- ¡Qué guapa!

- Gracias - dijo la secretaria mientras meditaba si aquel comentario del amigo de su jefe era realmente un cumplido...


Esto podría ser el tercero de los relatos hiperbreves de este blog, pero tranquilos, para todos los que esperáis la brasa diaria, y viendo que esto sigue con algunos otros párrafos que aún están por escribir, pero que ya estáis viendo, no es así.

Este relato hiperbreve pretende contener en dos frases la esencia de la presión social que sufren (sufrimos) las personas a cuenta de nuestro aspecto.

Dentro de las tiranías que nos autoimponemos en aras de follar más (así de claro), han ido surgiendo otras, asociando la juventud, la belleza física o el dinero fácil en sinónimos de éxito. Poco parece importar la cualificación de cualquier persona a nivel profesional, personal, etc: si no cumples con el estándar (que de mayoría tiene bien poco) no estás cumpliendo.

Y a mí, a estas alturas, cuando veo, sobre todo en programas de televisión de dudoso gusto, que alguien le dice a otro alguien algo acerca de lo guapo/a que está, me da la sensación de que no tiene otra cosa mejor que decir de esa persona.

Es como decirle Pero que idiota eres, menos mal que por lo menos estas bueno/a a la cara a alguien escondido como un troyano en un cumplido desvirtuado.

Es como cuando se dice que una chica es simpática e/o inteligente porque es fea de narices (o un chico, que no quiero discriminar a nadie...); pero al revés.

No quiero extenderme demasiado con los temas típicos de enfermedades alimenticias que ya se trataron en su día en un post, pero desde luego, es claro que mucha de la responsabilidad está en el mundo de la publicidad, donde se asocia (generalmente) una mujer apetecible a un producto para hacerlo apetecible. Pero es que parece que hemos llegado a una situación en lo que ocurre es lo contrario, es decir, una mujer, para ser apetecible, debe ser la elegida para estar al lado de un producto (o marca) ya famoso.

Es decir, la señorita X no era nadie hasta que hizo un anuncio de Margaret Astor, o de Loreal, o de lo que sea.

Parece que las niñas que quieren ser modelos, lo desean para ser guapas, no porque lo sean.

Se tiene la sensación de que es antes el hecho de ser elegida y luego ser reconocida como guapa.

Y en lo tíos supongo que pasa algo de lo mismo, pero a menor escala (tradicionalmente, el dinero que los anuncios pretenden atraer ha estado en manos de hombres heterosexuales...).


Lo que es probable que muchas no sepan, aunque últimamente se habla mucho de ello, es del uso que se hace de las herramientas informáticas para retocar lo que la naturaleza no ha conseguido por ella sola...

... me refiero al uso del Photoshop, que lleva a adolescentes a pretender tener un aspecto totalmente irreal, o al menos, no natural del todo. ¡Como si se pudiera recrear en casa todo el cuidado que se tiene en una sesión fotográfica con postproducción!


Para muestras, dos botones que me han pasado en un mail...

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