Leyendo espero

Los viajes en autobús en agosto son un puto engorro. Los horarios se vuelven locos para los que tenemos una rutina diaria. No somos conscientes de que el mundo sigue de vacaciones en agosto, o nos lo creemos, para no cagarnos en la madre del trasporte público.

La cosa es que, además, tener que ir solo en el bus, sin nadie de compañía para entablar conversación durante la media hora de viaje, ni el 20minutos de rigor para poder leer un rato, me estaba volviendo loco. Los viajes se hacen laaaaaaargos.

Así que me he embarcado en el beneficioso placer de la lectura. Y no ligera, precisamente, porque en dos semanas de idas y venidas, me he tragado las 800 páginas de La ecuación Dante.

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Portada del libraco


Otro cuyo título le hizo sobresalir de entre los demás en las baldas del erosqui, no nos vamos a engañar... bueno, y su tamaño, que quería uno que me durase un poco.

Pero es que me ha durado dos asaltos, de una semana cada uno.

El libro empieza bien, mezclando el estilo de El Código DaVinci con un poco de palabrerío malsonante que lo hace más cercano a la realidad; menos americano. Mejor decir "coño" que "caracoles", vaya...

Cuatro situaciones diferentes van a confluir a un punto sin saber demasiado bien cómo. Un rabino de Israel, una científica americana, un pseudoperiodista de sucesos paranormales y un marine del Departamento de Defensa parecen tener poco en común, sobre todo si por detrás de todo hay una sombra del Holocausto judío...

Pero lo hay.

El libro va genial entre teorías que para un ex-estudiante de físicas rayan la tontería, pero que son verosímiles por cómo se cuentan. Te las crees porque el personaje así lo dice y ya, es la realidad del libro, pero me la creo. Digo que va bien, porque salta de unos personajes a otros entretejiendo la historia. Sabes una parte por unos y otras por otros y sólo tú lo sabes todo :D

Todo acaba confluyendo en Auswitzch y un tal rabino Joseph Kobinski que la lió parda en su día.

Y acaba la primera parte... y la realidad en la historia.

La segunda parte es una majadería comparada con la primera, al menos a nivel credibilidad. Creo que se pretendía mantener la verosimilitud en la primera parte de modo que la segunda resultara al menos defendible, pero a mí no me lo ha parecido así.

Baste decir que devoré la primera parte, y traté de pasar por encima de las últimas 400 hojas como quien trata de rematar los últimos metros de una carrera. En cuanto vi que no me gustaba por donde iba, y que se iba a tirar el resto del libro por aquellos derroteros, sólo pensaba en terminarlo y a otra cosa, por no dejarlo a medias.

Así que, desde aquí, vaya una recomendación: si alguien lo va a leer, que lo deje cuando empieza el "segundo libro" (hay tres, pero el tercero es casi irrelevante por su pequeñez).

Puede que se quede con la piel en el pellejo de ganas de seguir, porque termina como un final de temporada de las mejores series, pero no, alto, no lo hagas. Mejor quedarse con ganas de más, que terminar con un empacho de 400 páginas de chufa. Aunque oye, lo mismo os gusta. No sé. Por aquí hubo quien torció la nariz cuando vio que lo estaba leyendo, y a las tres páginas del segundo libro supe inequívocamente por qué.

Ale, primer post literario pendiente listo, menos mal que el embarazo de la Beckham o la delgadez de Letizia no son suficientes para rellenar un post.

Por cierto, que Dante no sale en el libro por ningún lado... :S