Malos padres

Tengo una hija.

Me obsesiona que crezca en un entorno de igualdad y de no discriminación por razón de sexo.

Soy un mal padre.

Desde que tengo uso de razón, nunca he sido consciente de las diferencias que, por motivo de sexo, hace esta sociedad en la que vivo. Será que mirar la realidad desde los cristales de las gafas que te han tocado convierte dicha mirada en "la realidad", aunque no sea del todo así.

Habitualmente he conseguido rebatir todos y cada uno de los ejemplos que "feministas" han puesto ante mí, al menos para sentirme cómodo conmigo mismo.

Por ejemplo:
- Las mujeres cobran un x% menos por el mismo trabajo.
Esto no tiene nada que ver con el machismo, sino con que las empresas puedan pagar menos a una persona que a otra por el mismo trabajo. Si acepta (la persona), acepta. Es como decir que los pelirrojos cobran más (o menos), o los calvos son más adinerados (o no). Una estadística no establece una causa efecto. Hace falta algo más. Y quienes esgrimen este argumento no suelen tenerlo.
He "vivido" en empresas donde se han aprovechado de cualquier circunstancia para pelear un puesto a la baja, y en otras donde la valía determina tu sueldo independientemente de nada más.

- No hay trabajos que las mujeres no pueden hacer.
Esto no tiene nada que ver con el machismo, sino con las necesidades de determinados trabajos... y la generalización. Seamos claros, que los mejores jugadores de fútbol sean hombres *NO* implica que todos los hombres jueguen mejor que todas las mujeres (generalidad!!!). Obviamente hay trabajos donde las cualidades necesarias puedan ser más "típicamente masculinas" igual que las hay "femeninas", con lo que es probable que, en general, las mujeres o los hombres encajen mejor en ellos. ¿Eso significa que todas las mujeres encajan mejor que todos los hombres (o viceversa :S)? Por supuesto que no. Seguro que casi todas las mujeres del mundo juegan al fútbol mejor que yo, y me niego a considerarme peor "amo de casa" (por usar un ejemplo históricamente asociado a la femineidad) que todas las mujeres (va, sí, pienso en esas que estáis pensando también).

por mencionar un par de ellos.

Desde el nacimiento de Aysha (mi hija), me ha venido obsesionando el feminismo desde otro punto de vista. En un mundo donde hombres y mujeres van a ver amenazados sus derechos laborales por aquello que lleguen a considerar "una debilidad" (es que eres joven y no tienes experiencia, es que eres de otro país y no hablas bien el idioma, es que eres mujer y podrás quedarte embarazada...), me niego en redondo a que mi hija tenga que asumir su sexo como algo de lo que los demás puedan aprovecharse. Laboralmente, sexualmente, personalmente, en cualquier ámbito que os podáis imaginar.

En particular, la violencia de género, ejercida sobre las mujeres por algunos (¿muchos?) hombres (admito que no haber sido uno de ellos me ha cegado durante muchos años), desde un insulto machista, hasta una paliza a una pareja, pasando por una violación, me enerva.

Pretendo ser especialmente cuidadoso con educarla de manera que no permita en ningún caso que nadie la desmerezca por nada. Sea hombre o mujer, su jefe/a o el siguiente en la cola del cine. En ningún caso.

En este sentido, twitter y youtube han tenido algo que ver, sembrando la duda, sobre todo una tal @barbijaputa, a partir de quien me llegó este artículo que cambió mi visión de todo esto.

Si quieres, no sigas leyéndome más, pero lee ese artículo.

La analogía de que la vida de las mujeres es una fiesta en la que una de cada vete-a-saber-cuántas copas de champán está envenenada, me dejó en shock. Pude empatizar con la situación perfectamente. Identificándome a mí mismo como "una copa no envenenada", ¿cómo narices puede haber copas envenenadas? ¿A quién se le ocurriría?

Llegué a preguntar a las mujeres de mi Facebook si sus vidas son realmente así, ¿el miedo está presente en cada momento de sus vidas? No obtuve respuesta, y aún no sé cómo interpretar eso.

Lamentablemente, este verano me ha dado respuestas reales, de esas pocas que llegan a las noticias denotando que el iceberg es mucho más grande donde no se ve.

Porque no sólo es lo repugnante que un miembro (no haré la broma de decir "literalmente"...) de los siempre laureados "fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado" haya estado involucrado en algo así; si una copa de champán con la etiqueta de "te protejo" resulta estar envenenada... ¿cómo narices queda la fiesta? Además de haber copas envenenadas, ¿resulta que también las hay que tienen intención de envenenar (si se me entiende el matiz...)?

Más allá de otras consideraciones seguramente elaboradas en otros foros de opinión, en lo que a mí respecta... ¿qué?

Pues que en lo que respecta a la educación de Aysha, pretendía (y digo bien, pretendía), aislarla de todo esto para evitar que tuviera "anticuerpos" antes de tiempo, no sé si me explico. Si no ve que la pueden considerar de menos por ser una chica, cuando le pase verá clarinete que debe hacer algo para no ser sumisa ante la situación. De igual modo que ahora mismo nadie asumiríamos un trato diferente por el color de nuestro pelo (y si lo haces por tu piel, algo estás haciendo mal...), espero que no asuma un trato discriminatorio por su sexo.

Y me la imagino en la situación descrita de este verano. 5 hombres, ella sola... ¿y qué más le dará lo que haya vivido previamente...? ¿cómo le ayudaría tener claro que lo que está pasando no debería estar pasando...? ¿qué podría hacer yo hoy para que eso no le pase nunca?

¿Prevenir?

¿Cómo?

¿Debería advertirle de que esto le puede pasar? Hablarle de las copas envenenadas y de que su vida va a ser una ruleta rusa... ¿le ayudaría? ¿O le inocularé el veneno del miedo?

No puedo soportar ninguna de las dos ideas, ni una vida con miedo, ni un potencial problema por no ser consciente de cómo reaccionar ante determinadas situaciones con las que podrá encontrarse en su vida.

Supongo que, como siempre ante una decisión entre una cosa y otra, lo mejor está en el medio de ambas cosas.

Cuando pueda ser capaz de entenderlo, habrá que advertirle de que le pueden pasar muchas cosas malas además de las buenas que siempre le han ido pasando, y que entre ellas, el ser mujer, atractiva, inteligente a más no poder y deportista de éxito, amén de doctora honoris causa y medallista olímpica, puede influir en que le pasen unas cuantas para las que tiene que estar preparada, y ante todo ser fuerte para poder llevarse por delante años de estudio, duro trabajo, finales olímpicas, comités de evaluación, entrevistas de trabajo y cinco descerebrados que puedan no ver un ser humano detrás de todo eso.

Lo que no ha cambiado es mi firme opinión de hablarle de Grissom, ese entrañable personaje de CSI Las Vegas (el favorito de su madre), que se enrolla con una madam sadomaso. Ésta, le explica el gran consejo que le ha dado a su propia hija:

Hay muchas cosas que puedes darle a un hombre; tu cuerpo, tu tiempo, incluso tu corazón, lo que nunca, nunca, nunca debes darle es tu voluntad. 
Generalizado al resto del mundo y pudiendo cambiar dar por vender, le va a servir un huevo.