Miss Potter

No, no se trata de ningún concurso de camisetas mojadas vestidas con capa de mago, no, ni siquiera de la hermana pequeña del archifamoso y repelente (al menos en pantalla) mago.

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veis a esta? nada que ver...


Se trata de una de esas películas que pasan de puntillas por las carteleras y que he tenido la oportunidad de ver este fin de semana.

La vimos ayer, tras deja atrás un ajetreado aunque estupendo fin de semana, con esa mala gana de las tardes de los domingos, cuando quieres que el tiempo se detenga para que no llegue el lunes, el tiempo ideal para ver algo, al estilo Qué Vida Más Triste, que he vuelto a retomar hace unas semanas.

La peli, decía, parece de primeras del estilo Descubriendo Nunca Jamás, mágica historia ambientada a primeros del siglo pasado (o finales del anterior, no recuerdo...).

Pero no. En realidad la película no llega a los niveles de aquélla, porque si bien trata de obtener un plato sabroso a base de toques de fantasía, romance amoroso (valga la redundancia... o no?) y un poco de rebeldía feminista, al final el plato se queda como un combinado de piezas que no acaban de formar un todo común. Se aprecian la magia, el romance y la rebeldía casi por separado, sin que llegasen a conformar el plato deseado.

Tal vez es que me dio la sensación como de quedarse en una muy buena intención con una buena pareja de actores protagonista (Renée Zellweger y Ewan McGregor) y buenos secundarios (ingleses, imagino). Pero como se queda en nada al final, se diluye en su propia historia como las acuarelas del principio.

Y no será por falta de historia, porque se trata de un personaje real, Beatrix Potter, que se convirtió en la escritora de libros infantiles más importante de la historia del reino (unido...) a base de tesón y confianza en una misma por encima de las convenciones sociales de la época.

Supongo que fue una de esas mujeres que promovió el feminismo sin necesidad de quemar sujetadores y a base de vivir la vida a su manera sin importarle lo que dijesen los demás, empezando por su madre.

Desde su más tierna infancia, a base de explotar una magnífica imaginación y gusto por los animales, la señorita Potter pasa de los treinta habiendo rechazado a todo posible pretendiente, y más pendiente de la publicación de su primer libro que de las peroratas de su madre. Con un toque de suerte necesario en toda historia, acaba publicándolo y siendo la artífice de un éxito brutal que la libera de las cadenas de su condición social para ser libre e independiente. Del dinero le nace la posibilidad de vivir como desea, lo cual no es moco de pavo para la época.

La idea subyacente en todo momento, es que más allá de la libertad económica que se ganó con su talento, se encuentran la posibilidad de haber crecido como creció (un padre medio artista frustrado fue un gran caldo de cultivo) y el haber sabido pasar por encima de todo y todos para vivir a su manera.

Tal vez haya quien esté pensando que todo esto de vivir a su manera en realidad es una manera de hablar de su lesbianismo, pero nada más lejos, al menos en este caso, o que se sepa.

En fin, que para pasar la tarde de un domingo cualquiera es interesante dejarse llevar por el movimiento de sus dibujos cuando le hablan, y de la historia en general, aunque uno se quede con la sensación de que se podría haber entrado mucho más en detalle en la historia de esta mujer, que parece pasar de puntillas entre secuencia y secuencia.

Y es una lástima, porque se podría haber llegado a mejores resultados, creo yo.