Hassan, Aysha y un Samsung Galaxy S

Ayer me llegaron a casa por correo dos cosas que me han alegrado la semana por motivos bien distintos.

El primero (en riguroso orden de entrada en casa) fue mi nuevo Samsung Galaxy S por el que vendí mi alma a Garrafone por otro año y medio. Como tengo una mujer que no me la merezco, cuando llegué por la tarde ya estaba a tope de carga y a la espera de cacharrear con él; desde confirmar que viene con Froyo hasta meter pelis para ver hoy en el tren camino del trabajo.

Confirmo que el micro es de lejos mejor que el del HTC Magic, que el pobre casi no podía mover películas .avi de más de giga y medio...

La segunda cosa, y personalmente mucho más importante, tiene que ver con Hassan, quien ya dije que me había dado plantón dos veces ya.

Hassan es un chaval/hombre de unos 27 años, residente en Otxandio y que acude puntualmente a clases de castellano en los edificios de la Cruz Roja de Durango.

Hassan salió de su casa hace unos meses para, tras pasar por Bélgica y Francia, terminar en la fría estepa alavesa, donde, me dice, está contento de vivir ahora.

Hassan vivía en El-Aaiún, capital de esa barbaridad histórica cometida en 1976 por este gran país en el que vivimos. El viernes pasado, que no me dio plantón, mientras tomábamos el primer café que ha aceptado que le invite tras 3 quedadas previas, hablamos del tema y casi se me caen las pelotas al suelo cuando me preguntó, con todo el dolor del alma en sus ojos, un simple y tristemente célebre... ¿por qué? ¿Por qué les dejamos allí a su suerte con Marruecos acechando su fosfato?

No supe responder más que un triste y poco alentador "aquí teníamos lo nuestro con la transición...", que suena más a excusa que otra cosa.

Recordé algo similar cuando en la primera guerra del golfo, los que se levantaron contra Sadam fueron dejados a su suerte tras la retirada...

Hassan forma parte de un grupo de extranjeros residentes en este país que, como parte del curso de castellano que está haciendo (aunque no lo necesita del todo, porque hablaba una mezcla de árabe y castellano en su país), debe realizar 10 horas de prácticas con un nativo.

Yo soy su nativo.

Y ayer me llegó mi flamante nuevo carné de voluntario de la Cruz Roja del que me siento muy orgulloso.

Espero poder realizar más labores de este tipo cuando se terminen nuestras 10 horas, incluso, tal vez, si las circunstancias lo permiten, seguir otras 10 horas más.

Es una de esas cosas que Aysha me ha removido por dentro. Cuando sea mayor, quiero que sea consciente del mundo en el que vive y de la suerte que ha tenido de nacer 5 cm de mapa más arriba que Hassan.

Pero sobre todo quiero que esté orgullosa de su padre como ya se nota que lo está de su madre.