Baronesas Aburridas

En muchos pueblos, cuando alguien acababa casado con el/la hijo/a de la familia rica del pueblo a base de embarazo de por medio, se dice que ese alguien ha pegado un braguetazo.

Si bien el término no es del todo fino, ni parece demasiado propio, condensa en una sola palabra toda la sabiduría popular de varios siglos. Será porque era una buena manera de no volver a preocuparse del maldito problema del dinero (que sólo es problema cuando falta), y de medrar socialmente, cosa que, antes, no estaba tan ligado al montante de las cuentas de cada uno.

Para mí, existen muchos casos en la actualidad que implementan perfectamente esta interfaz (sólo los más raros comprenderán esto, permítaseme la licencia).

Uno de esos casos en los que alguien va más allá de sus posibilidades es, y lo digo sin tapujos, Tita Cervera.

Que no es que sea la tía de nadie (o sí, no lo sé), sino que la llaman así, con uno de esos estúpidos nombres de los que todos se reirían si no fuera porque quien los luce tiene demasiado más dinero que tú... (Pocholo, Pitita y otros son también miembros, con perdón, de este selecto club).

El mayor logro de esta persona ha sido, tras ser Miss España Hace Mucho, casarse con un millonario internacional al que encasquetarle los gastos de gestión de un hijo que no era suyo. Cual cuco que añade sus huevos a los nidos ajenos, el bueno (o malo, no lo sé) del Barón Thyssen se ha hecho cargo de la manutención de Borja (otro PE-DA-ZO de nombre), todo un viva la virgen.

La cosa es que, tras años de la muerte del Barón, y de que su famosa colección de arte acabara en un museo madrileño, ahora a la baronesa le da por salirse de su retiro dorado de fiestas de etiqueta y mamoneo vario para irse a defender, como un exaltado de GreenPeace cualquiera, los verdes árboles que jalonan el entorno del museo que lleva el nombre de su difunto marido.

Realmente me da igual lo que se haga con los árboles en la capital del imperio. Que Gallardón pretenda entrar en la Historia como el alcalde que más obras ha realizado por metro cuadrado y año de mandato me da prácticamente lo mismo... que lo anterior, así que ni me pongo a favor de unos ni en contra de otros, simplemente me la trae al pairo.

La cosa es que creo que eso mismito, ni más ni menos, le importan en realidad los arbolejos a la baronesa, como si no tuviera otra cosa que hacer que dar la nota en los telediarios: dama de alta sociedad preocupada por la naturaleza, parece que quieren que digan.

Y Boris siguiéndole la gracieta encadenándose (de coña, claro) a uno de los susodichos árboles...

¿Para cuándo una serie sobre Baronesas Aburridas?