Educar al Ciudadano

Venga, admitidlo, casi todo lo que sabéis sobre sexo lo habéis aprendido antes de los quince y a base de leyendas urbanas de patio de colegio.

Si no habéis vivido esto, es que no habéis tenido una infancia como hank manda. Temas como que las chicas se preocuparan de dejar de ser vírgenes por montar a caballo (ellas montando al caballo, no al revés, ojo) o el de acusar de pajillero incombustible al pobre padecedor de acné juvenil prematuro, han pasado por la mente de casi todo hijo de vecino; y si no, es que no sabéis lo que es la vida.

Bueno, admito que habrá habido casos de padres menos pudorosos que hayan tenido los hígados de hablar de sexo libremente con sus hijos (e hijos que han podido soportarlo, claro); hijos que se sentirán excluidos de este post, pero que seguramente no han disfrutado tanto de esa sabiduría estúpida.

Después, hemos tenido que aprender, vía revistas de mayores o visitas a la biblioteca, la realidad de un tema cuya educación deja bastante que desear (al menos en mis tiempos, el tema sólo era incipiente). Será, tal vez, porque nada como la experiencia propia para descubrir la realidad de cada uno.

Y es que, como en pocas otras cosas, no existe generalidad en cuanto a la sexualidad humana se refiere. Si antes un homosexual era, en el mejor de los casos, un enfermo, hoy en día un programa de media tarde no es nada sin uno... si antes una madre soltera era poco más que una prostituta que no cobra, hoy en día más de alguna lo habría preferido a aguantar un maltratador durante años.

Otra de esas pocas cosas donde la experiencia de cada uno puede corregir las barbaridades aprendidas previamente es, precisamente, donde el gobierno pretende hacer hincapié con la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, que tanto revuelo ha generado entre los católicos más exacerbados.

Admitámoslo, o hemos tenido unos padres muy politófilos, o no hemos sabido que teníamos derecho a una vivienda digna o a que no se nos discrimine por razones de sexo o religión más que por oídas. Los estudiantes de derecho que hayan tenido que tragarse la Constitución de pe a pa no cuentan.

Por eso, me parece muy bien que una asignatura así, sin exámenes si cabe, y a modo estrictamente informativo, muestre a la chavalería lo que significa vivir en un estado democrático, capitalista y aconfesional. Y luego que cada uno haga con esa información lo que se le ponga en las pelotas.

Pero al menos que no llegue a la mayoría de edad (y en consecuencia a tener derecho a votar e influir en la vida de todos los demás con su voto) sin saber para qué sirve meter eso que tiene en la mano en la raja cada cuatro años...
No puede ser que las bases con las que cuente para decidir su voto sean única y exclusivamente lo que le cuenten los medios. Eso sí, esta asignatura debe ser lo más neutra posible y acorde con la Constitución, y totalmente al margen de la ideología del gobierno de turno.

Porque si la realidad es que los gays se pueden casar, esa es la realidad, otra cosa es que quien tenga que impartir la asignatura esté de acuerdo o no. Y ahí entra ser buen profesional.

Ojalá hubiera tenido yo una asignatura así en lugar de Plástica o gilipolleces parecidas, al menos habría salido de la escuela sabiendo que tengo unos derechos que nadie puede pisotear con impunidad y alevosía... como cuando pretenden que no entres en un cine con palomitas del súper de la esquina...