La A-8

Ayer por la tarde, desoyendo todo consejo que la prudencia y el sentido común es molestaba en ponernos frente a nuestras narices, acudimos a la bella villa de Zarautz para, inicialmente, grabar una primera parte de lo que finalmente acabará siendo el vídeo de la boda y, en la medida de lo posible, ir cerrando temas como qué músicas acompañarán las imágenes de dicho vídeo.

Viendo que el cielo no acompañaba, fuimos con muchísimas reticencias ante lo que había sido una llamada de teléfono previa en la que se nos aseguraba que la luz en la playa era perfecta.

La A-8, esa gran amiga que hace las delicias de las entidades públicas y realidad las peores pesadillas de sus usuarios, no me había todavía dado lo mejor de sí.

En la ida, y con viento fuerte de levante, que se dice, llegamos prácticamente sin problemas y a toda leche. "Pues sí que se queja tanto la gente de esta carretera, si no es pa tanto" - pensé.

Al llegar, la lluvia, ramera de rostro más enjuto a veces que la muerte, hizo acto de presencia y menos mal que al menos pudimos cerrar el tema musical, dejando para un poco más tarde el paseíllo del vídeo.

Y oye, bastante bien finalmente concretado el tema musical, viendo que dejaba de llover, fuimos a hacer de actores durante una hora.

Al final, la lluvia no dejó terminar la grabación, pero lo que salió, salió, y volveremos a finiquitarlo otro día. Eran ya más de las 21:00 y las nubes precipitaron, además de gotas de agua, la oscuridad de la noche.

Y había que volver.

Por la A-8.

Y, joder, qué vuelta...

Con agua cayendo de manera que el máximo del limpiaparabrisas casi no daba abasto, viento que te llevaba de carril a carril si no te andabas con cuidado, sólo nos faltaba una oscuridad que facilitara la conducción.

Al margen de que una autopista con curvas con una señal de limitación de 80 ya no debería llamarse autopista, ni cobrarse como tal, no puede ser que una carretera calificada de autopista no tenga una puta bombilla más que en los túneles, donde, por cierto, ayer era donde mejor se veía sin necesidad de las mismas.

Realmente dantesco el viaje de vuelta, que tardamos probablemente como el 30% más que en la ida, fue toda una lucha contra los elementos y contra los conductores que, tal vez más guiados por la prudencia que yo, iban lentos como tortugas haciendo de tener un coche delante un videojuego de esquivar obstáculos en plena guerra.

Al llegar, 4.15 mortadelos, pase por caja.

Joder, y yo que pensaba que la A-8 hasta Bilbao estaba bien, pero tenía pelotas que aún en obras te cobrasen lo mismo salgas donde salgas, ahora me veo con la necesidad de postear que menuda guasa de autopista sufren al otro lado...