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3 puntos de padres

Este verano, como el pasado, semana sí y semana no termino un par de horas de jornada laboral por la tarde en casa. Tengo la suerte de poderlo hacer así, y de que Aysha no suele dar guerra y se arregla ella misma con Chocolate (el gato) para pasar ese tiempo que paso concentrado delante del portátil.

Los viernes, además, ocurre que por la tarde no trabajo; salvo estas semanas de "pseudo-intensivo", en las que un par de horas me sirven para cerrar la semana de manera más tranquila.

Uno de estos viernes, Aysha estaba enredando con alguno de sus cachivaches, sentada en el sofá de la sala, sin hacer demasiado caso a la tele ni al gato. Estaba elucubrando sobre alguna de esas ideas que le pasan por la cabeza, explicándoselas a sí misma, mientras yo cerraba un par de tests y respondía a un par de correos para terminar la semana. La tranquilidad hecha armonía, sólo un sonido de violines en la raspberry pi podría mejorar la atmósfera reinante; gato dormido al sol incluido.

Pues nada, ahora que meriende, luego al intensivo de natación y semana ventilada, finde del todo. En cuanto termine este hangout con nuestro P.O. en Madrid...

CLONK!

- Aaaaaaaaaaaaaaaay !!!

Ya se ha ido del sofá al suelo otra vez, mira que se lo hemos dicho cientos de veces, que mires dónde estás, que no estás en el suelo, que si te mueves el sofá se acaba, manda narices, pues ahora se lleva un "supernanny"...

- Me he caído aitaaaa!
- Si es no mir.... - coña! Se duele al lado de la oreja... Parece que tiene una herida, apenas sangra, mejor ni le digo nada, se la limpio, le planto una tirita de las que tanto le gustan y a correr... la piscina? Bueno, no será nada...

Y reviso la herida. No tiene más suerte que haberse dado de lleno contra el pico de la mesa. Una pasada de dedos constata que sí, el pico es muy picante y la herida... leche, esta herida apenas sangra, pero tiene la carne abierta, estoy viendo literalmente el interior de mi hija...

Justo delante del "trago", donde termina el pómulo, hay un cacho de carne blanda sin hueso alguno; y ahí se fue a dar (clavar, más bien), con el pico de la mesa.



Joder, y ahora qué hago... Esto es una tontada? Me voy a urgencias? Sí? No?
Mejor ir y que no sea nada, que no ir y cargarla... arrepiéntete de lo que has hecho.

Al menos no sangra.

- Venga, va, ponte las zapatillas de casa, y la parte de arriba del pijama de verano. - llevaba los pantalones cortos del pijama... - vamos a ir a que te curen, vale?

Y me la cargo en brazos como hacía meses, casi años, que no hacíamos. En el ascensor intento que no se vea en el espejo, pero no cuela. La puñetera es espabilada como para no fiarse de lo que le digo. Ve la sangre (poca), que por suerte tapa la herida. Se asusta un poco, y como es poca sangre, consigo que se calme. Vamos camino a urgencias, redios qué calor.

- Aita, por qué vamos tan rápido? - se me caen un poco las pelotas al suelo ;(
- No vamos rápido, es que hace mucho calor - donde vas, manzanas traigo.

El camino se me hace largo de narices. De camino, desvío su atención.

- A que no sabes quién viene mañana de visita?

Y empieza a quemar las opciones más habituales, no siempre por orden de preferencia:

- Amama! Padrino! Aititedemadrid! Tío Carlos!
- En la que acierta, montamos una fiesta, cuando ya vamos a llegar.

- Buenas, urgencias de pediatría?
- Sí, dame la tarjeta de la niña
- Leche, la tiene su madre - que está trabajando. Creo que la buena señora que nos atiende cree que somos padres divorciados al hablar así, y deja vía libre a la excepción.
- Da igual, cómo se llama, fecha de nacimiento? .... Vale, por ahí, del número 2 a la derecha del todo.

Hay un médico y nada de cola, perfecto. Le explico la película con Aysha sentada en la camilla, intentando que ella no sea consciente de mi preocupación. El médico no ve mucha sangre y le echa un vistazo. No parece mucho, así que bueno, igual esto no da para un post...

Pero sí. En cuanto le insisto en que le he visto la herida muy abierta, lo revisa.

- A ver, túmbate, que vamos a mirar.
- No, no, pinchar no!
- Tranquila, es sólo mirar, no pasa nada. - algo más sí es, limpia el poco de sangre que ha empezado a coagularse, lo que tampoco debe de dolerle mucho.

