En ocasiones veo muertos

En vista de que en los últimos posts me he dedicado a la vida poco contemplativa, hoy voy a sumergirme de nuevo en las desgracias ajenas para que no se diga, no vaya a ser que al final no haya ninguna incómoda verdad en toda la semana.

Emulando al chaval de El Sexto Sentido, en ocasiones veo muertos. Enumerando, que es gerundio.

Una de las grandes series nacionales fue Médico de Familia, una serie políticamente correcta, demasiado blanca y probablemente poco realista, pero desde luego una de las series más seguidas de su época.

Resulta que el actor que hacía de Matías, un auténtico crack (el personaje y el actor), ha muerto. Así de crudo. Uno siempre piensa que el tiempo sólo pasa para sí, pero de vez en cuando la realidad se encarga de recordarnos que el tiempo pasa y pasa para todos. La verdad es que es una pena, aunque siempre nos quedará el DVD o el e-mule para tenerle siempre en nuestro recuerdo.

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Otro muerto ha venido (o se ha ido, según se mire) a partir del lío que se ha montado con los pollos.
Resulta que en una partida de pollos (no puedo evitar pensar en ese cuadro de perros jugando al poker) está contaminada con salmonela, según se ve por la salsa que les echan y ya vamos en torno a los mil (1000) agraciados con varios días de hospital con todos los gastos pagados (bueno, la tele se paga aparte...). Se ha contabilizado un muerto, un hombre de 90 años. Aunque aún están mirando si la Muerte le tenía en su lista antes de comer el pollo en cuestión o le apuntó después.
En cualquier caso, lo penoso es ver a la ex-ministra de sanidad, Ana Pastor, diciendo gilipolleces al respecto...

Otro más, más desgraciado que los otros por su edad, ha sido un niño que se atragantó con una de esas puntas de flecha con ventosa típicas de los más inocentes juegos infantiles. Dentro de la desgracia, la responsabilidad (que suena mucho mejor que la culpa) se la reparten seguramente ambos abuelos. Uno por comprarle el juguete, y otro porque estaba al cargo del crío cuando ocurrió. No digo que les haga responsables, pero seguramente así se sientan. Y es una pena.
Lo jodido es que, en un nuevo alarde de cordura (entended la ironía), se va a retirar la flechita del mercado porque parece que no está homologada. No lo comprendo. A lo mejor es que existen flechas con las que no te puedes atragantar, pero no puedo evitar pensar qué harían si otro niño muere por atragantarse con una moneda de euro... ¿las retirarían también? Dentro de la desgracia creo que hay que tener un poco de sentido común y asumir el accidente en lugar de mirar hacia las puntas de las flechas, no sea que alguien mire más arriba, o no sé yo...

Y el último caso para esta sesión es una mujer con un tumor cerebral a la que han desconectado tras varios meses cerebralmente muerta para dejarla ir del limbo al reino de los muertos. La buena noticia, y para terminar de una manera más esperanzadora es que antes del apagón el extrajeron por cesárea el bebé del que estaba embarazada antes del diagnóstico de la enfermedad.


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Susan, 26 años, muerta y madre


Por una vez, y sin que sirva de precedente, parece que sí que hay vida después de la muerte.

P.D: A ver cuándo esta búsqueda da cero resultados.