MunduMira

No suele ser habitual que en un pueblo como el mío (Arrasate-Mondragón, para los menos habituales) se organicen actos multitudinarios.

Este fin de semana se preveía una avalancha de visitantes, autobuses repletos de personas dispuestas a pasarlo bien y dejarse el dinero en diferentes actos organizados para dar publicidad de la región. Se habían preparado campas donde se podría aparcar el coche sin tener que meterse al atasco monumental que se veía en que se iba a convertir todo el centro del pueblo (muy medieval él).

Fracaso total.

No sólo no vino la marea humana que se pensaba, sino que creo que la gente del propio pueblo huyó a las playas cercanas al ver que el sol salía como hacía tiempo no se recordaba.

Así pues, lo que se rumoreaba que iba a ser un infierno, se convirtió en una serie de actividades muy localizadas a las que dio gusto acercarse por no tener que empujar a nadie y, lo que es mejor, por no tener que soportar los empujones de los demás.

El viernes aguantó el tiempo y acudimos a las 00:00 a lo que se presuponía iba a ser un concierto de músicas africanas. Llegamos un poco pronto o el concierto empezó tarde, la cosa es que tuvimos que tragarnos los estertores de un tal Gari, sobrevalorado artista nacional, hasta que acabó.

El grupo africano resultó ser de Senegal. Con unos ritmos exclusivamente percusionistas, animaron a las de por sí frías mentes propias del pueblo. Bongos, palos, bailes. Gran espectáculo de luz y de sonido. Ritmos tribales, sonidos africanos, los pies se te iban solos, la verdad.

El concierto iba bien (tal vez las canciones se hacían un poco largas), hasta que, llevado por el ímpetu, a uno de los componentes se le ocurre decir:

- ¡Viva Senegal!
- ¡Viva!
- ¡Y viva España! - la acabas de liar, tía Paca. Pobre insensato, acabas de encender una cerilla en una gasolinera...

Silbidos, abucheos, gritos varios.

- ¡Viva el País Vasco! - corrigió otro componente tal vez más avispado, tal vez más informado. Cerilla apagada.

- ¡Viva! - todo arreglado.

El concierto acabó muy bien, con todo un elenco de lo mejor del pueblo meneando sus torpes caderas al ritmo de la música.

De todos modos, no he podido dejar de pensar en lo ocurrido. Es lo típico de cualquier concierto que el artista intenta hacerse con el público recurriendo al ¡Viva Murcia! o ¡Viva $CELEBRIDAD_LOCAL!. Es una manera bien sencilla y eficaz de llevarse al público al bolsillo para el resto de la actuación. Es que solemos aborregarnos al juntarnos todos y cuando nos tocan lo nuestro, como que nos identificamos con el artista.

En fin, que el pobre senegalés intentó hacer lo propio con un hermanamiento puntual entre Senegal y Mondragón, pero el tiro le salió por la culata.

La verdad es que me toca las narices que, como anfitriones de un grupo africano que viene a mostrarnos sus artes, no se supiera asimilar el error y dejar al tipo en paz.

Hubiese sido más educado, y más acorde con lo ocurrido después el domingo, cuando una buena noticia me asaltó desde el periódico. Era tal realmente buena que tuve que leerla un par de veces para asegurarme de que lo había entendido bien.

Resulta que el G8 (el selecto club de los ocho países que más han robado en la historia de la humanidad; es curioso que Egpaña no esté ahí, se conoce que no se gestionó demasiado bien lo robado) ha perdonado la deuda externa a los 18 países más pobres del mundo. Entre ellos, Senegal, cuna de nuestros queridos músicos que tocaron con su mejor voluntad en Mondragón.

Entre ellos, se encuentra también Bolivia, donde parece que están al borde de una guerra civil que espero que no sea necesaria para cambiar las cosas.

En fin, que a ver si esto permite que los países que después de esta condonación de deudas ahora sean los 18 más pobres también tengan su punto de caridad humana.

Aunque no estoy muy seguro, porque lo que mi sentido arácnido me está chirriando, en intento de avisarme de que aquí hay gato encerrado.

Por ahora, voy a confiar en la buena voluntad de los poderosos... miedo me da.