Y lo ve. Y dice sorprendido que sí, que menuda se ha dado... Lo de siempre para el dolor, si lo tiene, y que pase por la sala de curas para que le dejen la herida lista. Al otro lado del centro de salud.

Gracias.

Allá nos vamos. No parece haber nadie. Ah, sí, ahí le están arreglando el pie a un chaval. Esperaremos un rato fuera.

- Y qué me van a hacer aquí? Me van a pinchar?
- No, sólo mirar, y te van a poner una tirita!
- De qué color? Yo quiero de princesas.
- No sé si van a tener; si no tienen, en casa ponemos otra encima de la que te pongan aquí, vale?
- Vale!

Y nos toca entrar. Entramos. Le miran. Sí, nos ha enviado el médico. Para mirarle esto. Y le miran. Dos enfermeras curtidas (nunca mejor dicho) en mil batallas, que dan toda la confianza del mundo.

-  Buf, pero esta herida es muy profunda eh? - no me jodas, que esto parecía ya el final de la película; vamos a tener un giro inesperado a la mitad?

Exacto.

- Espera, que vamos a llamar a Cruces, que igual mejor te la llevas para que le miren para cerrarle. - ein? A ver si al final he hecho más que bien en haber venido...

Mientras una llama por teléfono a Cruces (Hospital de Barakaldo al que se derivan a los pacientes desde Durango), la otra le sigue el juego a Aysha. Se deja pintar tatuajes con rotulador rojo, y le hace uno a Aysha. Le pregunta por sus zapatillas de casa con dibujos de comics, y que su pijama no lo parece, y ...

- Mira, vas a Cruces, y presentas este papel, que ya me han dicho que te pueden atender, para cirugía estética. - ein? Cirugía? Estética? Esto se va poniendo cada vez más raro. - A veces les ponen pegamento como haríamos aquí y ya está, pero casi mejor que lo evalúen allí, que la vemos muy abierta, y la zona es delicada. - lo que yo decía, cada vez más raro.

Pero allá nos vamos. Con su triste tirita blanca (literalemente "es que aquí no tenemos más, luego Aita te pone una más chula), y ya a pie y con más calor que antes, volvemos para casa.

Y necesitaremos su tarjeta sanitaria. Como buen conocedor de las aventuras gráficas, sé que hemos quemado la carta de "ay que no la tengo" y no va a colar más. Llamada de esas que empiezan por un:

- Tranquila que no pasa nada, pero tienes ahí la tarjeta sanitaria de la niña? - y nos pasaremos a por ella.

Se cambia de ropa, cojo algo para merendar, las llaves del coche, y allá nos vamos.

- Ponme la de Mulan, Aita, mezedez. - como para negarle cualquier canción...

Coger la tarjeta sanitaria, tranquilizar a la madre de la criatura, y a la A8 de cabeza. Y ahora por dónde llego antes? Por Bilbao o por el Txorierri? Cuando venía al mundo, fuimos cruzando Bilbao hasta Cruces, hagamos lo mismo a esta hora, no creo que haya atasco de salida ya... Y llegamos. Nos pasamos el parking (no es plan de ocupar uno de los pocos sitios de la entrada de urgencias para esto...) y volvemos.

- Mira Aysha, aquí vinimos con Ama cuando ibas a nacer, qué te parece?
- Dónde?

Aparcamos. Saco una foto al coche para no tener que recordar dónde lo aparcamos. Y salimos por las escaleras. Mierda, no he contado cuántos pisos hemos subido, bueno, da igual.

- Ahí, en la parte izquierda del edificio, lo ves qué grande es? - parece que no se acuerda de por qué estamos aquí. Entramos.

Y ahora a dónde voy yo? Hay un funcionario en una ventanilla libre. Veamos cómo va la burocracia aquí...

- Buenas, que venimos de Durango para que le miren esto... - le doy el papel... y lo coge! TOMA!
- Muy bien, siga la línea verde hasta el final.
- Linea verde? - señala al suelo. Línea verde: pediatría. Perfecto.

- Mira Aysha, tenemos que ir por el verde, a ver si no nos perdemos que esto es muy grande, eh?
- No Aita, mira, por aquí. Vamos, vamos.

30 segundos después, la línea verde muere en un mostrador. Levantamos la mirada y dos enfermeras (o lo parecen), nos saludan. Le doy los papeles que el primer funcionario nos ha dado.

