Durísimas declaraciones

Hoy me he levantado temprano, moribundo. Perezoso, he resucitado. Con la parte de arriba del pijama he bajado a desayunar con mi diario compañero.

Una vez leí que la gente que lee el periódico de atrás hacia adelante vive más y más feliz. Todos los días hago un poco por mi felicidad con este hábito que hoy me ha roto por todos los sitios:


Ataque a “El código Da Vinci”

El cardenal Tarcisio Bertone, arzobispo de Génova, pide a los católicos que “no compren ni lean” el libro de Dan Brown.


¡¡¡TOCATE LOS WEBOS!!!

Las legañas han salido disparadas detrás de mi disparado ventrículo derecho, bienvenido al mundo...


No había tenido aún la oportunidad de comentar nada acerca de este libro que recibí como regalo el día de mi cumpleaños. Lo devoré con ansia en dos semanas y largas sesiones de lectura trasnochadora, como los más adeptos recordarán.

Me gustó mucho.

Más allá de las cualidades literarias de la obra, que humildemente admito que no sabría valorar en su justa medida gracias a años y años de conceptos científicos apelotonándose en mi cerebro, lo que me ha gustado es la historia.

Suelen decir que en cualquier tipo de libro, película, etc, es preferible de cara al público una mentira verosímil que una verdad inverosímil. Y creo que así es, porque todo el mundo asume explicaciones fabulosas a fenómenos alucinantes como la tormenta solar de Frequency, por ejemplo, y sin embargo le parece de lo más irrisorio que MacGyver taponara escapes de gas con chicle o de ácido sufúrico con chocolate.

En el prólogo del libro (que todo el mundo debiera leer, que para algo está) se explica que muchos de los datos, lugares y documentos que se manejan son verídicos, existen, pero la historia en sí es ficticia, de modo que si alguien no lo lee, o lo entiende mal, puede llegarse a la equivocada idea de que el relato es una ficción acerca de algo que en realidad sí ha pasado o podría pasar. Es como una de esas historias noveladas o novelas históricas en las que se entremezclan personajes reales en situaciones inventadas y viceversa que tan bien suele manejar Arturo Pérez Reverte (y su alter ego el Capitán Alatriste).

No sé hasta qué punto la iglesia* sabe lo que hace al recomendar no leer este libro, pero desde luego, estas cosas suelen correr siempre en contra de lo que se dice, igual que cuando se estrenó La Última Tentación de Cristo o Dogma (ambas muy recomendables, cada uno en su terreno). Airear de esta forma la inconveniencia de hacer algo es el mejor reclamo para hacerlo. Lo mismo todo es una argucia del editor del libro, porque la verdad es que estas declaraciones no ayudarán a que se lea menos. Es la llamada de lo prohibido, de la manzana de Eva, y siguen sin aprender que nunca aprenderemos... Desde luego, no deberían prohibirse libros, ni siquiera aquellos de temática deleznable como nazis, racistas, machistas, y demás -istas que se os ocurran. Esos libros también ayudan a ver la barbaridad humana. Leer no significa creerse a pies juntillas lo que dice un libro, sino tener el sentido crítico suficiente como para asimilar los conceptos del mismo y poder cotejarlos con nuestras propias ideas enriqueciéndolas (tanto si estamos de acuerdo como si no). Y precisamente ese sentido crítico se adquiere leyendo. Leer nos hará libres.

Entrar a valorar los motivos del vaticano para semejante acto de censura requiere, creo yo, entrar en la historia que se cuenta en el libro. Y otra vez no sé si hacerlo para no quitarle la gracia a todos aquellos que no lo han leído y tengan intención de hacerlo...

Nada, os jodéis.

¡Que no, leche! jejeje Tranquilos, intentaré no cargarme nada interesante.


La novela sigue a un tal Landon, un tipo muy interesante, escritor él, y estudioso de disciplinas varias. Resulta que en una estancia en París un tal Sauniére, pez gordo del Louvre le pide cita, pero antes de la quedada aparece muerto en circunstancias más que raras.

A partir de aquí se establece una especie de juego de pistas en una carrera contrarreloj entre el propio Landon y gentes del Opus en busca de algo que puede cambiar el mundo.

Eso tan importante no es otra cosa que la verdad, tan maquillada y vejada últimamente como una prostituta. Esa verdad, su conocimiento, desde un punto de vista personal y global sacude los cimientos de lo que conocemos como verdad. Como digo no es sólo una cuestión global de caída de la iglesia y de toda su parafernalia, sino de una cuestión que a nivel personal puede reducir a escombros los más sólidos pilares de la fe de mucha gente. No lo considero tanto una cuestión de caída de la iglesia como de resurgimiento del Hombre por encima de sus cadenas. Aunque tal vez esto sea lo peor que le puede pasar a la SS (santa sede, ¿en qué pensábais?)

Pero no deja de ser una ficción, una historia no Histórica en la que las medias verdades no deben descentrarnos de la primera verdad, todo es mentira.

Como anticlerical reconocido, me seduce la idea de que todo lo que se cuenta fuese verdad, pero creo que tengo más que claro que cuando una tiranía llega a su fin, otra nueva surge para dejar a la mayoría como estaba, de modo que más que caída de la iglesia, se trataría de su transformación en otra cosa que seguiría pretendiendo ser intermediario entre hank y el común de los mortales. Eso sí, el cambio de papeles conllevaría un cambio en las personas, y supongo que como toda organización, la iglesia no está exenta de intrigas, conspiraciones y luchas de poder, de modo que todos se agarrarán al sillón de su cargo como lapas...

En fin, que os recomiendo el libro, no sólo por la calidad literaria del mismo (que ya digo que no me da, pero que tal vez mi amigo Javi pueda comentar alguna vez si es que se lo lee; al menos así le invito desde aquí), sino más por el rollo de darle a la imaginación de lo que podría suceder si sucediera lo que se relata en el libro. Y, desde luego, por el hecho de imaginar una alternativa a todo lo que nos dicen y nos creemos.

Además, puede que con la excusa de recorrer los lugares descritos nos enriquezcamos con una vuelta por el arte, las ciencias y la cultura en general.

Que sólo los que lo hayan leído o no les importe saber demasiado lean esto.


*: nunca le ponga la mayúscula...