Aprendiendo con el diablo

La noticia es que se ha detenido a tres personas en Hernani y Mondragón (mi pueblo) relacionadas con el comando Donosti de E.T.A. De por sí no sería algo novedoso si no fuera por el hecho de que uno de ellos hacía como que estudiaba en mi clase del colegio.

Ya dejo entrever que no se trataba del más brillante de los integrantes de la más famosa quinta que pisó aquellas vetustas aulas (famosa, sí, conocida por ser la clase más habladora de la historia). No es que se viera que esto fuera a pasar, ni pretendo juzgar a una persona por sus logros académicos (nunca es justo), pero es que se trataba del nuevo de la clase hasta que vio que si no puedes vencerles, úneteles y se arrimó al sol que más calentaba, que no siempre es el que mejor sombra te da para cobijarte.

Hacía mucho tiempo que no sabía nada de él. La verdad es que normalmente este tipo de noticias casi pasan por tu lado con la indiferencia resultado de la vacuna que te da la frecuencia con la que se dan, pero esta, al conocer a una persona implicada, no ha pasado inadvertida como una más.

Siempre me ha resultado curioso cómo se tiende a engordar la situación de uno cuando se encuentra con alguien que hace mucho que no ve. No sé si le pasa a todo el mundo, pero parece como si hubiera cierta necesidad de restregarle por la cara al mundo lo bien que nos va. Si se dice que la envidia es el deporte nacional, yo diría que en realidad lo es la generación de envidia. Supongo que somos así por naturaleza, ver a alguien peor que tú puede hacerte sentir bien con lo poco que tienes: He suspendido, pero ése también, y encima ha pencado dos; mal de muchos... epidemia.

No sé hasta qué punto una cuestión así puede influir a alguien para querer medrar en algo como el terrorismo vasco. No creo que se trate de convicciones políticas (el pobre seguro que ni siquiera entiende el concepto de democracia), de modo que otras cuestiones como la comento puede que hayan hecho mella en alguien socialmente débil.

La aceptación social por la vía del yo voy un paso más allá de lo que vosotros os atrevéis. Víctima de su propia convicción. Peón captado como sacrificable para una partida de ajedrez que seguro que no comprende.

Joder, ¿en qué estaría pensando? ¿Realmente sabía lo que estaba haciendo? ¿Hasta qué punto alguien así puede cambiar (o hacer que cambie) hasta convertirse en aspirante a terrorista? ¿Hasta dónde habría sido capaz de llegar? Ahora ha acabado en la cárcel, pero veremos lo que pasa con él.

En todo caso, supongo que no todos acabamos trabajando en lo nuestro ni tenemos objetivos más normales como emanciparse, formar una familia, vivir tranquilo, irse de fiesta, ser feliz...

Creo que es el primero de mi entorno infantil al que veo en una situación realmente mala... y tengo que decir que no me alegra...