La senda de los elefantes

Mañana empieza el Mundial.

Apuesto a que todos sabéis de qué Mundial se trata aunque no lo diga. No he comentado nada más, y todos sabéis que se trata del fútbol, que se ha metido en las mentes y gustos de la gente a base de televisión y descarga de adrenalina.

El espectáculo este año transcurrirá en Alemania, donde, por cierto, la prostitución es legal. Tal vez por esa conjunción de elementos que forman hinchas (mayoritariamente hombres heteros) con resultados deportivos que celebrar u olvidar y un mercado del sexo legal, un huevo de mujeres se ha abalanzado sobre el país para que, previo pago, dejar que toda esa marabunta se abalance sobre ellas.

Hay quien ha puesto el grito en el cielo, hay quien se frota las manos; nada nuevo bajo el sol, business is business, que dirían.

A pesar de esto, que ni me parece ni deja de parecerme, todos intentan que centremos la mirada en el espectáculo deportivo que se nos presenta y vende como si del mayor espectáculo del mundo se tratara (el circo hace mucho que está de capa caída).

Durante las próximas semanas sólo se hablará de fútbol en cualquier bar, en cualquier lugar de trabajo.

Porque con este evento, crecen, como hongos en humedad, las consabidas y típicas porras o pelotillas.

¿Lo qué?

Apuestas, claro.

Se apuesta por unas selecciones y si ganan puntúan para ti, o se trata de adivinar el resultado, etc. La cuestión es que un grupo de congéneres pone un dinero que al final se reparten los tres con mayor puntuación.

Aunque supongo que la apuesta es una excusa para vacilar a quien se le ocurrió poner que Japón iba a ganar a Brasil y la cagó, o puso a ganar a Togo esperando un sorpresón.

Porque las sorpresas ocurren, sí, a veces, ocurren. Todo el mundo tiene a Brasil como grandísimo favorito hasta el punto de preocuparse del peso de Ronaldo y de sus ampollas. Pero ojo, porque esa vitola no siempre es la buena y el resto de selecciones irá a la chita callando esperando que las cosas se les tuerzan a los brasileños y no sepan reaccionar ante un gol tempranero o cosas así. Puede que a Brasil y a otros favoritos les falte un poco de oficio porque no están acostumbrados a ir por detrás en el marcador, o a que el equipo contrario no les deje jugar a base de la marrullería típica necesaria para hacerse con el título.

Una de esas selecciones incómodas, verdad, que espera su oportunidad agazapada, es una de las que más simpatía me generan: Costa de Marfil.

Los llamados elefantes, con Drogba a la cabeza y Toure y Eboue a la zaga, la van a liar en este mundial. Procedentes de un país potencialmente rico (lo llamaban la Suiza de África), pero destrozado por la guerra, casi todos sus jugadores juegan en Europa, lo cual, sumado a la fuerza característica de la raza, les da, para mí, la suficiente fuerza como para poder dar la campanada con una victoria sonada. Tal vez contra la propia Argentina, una de las favoritas.

Votando con el corazón, y casi con la cabeza si me apuras, creo que va a ser la revelación del Mundial...

...aunque sea de fútbol.