Coge tu sombrero y póntelo

... vamos a la playa calienta el sol ...

Quien tenga la edad suficiente como para recordar esta canción, seguramente soñó con pasar un verano en Benidorm, donde iban los adinerados mientras el común de los mortales pasaba sus vacaciones en el pueblo.

Mejor, aún, probablemente le habría alucinado pasar sus días de asueto en las islas afortunadas, todo un paraíso cuasicaribeño a un huso horario de distancia.

Recuerdo cuando un viaje a Canarias era el típico viaje de novios soñado por muchas parejas de los 70-80.

Hoy, las cosas han cambiado mucho, y los viajes han bajado mucho de precio, y la gente va a Canarias cuando le da la gana. Los viajes de novios, hace mucho que han cambiado de moda, y ahora la gente que se casa se va al caribe de verdad (Santo Domingo, Cuba, México, Puerto Rico...) o a paraísos más exóticos en Asia/Oceanía (Australia, India, Indonesia, Camboya, Japón...).

Y, de hecho, ya no hace falta casarse para hacer uno de estos viajes; los viajes de novios ya no son, necesariamente, la excusa para hacer un viaje así, al otro confín de los mares que nos rodean.

Canarias queda como demasiado cerca, ¿no? Ya es casi como un viaje de fin de curso de adolescentes que buscan la lejanía para llevar a cabo sus fechorías...

Es normal, al precio que se venden, los viajes a Tenerife, 7 días, desde unos 200 euros, todo el mundo puede ir a Canarias.

Bueno, todo el mundo no, porque esos son viajes en vuelos desde Madrid.

Lo jodido suele ser si vienes en cayuco (la nueva palabra de moda, olvidando la patera, que suena a muerte) desde Mauritania o Senegal. Ahí, el viaje puede costarte la vida a pesar de ir por mar, pero claro, la mortalidad de las barcas no se contabiliza, no se sabe, no interesa.

Tras constatar que las cosas en el estrecho se han puesto muy malas, ahora atacan su nueva vida en las Canarias, con la intención de que se les asimile en la isla, o se les envíe a la península, o... o morir en el intento.

Todo un drama humano de personas que ven en Canarias mucho más de lo que vemos nosotros, por supuesto, pero también mucho más de lo que se veía antes, en los viajes de novios.