El Club Dante

Sí, esta vez he conseguido terminarme el libro de la biblioteca en el plazo establecido de un mes. Puede que no parezca demasiado mérito, pero dado que sólo leo en el autobús, a veces ni siquiera, durante la media hora que dura el viaje, me doy por satisfecho.

Admito, además, tener que releer algunas páginas varias veces, porque el sueño de la mañana o el cansancio de la tarde minan mi concentración.

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... me acabado de leer El Club Dante, de Matthew Pearl....


Muy en la línea de La Cuarta Verdad y comparado como aquél con Umberto Eco, esta misteriosa historia se encuadra en el Bostón de la postguerra civil americana. Allá por el 1865, cuando el salvaje oeste aún era salvaje, se nos muestra, con la excusa del viaje para encontrar al asesino, todas las miserias y alegrías de la Guerra Civil y de sus consecuencias a todos los niveles sociales. Desde veteranos destrozados por la misma hasta las ricas familias que prefirieron pagar para no ver a sus hijos vestidos de uniforme en el frente (pasando por aquellas otras que, aunque desahogadas económicamente, sí los vieron partir).

La historia comienza con un grupo de poetas, encabezados por Henry Wadsworth Longfellow, todo un pedazo de nombre, para todo un pedazo de personaje, que se encuentran inmersos en la primera traducción al inglés de la Divina Commedia, de Dante Alighieri. Paralelamente, lo que parecen un par de asesinatos inconexos e incoherentes, acaban teniendo que ver con esa traducción más de lo que los autores pueden llegar a desear.

Y hasta ahí puedo leer.

Lo que sí puedo decir es que prácticamente me veía a mí mismo recorriendo las calles de los barrios bajos de Boston siguiendo a algún personaje o visitando las casas como una visitia turística. Después, he leído que esto ha sido una característica de la novela que muchos resaltan. Más allá de la veracidad histórica de algunos personajes, por supuesto, la historia es ficticia, y de algunos de los hechos circundantes que se narran, al leerlo es como si poco a poco se fuera montando una fotografía del escenario en el que ocurre todo, y al final acabas viéndolo como en el GTA, que sabes que tal calle es muy larga o que tal sitio está cerca de tal otro.

A mí me ha pasado.

Y la trama, la historia enrevesada que se va desmarañando a medida que pasan las cuatrocientas y pico páginas del libro, es muy interesante. Con el clásico momento mosqueo por la tendencia a pensar que este o el otro están implicados y que acaba resolviéndose de manera eficaz e inteligente.

Es inevitable acabar riéndonos de nosotros mismos por no haber sido capaces de notar las pistas que el autor nos va dejando por el camino, tapadas muchas veces por el resto de los componentes de la historia, cuando al final se nos hacen notar a la par que los protagonistas las descubren.

Un gran libro para disfrutar, muy en la línea de la ficción histórica habitual en estos tiempos, y que es posible que retome con otro libro del autor, La Sombra de Poe, que tiene como protagonista en el título unos de mis autores favoritos. Espero que esta primera novela del autor no haya influido demasiado en el estilo de este otro y que no sean iguales.

Entre uno y otro, ya tengo en casa, esperando para abrirse a mí, a las Cartas desde el Infierno, de Ramón Sampedro.

Veremos si me deprimen lo suficiente como para dejarlo a la mitad... o no. De momento, tengo ganas de leer la propia Divina Commedia algún día.