Pasa por aquí, y espera un poco. Vienen un par de enfermeras, para evaluar qué pasa y su urgencia. Le miran, son un poco burdas en el trato, supongo que a más gente, más complicado es. En general bien. Que si cuánto pesa (creo que 15Kg... en realidad son 18Kg). Voy dando el parte por Telegram.

Llega una médico y pregunta por el material de la mesa, de madera, nada de metal o cristal, o tal y tal. Se va. Le van a poner un gel en la herida que es anestésico para cerrarle la herida; yo le tengo que apretar un poco para que le haga mejor efecto. Sigue el parte por Telegram.



Así lo intento, mientras devora un par de galletas que aún quedan y ve el capítulo de Peppa Pig que echan en la tele (sonido quitado). Le damos (a regañadientes) una galleta a una niña que está por allí también. Cuando se nos acaban, una madre que ha llevado su hijo con posible rotura en el brazo, nos ofrece una de las suyas.

- Ves como hay que compartir? - sigamos teniendo valores hasta en momentos extraordinarios.

Al final nos toca pasar. Un médico muy alto acompaña a la médico de antes. Aysha le dice que no quiere que le pinchen y medio protesta un poco. Él, hace de poli malo y le cierra la boca de manera algo brusca después de decirle que sólo le van a mirar. Llegamos a la sala donde evalúan la herida.

- Esto van a ser dos puntos, se los pones y cualquier cosa me avisas. - y se va.

Y procedemos. Quédate ahí tumbada, una enfermera le sujeta la cabeza, yo las manos y el cuerpo en general. El no saber qué pasa, qué le van a hacer, es lo que le pone más nerviosa, no le gusta.

- No pasa nada amor, son dos tiritas nada más, cuéntame cómo te llamas? - la médico tiene acento sudamericano, muy dulce, pero no surte demasiado efecto.

- Aysha, begiratu neri, no pasa nada. Mira, has visto? habla como Ariel! - la enfermera se ríe. - mejor hazle caso, que si no viene el otro médico feo, ese malo de antes eh? - creo que no entiende lo del acento, sí a lo de que venga el "poli malo".



- Qué me están haciendo? me están cosiendo? - ha visto el hilo, que por cierto, la médico maneja con verdadera soltura con las pinzas para hacerle varios nudos a cada punto. Hace dos, y parece que ya termina todo, pero no, el medio no queda tan cerrado como debería, así que va un tercero.

- Tranquilo, que no le está doliendo, eh? Nota que le estamos haciendo algo, pero no le duele. - me dice la enfermera.

Tarda más de lo previsto, y cuesta convencer a Aysha de que "ya se termina". Se lo hemos dicho demasiadas veces ya, como lo de "sólo vamos a mirar". Pero se acaba, y la herida queda perfectamente cerrada. Las dos partes de la carne que antes estaba abierta, ahora está cerrada. A cal y canto.

Nos dicen que esperemos un poco, que nos darán los papeles de salida y un par de indicaciones; cosa que hacemos con más capítulos de dibujos animados (estos ya no los reconozco...).



Unos minutos más tarde, ya podemos irnos. Las indicaciones son lavar la herida todos los días con un suero, vigilar que no tenga fiebre, y que la herida no supure o tenga pus. Y acudir en 5-7 días a nuestro centro de salud para que le quiten los puntos. Ah! y pegatina de "me he portado muy bien".

- Ya está, amor, viste que no ya se terminó? Chocas? - y choca medio a medias. - Se puso muy nerviosa, pero se portó muy bien, eh? fue muy valiente.

Volvemos a casa.

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Una semana de limpiezas y cuidado, ayer le quitaron los puntos, que se habían empostillado y hubo que liberar con vaselina (esta parte ya me la perdí un poco). La enfermera de Durango le quita dos, el otro ha debido de caerse sólo.

Y volvimos a la normalidad de la piscina.

Y esos tres puntos nos han caído en nuestra experiencia de (p/m)aternidad.

5 años después, volvimos a Crices, a ver si no volvemos al menos en otros 5 más.

Camina siempre adelante

Habían pasado unos meses desde que el primero de los compañeros fue liberado del yugo común que sufríamos. Internamente, aún pensaba en cambiar las cosas desde dentro, en intentar modificar el rumbo de las decisiones sufridas hacia lugares que un par de años antes ya habíamos imaginado y tratado de mover.

