Derechos Públicos

Las cosas públicas están bien. Sobre todo, el poder, eso que todos quieren para poder servir a un pueblo que en teoría lo sostiene, está bien que resida en el pueblo. Pero en general, todo lo público, lo accesible a todos y cada uno de los integrantes de una sociedad, me parece bueno.

Algunos dirán que lo público sólo sirve para que los políticos se llenen los bolsillos con sus chanchullos, otros, que en realidad lo público debería tener prioridad de acceso para los que menos tienen, que los que tienen más, siempre pueden proveerse de las bondades que tiene a bien darnos aquél que gestiona lo público.
Independientemente, lo público, lo que es de todos porque así todos podemos beneficiarnos de algo, está bien.

Hay quien, por otro lado, quiere quedarse con ese bien público y de todos a base de artimañas.

Estos días hemos podido ver y escuchar (quien escuche más y vea menos, claro), cómo algunos intentan hacerse con lo que no es suyo a través de modificaciones en las leyes, o bueno, en realidad, quedarse con aquello que ya que lo manejan porque en su día el pueblo decidió darle ciertos poderes sobre ciertos elementos, algún día deben dejarlo de nuevo para que el pueblo decida qué hacer con ello.

Habrá quien con este párrafo alucine con la retórica y habrá (y/o habrá, en realidad) quien ya esté pensando en ciertos países allende los mares, donde ciertas personas pretenden modificar las leyes vía referéndum más o menos popular, para perdurarse con unos derechos que los ciudadanos le entregaron en su día para uso particular, pero con v de vuelta, no de vendetta.

Supongo que este otro párrafo habrá ya quien no dude en pensar en Venezuela, el “por qué no te callas" y el denominado en algunos medios, “gorila rojo". Y es que anda que no ha traído cola el famoso intento de modificación de la constitución para que, según interpretan algunos, Hugo Chávez se quede en el poder hasta que le salga de los mismísimos y sin que el pueblo tenga de vuelta su derecho a decidir qué hacemos con él (con el poder, no con Chávez, que también, supongo).

Hay quien vende el tema como un giro a la revolución bolivariana que llevará el verdadero poder al pueblo y lo eliminará de una clase política corrupta para dejar casi todo el poder en manos de un, denominado por algunos, iluminado que velará por que no se usen esos poderes en contra del mismo pueblo.

Por Bolivia se empiezan a oír tambores similares, que promueven una criticada discriminación positiva a favor de la comunidad indígena. Una discriminación positiva aceptada en muchos otros casos disfrazada de ley de paridad, y que en esta ocasión, no gusta a muchos. No sé si tendrá que ver con quién es el beneficiario de dicha discriminación, pero me da en la nariz que esa comunidad no ha acabado de ver con demasiados buenos ojos aquel cambio por el que perdieron su oro y su riqueza por la promesa de vida eterna en una religión impuesta a base de hostias (sí, sí, hostias, de pan sin levadura).

En cualquiera de los casos, no deja de sorprenderme que esos que critican tanto que unos se hagan con los derechos del pueblo para unas cosas, sean de la opinión de hacer perdurar al máximo los derechos de unos pocos sobre aquello de debiera acabar siendo derecho de todos.

Será que con la propiedad privada hemos topado, amigo Sancho, y esa, ay, tiene bastante poco de pública.