiempo antes de hacerse realidad me llevó a pensar en cosas como el avión submarino, la luz invisible o el exoesqueleto de metal, inventos todos tremendamente útiles que aún no se habían inventado, pero que pensaba yo que podría hacer realidad cuando fuese lo suficientemente mayor (luego he visto que realmente en lo que pensaba era en lo suficientemente adinerado como para no tener que trabajar). Aún hoy no existen, creo, pero seguro que lo harán: todo lo que un hombre pueda soñar, otro lo hará realidad... (si da dinero, añadiría...)

La imaginación es lo mejor que tenemos de niños, y Julio Verne la supo explotar y explorar como nadie.

Vaya este pequeño homenaje, de un lector agradecido.

P.D: Espero que este sea de longitud más adecuada :D

1 comentario:

Javi dijo...

Bueno, te vas acercando, esta vez sólo han sobrado 4 o 5 líneas, he conseguido llegar hasta el final. Julio Verne era la hostia, todavía no me explico como pudo fallar en lo del centro de la tierra, o sea que algo tiene que haber allí abajo