Las cosas de palacio podían ir suficientemente despacio como para diluirlas en el trabajo diario, y en una de esas limpiezas de disco duro anuales, me había chocado de frente con las hasta ocho versiones del documento tratado en aquellas reuniones fuera del tiempo y del espacio de la oficina. Muchos estaban de acuerdo en hacer algo, algunos estaban por la labor de participar, unos pocos fueron necesarios para pararlo, simplemente bajo el látigo de la indiferencia.

Por aquel entonces, ya había un "nosotros" y un "vosotros" que se escupían desde ambos lados de la tierra de nadie, esa que ni fú ni fa, ni sí ni no, ni bien ni mal. De #padefos está lleno el mundo, eso lo sabemos, forman parte de esa buscada clase media que ayuda a mantener a raya a las clases bajas, autoengañándose como si fueran parte de las mismas a las que se intenta subyugar. Esa misma clase media de la que formaba parte, que no juez, de los que proponen a la espera de la disposición de la deidad competente, ahogados en su propia proactividad "mal entendida" por todas las partes.

La mayoría de los caminos que se abrían ante mí en la intención de hacer la atmósfera más respirable habían terminado en el callejón sin salida de la puerta siempre abierta, y el resto por probar no tenían pinta de ser diferentes, con lo que cada vez era más fácil dejarse caer en el desánimo y la desilusión reinantes por doquier.

El tío Tom cabizbajo en el porche de su archiconocida cabaña era la imagen recurrente que venía a mi mente y que aún hoy creo que refleja mejor que cualquier otra metáfora o requiebro literario el sentir de aquellos días.

No has de confiar en la piedra con la que puedas topar, ¡apártala del camino! por los que vienen detrás.

Inevitablemente, cuando lo que sientes, lo que dices y lo haces no van en consonancia, acabas en un callejón sin salida gris y anodino que te va destrozando por dentro y en el que intentas hacer lo que sientes, a pesar de no decirlo, simplemente para poder seguir adelante en un camino que ya sabes que no te llevará a tu éxito. Y cuando no puedes pasar otro día sin decirlo, casi sin querer en un comentario en un café, imperceptiblemente en una reunión de equipo, inadecuadamente en un email de respuesta que nunca envías y borras y reescribes, sale a la luz.

Es inevitable.

Y como las desgracias, dicen, unen, esos días constatas que los enemigos comunes hacen extraños compañeros de penurias; une, eso sí, tal vez con quien menos te esperabas. Y ya sin miedo a decir lo que sientes aunque sea como en un viejo garito clandestino en plena ley seca, se hace mucho más fácil asumir los actos que necesitas para alienar tus chacras y la santísima trinidad: piensa, di, haz coherentemente, o sé infeliz para los restos.

Apoyado totalmente en la invalidez de las buenas palabras, de las buenas acciones y de las buenas intenciones, te autolegitimas para hacer aquello que te va a permitir volver mañana.

Todo clandestino, todo furtivo, todo encubierto. Desde pelear un "venga, vale" que le dé un poco de sentido a lo que haces, hasta pasar por encima de todo lo que se dice en una reunión porque antes muerto que permitir que un usuario vea sus datos accesibles públicamente sin ser plenamente consciente de ello. Sobre todo porque lo clandestino tiene un punto de resistencia francesa contra el invasor, de robinhoodismo contra el opresor, de rebelión en la granja. Que mola.

Y funciona. Durante un tiempo.

Porque nada cambia.

Como limpiar una herida sangrante un día sí y otro también, porque es abierta un día sí y otro también, lo clandestino te alivia un rato, cada vez menor, de un día que cada vez es más largo.

Y no funciona.

Porque nada cambia.

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Así que esta carrera por la supervivencia acaba tratando de sacrificarse por los demás. Por tu familia que cuenta contigo y ese trabajo, por tus compañeros que cuentan contigo como apoyo en la lucha contra sus propios demonios, por tus proveedores a los que no quieres tener que mentir u obviar cuando te preguntar por temas más allá de tus atribuciones porque nadie más les responde, por tus usuarios que son la verdadera gasolina para que todo se mueva.

Hasta que no puedes más. Y de la misma forma que tú has libertado a quienes tuvieron la suerte de encontrar una salida, de repente eres libertado por esos mismos que te quedan por libertad. Y libertador que lo liberte, buen libertador será.

Y te vas. Y yendo se conjuga con mal rollo. Uno que sin saber hasta qué punto alguien alivia con una simple taza.

Y desapareces. Un par de meses. Porque necesitas desintoxicarte. Y constatar que otro mundo es posible y que no estabas loco, ni siquiera de parranda. Y las cosas se tornan nítidas desde la distancia.

