Matar al gato

Kay, ese ilustre tercer pasajero de nuestras vidas las está pasando putas. Lo que parecía un estado apático y de bajón propio del enamoramiento no correspondido ha dado paso a la cruda realidad de un diagnóstico médico incierto.

En una clínica veterinaria con instrumentos que ya desearían disponer para personas en otras partes del mundo (admitido por el propio veterinario), con rayos x, ecografías, analíticas, etc... la cosa no está clara.

Lo que en las radiografías debieran ser pulmones de color negro (así se ve el aire en las radiografías, si no hay nada, se ve negro, como la carne, etc...) se ve en nuestro pobre gato con un color blanco nada halagüeño. Lo que en principio podía tratarse de una ruptura del diafragma (no, nada que ver con anticonceptivos, pero práctica y subjetivamente igual de grave...) y un desplazamiento de vísceras hacia los pulmones, encharcándolos y no permitiéndole respirar bien, quedó descartada gracias a la ingesta de un puré con bario que hace de marcador y que indicó que las vísceras siguen en su sitio.

Esto no ha hecho sino retrasar un diagnóstico cuyas posibilidades no le dan demasiadas probabilidades. Ayer por la tarde hablaba con el veterinario para saber si dentro de lo que podría ser, merecía la pena seguir investigando porque, a fin de cuentas, me da igual si es un tumor o un loquesea si todas las posibilidades llevan a la muerte de mi amigo.

Pero no, parece ser que existe una posibilidad, tal vez no demasiado probable, de que sea algo curable. Si no fuera así, tenía la firme decisión de sacrificar el poco tiempo que íbamos verle sufrir en adelante.

Así pues, estamos a la espera de que un tratamiento que libere el encharcamiento de sus pulmones, además de aliviarle y dejarle respirar mejor, permita una radiografía más concluyente.

Por si fuera poco, la tráquea, que se aprecia como un tubito que va desde la boca a los pulmones, está desplazada hacia arriba (hacia el pecho) y hacia la derecha. Algo lo está empujando y haciendo que sus pulmones parezcan esponjas mojadas incapaces de permitir el intercambio de oxígeno-anhídrido carbónico en los alveolos (sí, la morfología de los animales se parece mucho a nosotros).

Y ese algo puede ser desde un timoma (creo que dijo eso, no tengo ganas de investigarlo) benigno que se podría extraer y olvidar que acontece a veces en gatos jóvenes, hasta un tumor maligno o una hipertrofia del corazón, cuya causa probable es otro tumor...

Así pues, entre las diversas puertas que se abren en el destino de Kay, una le salva y las otras le llevan a la muerte. Elige.

Será que estoy leyendo el libro de Ramón Sampedro, pero incluso en este caso que me afecta directamente (consciente también de que no es lo mismo), estoy a favor de la eutanasia. En otros casos he defendido el derecho a una muerte digna (búsquese...) o la finalización de un tratamiento que no lleva a nada más que a una vida artificial.

Creo que nunca he querido para mí una vida que no es vida, una vida en el infierno, como dice Ramón; ahora, que me toca de más cerca sin ser yo, quiero por encima de todo, incluso de nuestra necesidad de tenerle en casa, que Kay no sufra. Si eso implica tener que tomar la decisión de verle partir, con la rabia que da saber que no habrá vivido más que un año, que aún le quedan muchas broncas que recibir por arañar el sofá, muchas alergias que provocar, muchas sonrisas que sacar...

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... no quiero que este post suene a despedida, pero si es necesario, estaremos ahí para acompañarle en su último viaje.

Dentro de la tensa espera en la que nos encontramos, sin saber aún nada más que lo comentado, no he podido evitar pensar en que, como personas, podemos decidir el destino de nuestras mascotas, de mi amigo peludo y pedigüeño. Tengo derecho a acabar con su sufrimiento cuando es irreversible, pero no lo tengo para acabar con el mío si en un momento lo desease... aunque puede que sea un mecanismo para no pensar en aquello que no quiero.

Kay, luego te veo.

2 comentarios:

El Tío Rubo dijo...

Yo tuve una gata hace tiempo que un día dejó de comer, así por las buenas, y al final... Pues pasó lo que tenía que pasar :S

A ver si tu gato se pone bueno tío, aunque sí, con todo lo malo que hay en el mundo parece que hablar de un gato solamente porque nos queda más cerca es un poco frívolo. Pero te comprendo.

Saludos!

Gorka dijo...

Gracias, tronco...

Creo que es algo que sólo aquellos que han compartido su vida con entes de inteligencia superior (mascotas) pueden entender.

Yo mismo lo estoy sufriendo en mis carnes.

Salu2