Pow en la Corte del Rey LeBron

En estas fechas tan señaladas en el calendario para los aficionados del basket, se celebra cada año en una ciudad americana distinta un fin de semana de fiesta del baloncesto: el All Star Game.

Se trata de aprovechar un parón de fin de semana para darle publicidad a la NBA (liga de baloncesto profesional americana) a base de un concurso de triples, otro de mates y un partido entre los jugadores más votados por los aficionados.

Dado que la liga está dividida en dos para que el volumen de equipos y partidos no acabe quemando a los jugadores (cómo sobrellevan jugar tres y cuatro partidos semanales, a veces con lagos viajes en avión cuando en Europa bastante hacen cuando juegan dos es algo en lo que prefiero no entrar...), lo que se hace es elegir para cada posición de juego (más o menos) a los jugadores que mejor lo están haciendo o son los preferidos por los aficionados y se conforman dos equipos, Este y Oeste, para que jueguen.

Para técnicos de cada equipo se toma a los mejores entrenadores (por balance victorias-derrotas) entre los equipos del este y del oeste. Y estos, a su vez, completan cada equipo con los jugadores que creen convenientes (para ganar o para dar espectáculo).

Aunque a veces no ocurre así, dadas las características de los jugadores elegidos por la gente, en general los técnicos suelen elegir a los que siguen en las votaciones a los titulares.

Y ahí, esta vez, y por primera en la historia de la liga, ha entrado un más que consolidado Pau Gasol (Pow Gasol por las américas...).

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Esa barba guarra vende entre los americanos...


Es un hecho histórico porque no sólo es la primera vez que entra un español, sino alguien de su equipo, lo cual dice mucho de cómo se ha hecho el con el respeto de su equipo, y ahora, de toda la liga.

He seguido de lejos las andanzas de este tío desde que despuntó en el Barcelona, siendo un espigado chaval de diecipico años.

Cuando Aíto, gran entrenador, dijo que aún era pronto cuando se fue a la NBA, yo decía que siempre tendría tiempo de volver si no le iba bien (léase Raúl López).

Y no sólo el primer año la lió siendo el mejor novato de la liga, sino que, pasados tres años (tiempo de contrato que se hace a todos los novatos) renovó con su equipo por el máximo permitido para un jugador de sus condiciones: 90 millones de dólares por 6 años (15000 millones de pelas de las antes).

Y para rematar, ahora entra en el partido de las estrellas en el que, a pesar de no encestar un solo punto, resultó máximo reboteador en un partido en el que el MVP (mejor jugador) fue un LeBron James (apodado King James) que cada día va a más como jugador.

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Todo un hito y toda una experiencia para Pau en su camino, conseguido ya, por otra parte, de ser el mejor jugador español de baloncesto de todos los tiempos.

Ahora, en su futuro, no puede quedarle otro objetivo que mantenerse en ese nivel de juego y mejorar el de resultados a nivel colectivo. Si su equipo no puede garantizarle un equipo campeón, o con opciones de serlo, tal vez deba salir a buscarse el anillo de campeón por otro lado.

Desde luego, con el futuro económico más que garantizado, y con una franquicia en la que cada día parece más indispensable, es lo único que le quedaría por lograr (como a muchos otros, en realidad).

Y todo ello con 25 miserables años...