Alegría desbordada

Estamos todos de enhorabuena. Bueno, casi todos. En realidad, los monárquicos y yo. Todo aquellos elementos que no pertenezcan al conjunto indicado, pueden evitarse el mal rato de seguir leyendo este post de hoy.

O no...

Los monárquicos están de enhorabuena porque les ha nacido otro elemento al que rendir parabienes y dedicar tertulias: la elefanta Sofía.

Anda que no están dando guerra con la niña de las narices. Desde las mañanas de Ama Rosa hasta las tardes de A tu lerdo, desde la idoneidad del nombre hasta la liada como nazca un niño, todo el mundo de las tertulias cutre-televisivas tiene algo que decir al respecto.

Que si ya ha conocido a su abuelo que estaba nosedonde, que si la abuela ya ha vuelto del funeral del Rostropovich, que si Leonor la ha acogido muy bien (sabrá algo con meses de vida...), que si Rajoy ha ido cuando ya no estaba ZP, que si hoy, como es el cumple de uno de sus primos (no se me pregunte de cuál), están todos haciéndole carantoñas al cumpleañoso y no a la elefantita, etc, etc, etc... para aburrir y para vomitar.

Vamos, que ya creo que se nota que a mí no me toca nada esa parte de felicidad que se le supone a unos monárquicos que no me encuentran entre uno de sus miembros.

La felicidad, podríais pensar, podría venir de haber visto a Froilancito menos Froilancito que nunca y a punto de convertirse en un adolescente pajillero, pero no, ni siquiera eso me habría levantado el ánimo de manera tan falesca como lo que ha acontecido este pasado mes de abril.

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Soy un pesao con esto, pero es que me alucina esto, de verdad...