Porque todo cambia.

Para ti al menos.

Y sin poder dejar de preocuparte, vives desde lejos los latigazos. Como si sólo tú hubieras escapado en Sleepers (http://es.wikipedia.org/wiki/Sleepers) y supieras lo que viven tus excompañeros de celda.

Y vuelves a intentar ayudar. Más asentado. Más fuerte. Desde la lejanía. Esa que lo hace todo más pequeño.



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Y de repente alguien acaba saliendo. Con dos cojones y un juicio. Tras una baja por estrés que parece cuatro. Liberado al fin, tras tanto tiempo de estrecha colaboración. Pocas veces me he alegrado tanto de que alguien acabe en el paro.

Recientemente he tenido la oportunidad de colaborar con otra de esas personas. Un side-project que ha vendido 20 unidades en más o menos un mes. Nunca lo habríamos sospechado.

Y es puesto en el punto de mira. Tras meses en una situación similar a la que viví. Y acaba viendo la verdadera cara de su enemigo en casa. Y entonces creo que comienza a comprender lo que significó aquella taza en aquel momento. Y le devuelvo el detalle. Y me aporta ideas de mejora del producto. Y le haremos caso.

Y aún quedan.

Y seguiremos ayudando. En lo que necesiten. Porque hasta que todos y cada uno de ellos sea libertado, no será posible dejar atrás tanto tiempo de camaradería forjada a golpe de galera.

Ahora sólo queda liberar a dos más para terminar con todo y dejarlo atrás al fin.

Y encima les habremos hecho un favor, como un puente de plata a enemigo que huye... si es gratis.

Física para Padres: En el parque

A Aysha le encanta ir al parque. Y sabe cuándo vamos. Incluso lo sabe cuando no vamos. A más de 100m de cualquiera de los parques infantiles de Durango, nos mira con cara de emoción y apunta con el dedo mientras nos suplica con esos ojillos "paaaa-queeee".


Más allá de derretirnos con semejante escena, que a veces tiene un final feliz, pero a veces no, el parque se ha convertido en otro de los centros sociales de una niña de 2 años (el primero es la guarde, claro...).

Allí se ríe, juega con otros niños/as, corre, salta, sube escaleras, baja resbalando por el tobogán, pone carita y vocecita para pedir "galleeeeeta" a quienquiera que tenga una, ... de todo. Ah, y se enfada con quien ose arrimarse a su juguete olvidado en un banco al grito de "emiiiiiiiio".

Pero casi sin duda su elemento favorito del parque es el columpio (el "dilín-dalán" para ella).

Desde el primer día que fuimos, desde que apenas se sujetaba sentada, le encanta el columpio. Se puede tirar más de media hora mirando el mundo desde ese balanceo del que parece no cansarse nunca. Cuando finalmente lo hace, simplemente basta un "yastá" para bajar.

Al principio era fácil empujar una masa de 3-4kg en un péndulo simple, casi era un descanso que pidiera el columpio, porque así no tenías que estar medio agachado maltratando tu espalda llevándola de la mano mientras entrenaba sus primeros pasos.
Pero luego. Ay! luego... luego la masa va creciendo y al final te encuentras empujando 10kg y con agujetas en los brazos y hombros antes del "yastá".

Y lo peor era ver que no era el único. Aquellos padres/madres que me llevaban ventaja hacía tiempo que habían cambiado el dolor de espalda por el dolor de brazos y un "hoy te toca dar a ti". Es lo que tiene esto de ser padre, que se va aprendiendo todo sobre la marcha, por mucho que te digan que pasará esto o eso (a ti siempre te pasará "aquello" y no tendrá nada que ver, pero este es otro tema).

Así pues ese dolor y la mirada contemplativa de Aysha me llevó a perderme en mi mente y finalmente a recordar aquella clase de física de segundo curso en la universidad en la que se hablaba de los sólidos rígidos, los péndulos (sólidos o no), caídas no libres, y demás... y de repente lo vi claro.

Los fundamentos del péndulo simple describen el movimiento de la masa (Aysha o cualquier niño/a balanceándose en el columpio), que viene dado por la gravedad y una pila...

... un pila?

Sí, una pila de padres/madres empujando...

