Expediente Anwar

No todo en los americanos es como para vomitar. Sí, sí, incluso fuera del baloncesto... aunque sea a nivel de selecciones...

Una de esas cosas es la siguiente frase que tal vez vaya a convertirse en recurrente:

"Quien sacrifica la libertad en nombre de la seguridad, no merece ni la libertad ni la seguridad"


Lo dijo un tan Benjamín Franklin, y es hoy más aplicable que nunca.

Tras el 11S, no es una novedad, las libertades civiles quedaron supeditadas a la seguridad nacional. Esto, que no tiene por qué ser malo en la práctica es teóricamente una aberración. Sobre todo, porque nadie parece tener nada que decir en un país tan políticamente liberal como los USA, en el que se pone el grito en el cielo si no se bajan los impuestos, pero no pasa nada si ese estado repudiado y llevado a su mínima expresión mete las narices en tus comunicaciones, en tus pantalones, en tu libertad.

Será que el dinero vale más que esa libertad que llevan por bandera.

Pero no, no todo es tan horrible. Por suerte, hay quien está dispuesto a mostrar los efectos de una realidad que pretende ocultarse a los ojos de la sociedad que lo mantiene.

En Expediente Anwar, se presenta una realidad, que tal vez no sea de verdad, tal vez sí, pero que al menos es diferente a la oficial, y es para pararse a pensar.

Seguro que el guión, con ciertos puntos melodramáticos y peliculeros, viene a contarnos una historia en la que Anwar, nacido egipcio, pero habitante legal en los USA (y tira), pagador de impuestos y padre de un hijo y otro en camino con una rubia blanca prototipo de americana modelo, es víctima de las medidas que con la excusa de la lucha antiterrorista, pueden aplicársele sin miramiento alguno.

El bueno de Anwar es torturado para escudriñar en una información que no tiene y que acaba inventando. Pero eso da igual, sólo la información es lo importante, aunque después se demuestre como falsa, qué más da. Culpable a la más mínima prueba circunstancial; mentiroso si no confirma las sospechas.

Y mientras tanto, su mujer trata de mover hilos entre las altas esferas, sólo para darse de bruces con una directora de operaciones que puede dormir tranquila si coartar la libertad de uno significa que potencialmente 7000 personas dormirán seguras en el centro de Londres... mientras al rededor de todos el odio va generando más odio y serán víctima de ello.

Al margen de la historia, que no destriparé cómo termina, me parece que es una película más que digna de ver, con unos actores que llevan el peso de la misma con gran solvencia, entre los que destacaré el papel de una Meryl Streep más comprometida que en Leones por Corderos, si cabe.

Vaya, que soy poco imparcial, porque entra dentro de esas historias que es probable que ocurran, aunque no haya manera de demostrarlas.

Se ha convertido en otra de esas pelis que tocan temas políticamente incorrectos de los que hablar en animadas conversaciones conspiranoicas.