Indultar al gato

Esta mañana, aprovechando mi nueva condición de autónomo, he podido acompañar a Kay y a quien vela más que nadie por sus intereses al veterinario. Esta tarde puedo dedicarla por entero al arte de programar, así que tampoco se ha perdido mucho. De 11:00 a 13:00 he tenido un break dedicado a la familia.

Básicamente, tras esta semana pasada de menor dosis de cortisona, ha sido para ver cómo evoluciona de lo suyo y ver si una dosis menor le hace el mismo bien, o al menos no deja que se extienda el mal.

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¡Quieto ahí, tumor malandrín, voto a bríos!


El resultado ha sido más que satisfactorio, encontrando un por qué al voraz apetito con el que nos ha deleitado últimamente. Es curioso cómo el puñetero sabe que cuando vamos a cenar, toca comida de la lata, no ese pienso rancio del platillo. Se zampa la comida húmeda en un plis y se tira el resto de la cena tratando de engatusarnos (nunca mejor dicho) para que le demos de nuestra comida. Finalmente, e independientemente de si le hemos dado más o no, mientras nosotros atacamos al postre, él ataca el cuenco del pienso como remate final.

Y es que otra cosa no, pero joder como zampa. Ha vuelto a ser el mismo en este sentido, de modo que estamos contentos. Ha vuelto a trastear, a dar la lata con la comida, a todo lo que hizo de él el tercer pasajero del viaje. Y estamos contentos.

Hoy nos han dado, por el mismo precio, un par de inyecciones más, de 1ml de cortisona, para pasar esta semana. Si pasa la siguiente sin problemas, podremos olvidarnos, por el momento, del tumor que decidirá cuánto podremos disfrutar de su compañía.

Si no, todo volverá a comenzar y nos tendremos que volver a poner los clínex en el bolsillo...

En cualquier caso, esperemos que las cosas sigan por donde parecen estar yendo y que todo se resuelva favorablemente... aunque sea por no tener que volver a esperar casi una hora en el veterinario... ¿tendrán cita previa y estamos haciendo el canelo?

En fin, que el gato vuelve a su ser, y yo ya me he sacado una foto en mi nuevo cubículo laboral, con el portátil en frente, y preparado para trabajar en bata, pijama y pantuflas, con el ratón en una mano, y el gato en la otra.

Pero esa, es otra historia, que por ahora sólo va a quedar para los más allegados. Otro pingüino como aquel referido por Manu hace unas semanas...

Por cierto, que he visto que dos de mis páginas favoritas de descargas de torrents se han caído con todo el equipo, cosa que puede tener que ver con aquel pingüino... o no...