Arde París

Aunque el título sea el mismo que una canción de Ana Belén, esta vez no se trata de sana retórica ni de ingeniosa metáfora.

Ahora es literal. París lleva diez días, con sus días y sus noches, viendo su cielo iluminado por la luz y contaminado por el humo de coches, contenedores y guarderías ardiendo. Coches que arden por causa de una revuelta popular que se germinó en los suburbios más desfavorecidos de la capital francesa.

Supongo que para saber de qué va todo esto es inevitable que uno se fije en el color de la piel, como si los pitufos fuesen siempre los buenos o Gargamel siempre vista de negro. Resulta que, coincidencia o no, los perturbadores de la paz son 99.99% franceses hijos de inmigrantes. El otro es el ministro del Interior, que ríete tú de la época de don Mariano.

Resulta que, según he podido leer, el anterior gobierno socialista promovió varias iniciativas para tratar de mejorar la vida en esos suburbios pobres a través de actos públicos organizados por la policía local. Esto, que suena tan bonito, parece que no era del gusto del actual ministro del Interior francés, Nicolas Sarkozy, que dijo que esas cosas no eran trabajo de la policía e instauró un nuevo sistema de tolerancia cero en esos barrios. Mano dura para ayudar a regenerar esas zonas, sí señor.

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Si parece el protagonista de una comedia de situacion americana!


Puede que no toda la culpa de que esos barrios se hayan convertido en lo que son no sea del todo del gobierno (actual y/o previo), puede que sí lo sea, no lo sé, no entro en ello, que alguien lo comente, pero lo que está claro es que una vez que el problema está ahí, de poco vale tirarse la culpa los unos a los otros. Mientras unos discuten apoltronados en sus asientos, miles de personas se ven abocadas a un estilo de vida que muy probablemente no elegirían en igualdad de oportunidades. Supongo que de todo habrá, como en todos los lados, pero desde luego una sociedad que se cierra en ghetos por el aislamiento al que se ve sometido (de uno y otro lado, probablemente) no es el mejor caldo de cultivo para que salgan de ella una generación de librepensadores demócratas con mucho que perder. Cuando no tienes nada, ni siquiera esperanza, es mucho más fácil echarse a la calle a pegar fuego a lo primero que pilles, apedrear a la policía, etc.

Cuando miles de personas se ven excluidas, apartadas, es muy fácil que unos pocos siembren la semilla del odio. Y en un escenario así, que el ministro del Interior empiece llamando chusma a miles de personas es como encender una cerilla en una gasolinera.

Según leí la semana pasada, todo comenzó cuando un par de jóvenes franceses hijos de inmigrantes escapaban de la policía. No sé cuál fue su delito, pero seguro que no merecieron el destino que sufrieron. Escapando, digo, se escondieron en un transformador y se electrocutaron.

A partir de aquí, supongo que mucho dolor, mucho odio, poca sensibilidad y poca mano izquierda.

Chicos echándose a la calle para protestar por lo que, supongo, son sus derechos como ciudadanos, y el gobierno que ve cómo se le escapa de las manos un asunto que se ha extendido a otras ciudades francesas.

Me parece un gran problema, donde nadie parece querer sentarse a una mesa de negociación ni a dialogar. Más que una protesta (que lo será), parece un acto de hartazgo, de basta ya. No sé si se podrán organizar las cosas de tal manera que se establezcan interlocutores de ambas partes. Dicen que los ataques son organizados, también que actúan como guerrillas evitando el enfrentamiento directo, incluso que los extremistas islámicos tienen su mano por ahí metida. No lo sé, pero si son grupos de personas que han visto su oportunidad de desfogarse y protestar en contra del ministro y no están organizados, no sé quién se va a poner como interlocutor suyo...

Por aquí ya se dice eso de las barbas del vecino para justificar una política de inmigración más dura, como advirtiendo de a dónde se puede llegar. Yo aplicaría el mismo refrán para algo diferente: más dura, no, mejor.

Supongo que hay mucho racismo soterrado en una sociedad como la francesa, donde casi no hay blancos en su selección de fútbol (y muchos jugadores son de ascendencia extranjera, como Zidane, Trezeguet o Makelele).

O puede que este sea el inicio de una nueva revolución, la de los pobres, que otra vez empieza en Francia.

O puede que acabemos con el ejército en las calles, haciendo frente a aquellos a los que juran proteger.

P.D: Añadir que hoy se verá por primera vez a Leonor en manos de su mamá, y al canal Cuatro, heredero de Canal+... sólo para que conste, como en los juicios.