Amina

Hay un territorio olvidado de la mano de Push donde la libertad llegó en forma de cortamargaritas y soldados extranjeros.

Hay un territorio que ya no sale en las noticias porque no interesa más allá de que ya se procedió a pacificar duraderamente la zona.

Hay un territorio que fue invadido en aras de la igualdad de las mujeres que allí habitaban y que llevaban años bajo la opresión del burka y la tiranía del cromosoma Y.

Hay un territorio donde una mujer adúltera ha sido lapidada hasta morir a manos de su propio marido y sus compinches.

Hay un territorio donde Amina (29 años) murió de una de las maneras más crueles y bárbaras que puedo imaginar.


Habrá quien se consuele con que esos son extremistas.

Habrá quien se desgarre las vestiduras en público para que le vean y quedar bien.

Habrá quien directamente mire hacia otro lado, sin preocupaciones mientras el combustible de nuestra civilización fluya mansamente por los oleoductos.

Habrá quien lo denuncie y lo condene, pero no le harán caso.

Habrá quien sufra con ella (los más empáticos), imaginando el horror de estar enterrada hasta la cintura (o hasta el cuello, según el crimen), con una fantasmagórica sábana blanca ocultándote el pelotón que se agolpa a tu alrededor, y esperando eso de el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Según se ve, por allí los hombres deben ser todos santos, porque detrás de la primera, lanzada por el propio marido cornudo (nunca mejor dicho), le caen tropecientas más, una detrás de otra o a la vez; hasta morir. Al que no le hacen nada de esto es al hombre con el que la pobre fue adúltera (que mal suena esa palabra, suena a culpable sin miramientos).


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La barbaridad puede ser algo parecido a esto....


Habrá a quien se le encoja el corazón pensándolo.


Lo peor es que habrá quien espere al próximo espectáculo, Saturday Night Lapidation: Live and Exclusive y encima duerma bien esa noche tras la juerga...

... y quien proteste por la separación de la religión (cualquiera de ellas si se supeditan los derechos civiles a la religión) de una política por definición laica.

Como dijo aquel, soy ateo, gracias a dios. Cuando se habla de matrimonios homosexuales, de divorcio, de aborto en según qué supuestos y la religión se mete de por medio, tendríamos que acordarnos de estas cosas.

Porque aunque parezca algo lejano (por cultura y por localización geográfica), ¿quién no conoce ese caso (o leyenda urbana, no se sabe ya) de la familia que deja morir a un hijo porque una transfusión de sangre que podría salvarle va en contra de su religión?


P.D: Prometo hacer el esfuerzo de comentar cosas más alegres, creo que el mundo está empezando a ser suficiente para mí.