Los Simpson y el Teorema de Fermat

Que Los Simpson se han convertido en la serie de referencia, no sólo humorística, sino científica de la actualidad está más que comprobado. Ciertamente, con este inicio, no es difícil adivinar que mi capítulo favorito de las andanzas de esta familia yanqui es aquél en el que Homer acaba con sus huesos en el duro suelo y babeando frente a una pastelería de pasteles eróticos.

Puede que nada especialmente particular, salvo que las dimensiones de la realidad simpsoniana en ese momento no son dos, sino tres.

Grandísimo capítulo que no me cansaré de ver una y otra vez. Y a pesar de ello, aún hay cosas que siguen sorprendiéndome al no haber caído en ellas.

Como estudiante de físicas es bastante inevitable acabar amando las odiosas matemáticas como un irónico síndrome de Estocolmo. Y en aquellos últimos años del milenio, aún coleaban los denominados problemas del milenio; una serie de problemas no resueltos completamente, y con cierto aire pretencioso, te interesabas por entender... al menos su enunciado.

Pues bien, uno de ellos, y que hila completamente con el capítulo mencionado de la serie mencionada, es el archimencionado teorema de Fermat.

El teorema viene a decir que X^n+Y^=Z^n sólo se cumple, siendo X, Y, Z números enteros, si n=2. Es decir, que aquello de que la hipotenusa al cuadrado es la suma de los catetos al cuadrado es el único de estos que se cumple, para n>2 no se cumple.

Parece muy sencillo, pero dudo que hasta el propio Fermat se pegó una bilbainada al decir que no le cabía la demostración en el márgen en el que la dejó escrita para quebradero de cabeza de matemáticos de las siguientes generaciones.

Finalmente, se acabó resolviendo, pero mira tú por donde, cuando ya se ha salvado uno de los mayores escollos de la matemática moderna, va, y en ese capítulo dedicado a mostrar un universo de una dimensión espacial más de la habitual, va, y muestran un contraejemplo...

Joder, menos mal que tiene truco que si no, era para hacérselo mirar... madre mía... una vez más, mis mayores respetos a esa banda de guionistas liderados por el creador Matt Groening, por hacer del guión de una serie animada un auténtico rompecabezas para menter inquietas.