martes, marzo 18, 2008

Amén para las trece rosas

He visto dos películas la última semana. La primera cumplió con las espectativas de lo que esperaba ver, la segunda, me ha hecho postear.

Hace tiempo, vi en el viejo videoclub que frecuentaba de pequeño una película con una esvástica de color rojo. En contra de lo que podía pensar en aquellos tiempos, debajo, en el mismo color, aparecía la palabra AMEN.

Supongo que hay un tiempo en el que uno cree que todo lo que le cuentan es verdad y que existe siempre una explicación para justificar todo lo malo que aquello que se te cuentan que es bueno hizo en otro tiempo.
Supongo que hay otro tiempo en que uno ya no puede creer en todo lo que le dicen.

Hacía tanto que casi había olvidado la carátula y las ganas de ver qué narices tenía el símbolo de todo la malo que ver con una palabra símbolo de todo lo bueno... hasta que la vi en newpct.

Como adivinaréis, se trata de una película que relata la Segunda Guerra Mundial, desde el punto de vista nazi, para más señas. La peli, trata del peliagudo aspecto de cómo afectó la religión, en este caso la cristiana en general, al Holocausto.

Desde el punto de vista de un nazi cristiano, Kurt Gerstein, que a pesar de ser uno de los ideólogos del exterminio judío sin él saberlo. Cuando vio qué finalidad tenían sus aptitudes químicas en realidad, no tuvo más remedio que avisar, a través de diversas personas católicas, al mismo Papa; pero no le hicieron caso.

La peli trata el tema desde un punto de vista totalmente novedoso para mí, y no se corta a la hora de narrar las miserias del alto cargo eclesiástico, y de cómo la diplomacia puede a veces servir como excusa para mirar hacia otro lado. Y de cómo las esperanzas de millones de personas pueden pasar por quien menos te lo esperas.

Todo un acierto, la verdad. Sobre todo el final, tan real como la vida misma.

La otra, 13 Rosas, es una de esas pelis de cine español que sólo gustará a la mitad del país. Bueno, o a las dos, según se mire.

En este caso, la guerra es más cercana, en lo geográfico. A finales de la Guerra Civil, y en los primeros pasos de la dictadura, se cuentan los últimos días de varias personas para las que la dictadura fue más dura que para otras. Entre esas personas, fusiladas, como tantos otros, por pensar diferente o por pretender asesinar al Caudillo de esa España de por la Gracia de Dios, según la acusación, se encontraban trece mujeres, niñas casi en su mayoría, que fueron fusiladas el 5 de agosto de 1939.

Será que uno quiere tener más memoria histórica de la que algunos pretenden que tenga, pero la película me ha parecido todo lo real que unos actores pueden hacerla. Con un elenco de jóvenes actores que no desentonan más que al principio de la peli (tal vez porque luego la cosa se hace demasiado seria como para notarlo), los acontecimientos se suceden uno tras otro hasta llegar al final esperado. Lo cual no hace que sea menos dramático. Espolvoreado con ese punto lacrimógeno propio de toda película, no quita para que a uno se le pongan los pelos como escarpias al ser testigo de las inquietudes de esas mujeres cuando se encuentran camino a la muerte.

Desde quien se preocupa de que su hijo se libre de las garras del odio a quien mató a sus padres y sea tan católico como lo fue ella, hasta quien sólo piensa en el horror de ser olvidada.

Desde luego, con esto de la llama de la memoria, ojalá se le pudiera hacer llegar, de algún modo, que no, que no nos olvidaremos aunque algunos pretendan hacer olvidar, aunque algunos pretendan igualar unas barbaridades cometidas en tiempo de guerra con 40 años de dictadura (siempre más dura para unos que para otros) y terrorismo de estado.

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Joder, ni por esas 13, ni por todos aquellos que vieron su último amanecer desde una cuneta.

En esta ocasión, la iglesia, sinónimo, según algunos, de todo lo bueno, no sólo no trató de evitarlo, sino que se hizo con su connivencia.