Me la he pegao

Hace días que viendo pesando en mostrar la intimidad de mi rutina matutina, como ejemplo de optimización del algoritmo para maximizar las horas de sueño. Bueno, en realidad se trata de minimizar las horas en las que paso sueño, básicamente intentando dormir más tiempo intentando apurar la hora de levantarme por las mañanas.

Precisamente, hoy, es un horrible ejemplo de ello.

Los viernes entro a currar a las 8:00, por lo que, para llegar al bus de las 7:30, normalmente me levanto a las 6:50. Ayer tuve un pálpito, un nosequé, y me puso el despertador a las 6:45, lo cual puede parecer una chorrada, pero he constatado que cinco minutos son la barrera entre llegar al bus sin prisa o estar con el reloj pegado al culo todo el día.

Así pues, me he levantado y así se han sucedido los acontecimientos, que me han llevado a llegar media hora tarde:

- Le levanto, abro la ventana y la persiana.

- Voy al baño, micción matutina, abro el grifo un poco para que el agua se vaya calentando.

- Salgo como un pesado tren hacia la cocina, como paso por el salón, enciendo la tele. Informativos Telecinco, a ver qué pasa en el mundo: parece que Rocío Jurado está muy malita.

- Voy a la cocina, luces, abro el frigo, saco la leche, la echo en el tazón, abro el microondas y pongo a calentar la leche. Cierro el frigo.

- Repto de nuevo al baño, el agua ya esta calentita, me aseo. Justo cuando termino oigo el ding del microondas.

- Me pongo el pantalón y la camisa. Quedan geniales con las zapatillas de casa.

- Voy a la cocina. Saco la leche, elijo qué desayunar y desayuno. Escucho las noticias. Termino.

- De nuevo al baño, lavado de dientes.

- Cuarto, hago la cama, bajo un poco la persiana, la ventana, abierta en batiente.

- Me pongo la corbata, cojo la gabardina, ¿lo tengo todo en los bolsillos? Cartera, tarjetero, llaves del curro, pañuelos (estoy un poco menos malito que Rocío, otra vez), billete para el bus, móvil, coartada y oportunidad. Está todo.

- Disyuntiva, es pronto. 7:15. ¿Me siento a ver la tele o...?

- Gana la segunda opción. Tengo 10 euros en la cartera y el billete morirá en el próximo viaje. Vale, me da tiempo a ir al cajero de camino a la parada, y con un poco de prisa compro un bono de 10 euros antes de subir al bus.

- Salgo, me he dejado el paraguas, pero no llueve, si subo ya no llego, sigo.

- Veo el cajero hay un chico dentro del grande y se va al pequeño. Debe tener un pantallazo azul o algo...- pienso.

- Justo cuando voy a llegar, una chica sale de la vuelta de la esquina y me adelanta en el último momento. Vaya, tocará esperar...

- El chico sale. Llega otro y se pone a la cola. La chica tarda.

- Al fin, saco 20, mierda, voy a andar justo, son como las 7:22 o algo así.

- Voy a buen paso. La mocarrera que se ha parapetado en mi garganta dice que el Fluimucil le ha dicho que tiene que salir y pide paso en el peaje de la nariz.

- Paso ligero, hop, hop, buscando pañuelo. Encontrado, pie derecho ve truncada su trayectoria, hemos chocado con algo.

- Pie derecho no avanza; confirmado, acabo de tropezar.

- ...

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Falta, falta!!!


- Me duele la rodilla izquierda, es la que paró el golpe. No oigo a nadie preocuparse, creo que no había nadie, de todas formas.

- ¡EL TRAJE! - sólo puedo pensar en llegar al autobús, creo que debería ser más flexible con estas cosas.

- Miro la rodilla, y me la veo, el siete es del tamaño de una sandía. El rasponazo y la sangre de la rodilla me saludan.

- Acción, reacción. Este es el plan: hoy llegamos tarde, vamos a casa, cámbiate, reza una oración por el traje caído en acto de servicio, y volvamos al frente; en media hora hay otro autobús.

- De nuevo en casa, me dan ganas de llamar y decir que me han atropellado. ¡Hoy fiesta! Pero va a ser que no. No hay tiritas, ni botiquín. Me lavo las heridas, me quito el traje. Hay que cambiarse la corbata, no pega con el traje gris. Al final, improviso un apósito con papel higiénico y una goma que llegó a casa de no se sabe dónde. Al menos así no se manchará el traje. Dejo al maltrecho traje accidentado reposando sobre la cama y salgo.

- Llego de sobra para comprar el billete y coger el autobús...

- ... y llegar media hora tarde.

- Mientras recorro la calle de siempre, sin la prisa propia de quien ya se sabe que llega tarde, he llamado por teléfono. Ella siempre me hace sentirme bien cuando pasa algo raro. La verdad es que todo esto me jode más a nivel mental (serás torpe, tenías que haber probado en el otro cajero para no perder tiempo, pa qué corres con zapatos, ya cogerás el bono en Bilbao), en el que no puedo evitar pensar en cómo haberlo evitado, que a nivel físico. Y los típicos ísis que no te dejan de rondar por la cabeza: ¿y si no llego a tener otro traje? ¿y si me pasa en Bilbao? ¿Voy al curro con el pantalón roto? No tengo respuesta para estas preguntas y tienden a convertirse en el run run, el run run...

Y creo que la circunstancia no lo merece. Me la he pegado, sin más.