Al-aMierda

Las cosas en Irak, dicen, van a mejorar a partir de ahora, porque el ejército americano-iraquí ha cometido un asesinato para liberarnos a todos de la mala influencia de un malvado ser llamado al-Zarqaui.

A priori, que un asesino deje de actuar siempre es una buena noticia, y que haya un terrorista menos en el mundo, también, pero esta semana, la del nacimiento del diablo, es propicia para hacer de su abogado y ver las cosas desde una perspectiva diferente.

Dicen que este tipo era muy malo, muy malo, como en los cuentos de los niños, donde es demasiado fácil identificar al bueno y al malo. No me voy a meter en defender lo que haya hecho o no, pero lo que para unos es una acción de guerra, para otros es un asesinato; lo que para unos son bajas colaterales, para otros es una carnicería; lo que para unos es una falta disciplinar, para otros es una muestra de barbarie.

Es curioso, puede que incluso gracioso si no fuera lamentable, cómo se nos venden las cosas a unos y a otros. Mientras occidente trata de ser conquistado desde la CNN, oriente se rinde a Al-Jazira y, en medio, gente inocente muere todos los días por una guerra que ya nadie duda de que se iniciara por los motivos equivocados.

De lo que no dudan es de que los motivos de los enemigos de la libertad y la democracia son totalmente erróneos y fundamentalistas, como si alguien se hiciera terrorista porque sí, porque yo lo valgo.

¿Alguien sabe si el tal alZarqaui deja mujer e hijos, perro y tortuga, madre y abuela? Claro que no, eso le daría un contexto humano que no se pueden permitir.

No ha muerto un hombre (que ha podido hacer mil barbaridades, ojo, que no lo defiendo), sino un terrorista.

Y eso es motivo de alegría.

Cuando las Torres Gemelas acabaron derrumbadas el 11S muchas cadenas de televisión rebuscaron en sus archivos tratando de encontrar imágenes de alegría en Palestina. Supongo que les costó encontrarlas, y acabaron por mostrar a gente pegando tiros al aire celebrando a saber qué, totalmente fuera de contexto, para hacernos creer que celebraban la muerte de americanos al otro lado del Atlántico.

Los aplausos de ayer, cuando el presidente de Irak (gobernador del nuevo estado de la unión, diría yo... ) anunció que al-Zarqaui había sido eliminado, no estaban sacados de contexto. Los gritos de alegría eran reales; la foto que se ha paseado por las pantallas de nuestros televisores, mostrando la cara del cadáver, no ha parecido merecer el mismo respeto o reticencias que las imágenes de las víctimas del 11S.

No ha muerto un hombre, ha muerto un terrorista (No ha muerto un asesino, ha sido asesinado).

El camino a seguir en este tipo de acciones selectivas parece ser el menos honorable entre los que ponen el honor ante cualquier otra cosa: la traición.

Judas puede ser maltratado por la historia por haber vendido a su maestro, pero cuando nosotros somos los compradores no nos parece éticamente condenable. Si los vendidos somos nosotros, el implicado es un traidorhijoputa; si nosotros compramos, es un amigo de la democracia.

Tras la euforia inicial, ahora parece que hay que estar preparado para la nueva oleada de venganza que se teme aparezca.

Porque, claro, puedes haber eliminado a alguien, pero si la raíz del problema sigue ahí (y, no, no es que haya gente mala, no, las cosas no se pueden simplificar tanto), otro ocupará su lugar.

Mientras haya un motivo suficientemente poderoso como para que alguien se meta a matar gente (o a morir matando gente), dejando de lado a su familia (¡bendita familia!), las cosas no van a cambiar... bueno, puede que, con el tiempo, acabes inculcando tu cultura haciendo desaparecer la original, pero eso es mucho esperar a corto plazo.

No ha muerto un hombre, ha muerto un terrorista (No ha muerto un asesino, ha sido asesinado).