Llueve sobre mojado (otra vez (literalmente))

Esta semana se presenta incolora, inodora e insípida, con tanto agua corriendo entre peticiones de un navegador que a saber dónde anda y un servidor de blogger que a saber por dónde queda.

Ayer comentaba el tema de las urbanizaciones de lujo (golf included) y el uso abusivo del agua en zonas de escasa afluencia fluvial.


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La gota de la discordia...


Hoy, mira tú, Pinochet y su oro de Hong-Kong va a tener que esperar una nueva ocasión para salir a la palestra y me voy a regodear en mi post de ayer, que creo que lo leyó la ministra Narbona y se ha puesto las pilas.

Resulta que a pesar de que las reservas de agua, esas de las que todo el mundo se acuerda en verano cuando va a veranear a Andalucía o el interior más caluroso, han subido como un 5%, el gobierno se está planteando una política de buen uso del agua a nivel general.

Según dicen, la cantidad mínima de agua que una persona necesita al día es de unos 60 litros. De modo que, según se habla, se pretende penalizar de alguna manera a todos aquellos que se pasen de esta cantidad. Penalizar económicamente, claro, que es donde nos duele y donde nos tienen que pegar para que hagamos caso...

La pega viene de que una ducha de cinco minutos ya implica ese gasto de agua, y que el españolito medio se ventila, él solito, unos 170 litros diarios del líquido elemento.

Para mí, la verdadera cuestión no es si nos basta con 60 litros, sino si dejaremos de dejarnos el grifo abierto al lavarnos los dientes o al afeitarnos, o si nos enjabonaremos siete veces en cada ducha, o si dejaremos un hilo de agua todo el día para que el gato beba agua fresca y limpia cuando le dé la gana.

Cambiar los hábitos adquiridos es un gran proceso que implica concienciación y determinación para llevarlo a cabo. La pasta me parece un gran acicate para que los menos solidarios con el resto asuman su parte de responsabilidad en la solución y dejen de derrochar agua.

En cualquier caso, supongo que la dicha debiera ir por barrios, porque si por aquí, en las alturas, llueve 100 días al año y lo tenemos que soportar, el agua debiera costarnos menos. Digo yo, no sé.

Aunque, tal vez, ese aguantar se traduzca en una menor multa por uso excesivo.

Lo cual, nos lleva al verdadero meollo de la cuestión. ¿Se trata de pagar lo mismo o más? ¿O se pagará menos por usar menos? Quiero decir, siempre que se pasa a un variable de estos, la banca gana porque o se paga lo mismo o se paga más, no se pasa a un escenario en el que se premie el poco uso con un pago menor, si no que siempre se castiga con un pago mayor. De este modo, todo puede no ser más que una triquiñuela para sacarnos dinero.

Y no estaría en desacuerdo si no fuera porque se trataría de una especie de impuesto indirecto sobre un bien tan necesario como el agua. Si quieren subir los impuestos para tener más dinero, que suban los impuestos directos, que son los que cada uno paga en función de lo que gana, y no los indirectos, que todos tenemos la misma necesidad de beber, lavarnos, etc. independientemente de lo que ganemos.