Hoy comemos con Isabel

En mi actual situación, y en la anterior, me he visto obligado a buscarme la vida en cuanto a mover el bigote cada mediodía ser refiere.

Antes, cuando podía hacerlo, me llevaba un tupperware con la comida preparada, pero desde hace ya más de un año, me las tengo que ingeniar, como muchos otros compañeros, para encontrar el sitio que reúna, dentro de lo posible, las mejores condiciones.

El problema suele venir porque, muchas veces, se tienen dos condiciones contradictorias:

- Comer bien. En plan sano, que la comida no sea siempre chorreantes patatas fritas con carne de algo que una vez tuvo madre.
- Barato, barato. Que no se te vaya el sobresueldo que tanto te costó levantarte en tu último cambio de trabajo...

Porque, seamos realistas, estas dos variables, para los restaurantes, cumplen el principio de incertidumbre igual que la posición y la velocidad en el mundo cuántico. Sí, ya sé, alguno se ha perdido... digamos que cuanto mejor es uno, peor es otro, ¿vale?

Esto seguro que ya lo comprende cualquiera. Todo el mundo sabe que cuanto más barato es un sitio para comer, peor será la calidad de su comida.

¿Relación calidad-precio?

Puede ser un buen referente, pero puede haber confusiones, ya que un sitio muy cutre y muy barato puede tener la misma relación calidad-precio que uno muy bueno y muy caro...

Y en este asunto, como en tantos otros en la vida salvo, tal vez, la salud, el dinero manda...

Así pues, se trata de intentar minimizar el coste, manteniendo un mínimo de relación calidad-precio, sin que el estómago se resienta.

Es decir, primero la salud, luego el bolsillo, y finalmente la relación calidad-precio.

Ni menú del día en el chino de la calle todos los días, ni 9.60€ diarios de extraordinaria sepia a la plancha.

De estos sitios que cumplen, más o menos, con las apetencias tanto culinarias como monetarias de uno, tengo fichados, cerca del trabajo, unos tres o cuatro.

Y, sí, entre ellos hay dos chinos...

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Uno a la semana... es cosa sana...


El mejor, dentro de lo que cabe, es un self-service de lo más caótico en el que se puede comer comida relativamente normal por 7.60€. Es el segundo mejor precio, la mejor cocina, ya digo que muy casera, con pasta, arroz, verduras, ensaladas, pollo, filetes, estofados varios, pescado, etc. Lo peor, el caos que se forma cuando los espléndidos habitantes de esta ciudad se esfuerzan por dejar el mayor número de sillas libres ocupando una persona mesa para 4 (las hay de 2, 3 y 4, que se pueden juntar para dar solución a comidas en grupo). Además, tuve un pequeño altercado con una vieja (sí, sí, vieja, en el peor sentido de la palabra) que, creyéndose más que los demás, ocupó para 2 una mesa de 6 (justo los que íbamos). Después han habitado las paredes unos carteles prohibiendo pre-ocupar mesas...

Después vienen los dos chinos, de 6.73€+IVA y 7.60e+IVA respectivamente. El chop suey de pato del segundo hace que el precio no incline demasiado la balanza y quedan prácticamente empatados en el ranking. Lo malo, que el estómago sólo admite uno por semana...

Había uno en el que un gay llamado Gorka te pedía el nombre; eran 8.20€, pero no estaba mal para cambiar de aires de vez en cuando. Lo malo, la estrechez de las mesas.

Y el último de los mejores, uno por 8.50€ con buenísima comida en el que hay que esperar una media de 20 minutos para coger mesa. Yendo dos compensa, porque hay mesas para 2 y se libran más rápidamente. En este hay que darle el nombre a la frutera... una que tiene un mostrador de peras, vaya... Lo malo es que si vas más de 4, seguro que te tiras la hora y media de la comida esperando.

Y, bueno, el siguiente en el escalafón, el primero de los malos, un Telepizza al que es mejor no ir demasiados. Especialmente indicado si estamos bastantes, sale económico, pero la comida casi te sienta peor que la del chino. Para no repetir cada semana tampoco.

Así que así ando, cada día en un sitio diferente, esperando el día en el que haya microondas en la oficina y poder comer encima del teclado (qué triste). Ya estamos varios que pensamos en tuppers con ensaladas frías para las cálidas horas veraniegas...

Al menos, que no nos pase nada, como a otros...