Memorias de una Geisha

Me temo que con mi tendencia a admirar todo lo japonés y una novia a la que le encantó el libro, era inevitable ir a ver esta película.

Fue el sábado, a media tarde, en un centro comercial que odio y al que no suelo ir (no llegábamos en hora a otro sitio...) y por un precio a todas luces abusivo de 5.80€. Parecen las condiciones en las que se cometió un delito, efectivamente, me robaron.

Y no porque la peli fuese mala o no me gustara, nada más lejos, sino porque son cómplices de que luego no pagase un duro por ver King Kong o The jacket y Ojalá fuera cierto...

En fin, a lo que vamos.

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Llegamos con la peli recién empezada, de modo que los primeros n minutos no los vimos. Es lo que tiene llegar con el tiempo pegado al culo a un sitio donde aparcar es toda una odisea. Odio pasar más tiempo aparcando que yendo.

Tal vez alguien pueda contarme el inicio alguna vez, pero yo la empecé a ver cuando la madre de la prota se muere y el padre, lleno de orgullo y satisfacción, vende a sus dos hijas como putas. Así de duro, sin más. Paso de hijas y como quiero un futuro para ellas en forma de vida establecida y un presente para mí en forma de dinero contante y sonante, las vendo.

No lo vi, pero echando cuentas debe ser en torno a los años 30 o por ahí.

La niña, separada de su hermana y vilipendiada desde el inicio por la puta mayor de la casa donde va a parar. Y es que una japonesa con los ojos del color de la lluvia (léase azules) no debe ser algo muy habitual, y a pesar de lo que dijeran, la niña prometía con su sonrisa.

La cosa es que disfrazan el tema de la prostitución con un aura de danza, habilidades varias y bajo la manta del entretenimiento de caballeros. Puede que no pasara nunca nada, desde luego siempre con un absoluto respeto entre personas, pero nada hace siquiera sospechar que una geisha es en realidad una prostituta de lujo hasta que, pasados unos años y convertida en una gran principiante, se vende su mizuage, su virginidad.

Puede que no se acuesten con los clientes habitualmente, que se dediquen a las eternas horas de la ceremonia del té, pero vender la primera vez de alguien no deja de ser prostitución.

Y es que uno en su inocencia esperaba ver algo más allá y, a pesar de hacerlo, no puedo sino estar un poco decepcionado al ver que todo se reduce a lo de siempre, hombres con dinero consiguiendo lo que quieren de mujeres con talentos.

La película, de todas formas, está muy bien, me gustó mucho la ambientación y todo el rollo ceremonial, que ya se sabe que me gusta siempre. Y en fin, que si Ziyi Zhang me gusta mucho como personaje y actuación a pesar de que los ojos azules son un efecto de posproducción, tengo que decir que caigo rendido a los encantos de la mala: Hatsumomo, un personaje quizás más interesante que la propia protagonista, y que refleja perfectamente el futuro que le espera a la misma... si no ocurriera que...

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La mala es en realidad otra víctima del sistema


Recomendable verla, disfrutarla, aunque, como siempre se dice y esta vez no iba a ser una excepción, a los que conozco que lo han leído, les ha gustado más el libro.