Muerte al Maltratador

Es una lamentable realidad que temas que socialmente deberían ser tratados con el sentido común y de responsabilidad impropio de los gobernantes son utilizados por la prensa rosa amarillista para hacer caja.

Desde el respeto a la vida y el secreto de los muertos, por muy famosos que estos sean, hasta el maltrato a las mujeres, que se ha convertido en arma arrojadiza entre quienes compartieron techo en Gran Marrano y demás famosetes.

Si bien es cierto que las cosas han cambiado mucho desde que La Chunga soltó aquello de mi marido me soltó alguna guantá, pero sólo cuando me la merecía en un programa de televisión, no lo es menos que desde que los programas del colorín ponen en el top de los tops de los pecados al maltrato, es cuando la cosa se ha popularizado.

Si antes no había problemas por llamar maricón de mierda (con perdón) a un homosexual, hubo una época en la que poco menos que había que ser gay para no parecer un homófobo.
Después (o antes, da igual) pasó el turno al racismo con el tema de la inmigración y, por fin, al maltrato.

Lo malo no es que estos asuntos salgan a la luz y que se reproben socialmente actitudes que para nada contribuyen al bien común, lo es el hecho de que cuando se pasa la moda y se elige otro pecado, el bien conseguido no se consolida.

Joder, programas de dudosa calidad e innegable audiencia haciendo de referentes morales. Y lo jodido no es que las personas de a pie que lo vean se hagan eco de lo malo que es tal o cual actitud de turno, sino que hacen de referente moral de quienes también ven la televisión en esos horarios: los niños.

En fin, que ahora parece que está más de moda criticar a los mentirosos a cuenta del polígrafo de cada tarde, de modo que, para que no caiga en saco roto, sigo aquí con el tema del maltrato.

El gobierno se ha subido al carro de solucionar este problema a base de actuar después de que el problema existe, sin que nadie parezca dar iniciativas que tomar a nivel preventivo, que es como se arreglan las cosas. La cuestión no es barrer más a menudo, sino ensuciar menos.

En cualquier caso, siempre está bien que los maltratadores sean conscientes de su propia barbarie y se dejen de repetir esos miles de casos anuales, de los cuales sólo una pequeña parte son denunciados. Y no sólo esos que salen en los informativos, que son los más graves y los que más bombo tienen, sino esos que no salen nunca, esos de palizas silenciadas, de verdadero terrorismo_de_no_sé_qué_intensidad, de sometimiento y de secuestro de una vida.

Todos esos casos que no se denuncian tienen que ser erradicados a través de la prevención, y uno de los caminos es, sin duda, la educación. No ya educar en la igualdad, que lo mismo da pegar a un hombre que a una mujer, sino en el respeto, que no se pegue ni a uno ni a otro.

Bueno, pegar... pegar puede ser la punta de iceberg, porque el verdadero maltrato es el que mantiene a una persona atada a la voluntad de otra sin remedio.

Aunque, de todos modos, me ha venido a la cabeza que, como siempre, los verdaderos maltratadores, aquellos a los que les da igual a quien maltratan porque su número de víctimas excede todo lo imaginable.

Si a un maltratador casi ni se le da la oportunidad de reinsertarse y siempre tendrá el estigma de su acto, ¿qué se hace con el responsable del sumum de los maltratos (torturas)?