Quiero decir, que tras el primer empujón, o el primer estirón para dejarlos caer, el movimiento viene afectado por la única fuerza que es la gravedad (aquello del 9.8m/s2 que recordaréis algunos, y sí, despreciamos el rozamiento del rodamiento...), y para ángulos pequeños (a Aysha le gustan cuanto más grandes mejor, pero casi es lo de menos...), como bien dicen en la web de la universidad donde hablan del péndulo simple, acaba siendo:

 (1)

que nos dice (con un par de cuentas), que el período de la oscilación con la que se mueve el columpio es:


Que seguro que no os dice mucho, pero es la clave de todo el asunto (l es la longitud de las cadenas del columpio, y g es el famoso 9.8 de siempre...).

Como todos sabemos, la tendencia de un columpio es que acabe parándose (y con Aysha pidiendo escuetos "más"), de manera que necesitamos un "generador" (o adulto empujador) para mantener la solicitada oscilación con una amplitud (ida y venida de adelante a atrás) constante.

Estamos, entonces, en frente de un péndulo simple forzado (empujado), donde ahora interviene la fuerza externa del pobre adulto que contenta al bebé.

Porque, claro, no es lo mismo (en general...) un padre que pega un arreón fuerte cada 3 idas y venidas que una madre que debe hacerlo a cada ida y venida porque arrea más débilmente. Esto suele entenderse más o menos bien, porque al final, la energía que debemos meter al columpio debe siempre contrarrestar a nuestra enemiga la gravedad (que, recordemos, tiende a parar la diversión...), para lo cual solemos tirar de la fuerza necesaria las veces que sean menester...

Pues bien, hay otra variable que afecta, además de la fuerza con la que empujemos o las veces que lo hagamos (que por cierto, ambas generan agujetas en los brazos...).

Estamos hablando, padres/madres sufridores, de la frecuencia de nuestra aplicación de energía. Esto ya es más raro, a que sí...

Vale, todos sabemos que tenemos que empujar repetidamente, cierto? Con más o menos fuerza, con más o menos frecuencia (más o menos veces), verdad? Pues esto significa que nosotros, empujadores, somos otra oscilación.

Y cuando dos oscilaciones se mezclan, una que se quiere parar y otra que quiere que la primera siga, tenemos que tener en cuenta cómo se "mezclan". Es decir, todos sabemos que si empujamos hacia atrás cuando el columpio está en el tope de delante, eso hace que siga. Pero qué pasa si empujamos hacia atrás cuando está en el medio viniendo hacia adelante? Exacto, que lo paramos. La fuerza que hacemos es la misma, lo que cambia es (tachán, tachán!!!): LA DIFERENCIA DE FASE!

Es decir, haciendo la misma fuerza, no es lo mismo hacerla cuando el columpio va o viene, y además es diferente si es en los extremos de la ida y venida o en el medio!

Casi todos hemos empujado desde los extremos, desde delante o desde detrás, y cuando llega al punto más alto, a que sí?

Pues sabed que si bien no lo estáis haciendo mal del todo, pero NO ESTÁIS SIENDO TODO LO EFICIENTES QUE PODRÍAIS! Es decir, podríais aprovechar mejor vuestros empujones (energía aplicada) para que el movimiento se mantenga... esto es, PODRÍAIS NO CANSAROS TANTO para mantener el mismo movimiento.

¿Cómo? Intentando entrar en RESONANCIA. Lo qué?!?!?! Intentando empujar en el punto y manera que se MAXIMICE la absorción de energía, para no tener que empujar tanto...

Vale, pero ¿cómo?!

Con este secreto: se maximiza que la energía del empujón se use para mantener el movimiento si empujáis cuando el columpio está en su punto más bajo (en el medio de la ida y vuelta), y en el sentido del movimiento.

Para ello, yo no me pongo ni delante ni detrás, sino AL LADO, justo debajo del "techo" del columpio, de manera que cuando Aysha pasa enfrente de mí yendo hacia adelante, empujo un poco y que siga... y cuando vuelve hacia atrás, vuelvo a empujar otro poco hacia atrás.

Y ya no tengo agujetas!!

Aunque tengo que decir, que me sigo fijando en el resto de adultos que siguen haciendo las cosas como se han hecho siempre, sin preguntarse si es la mejor manera de hacerlo... y no suelo poder evitar una sonrisa cuando veo a alguien frotarse los hombros mientras corre detrás de una personita de medio metro largo...

Otro día os contaré cómo es que luego se aprende a "darse uno mismo" y ya todo esto quedará obsoleto, porque, claro, si ya no hay empujadores, cómo se puede mantener la oscilación? :-O

Pista: tiene que ver con cambiar el centro de masas de la criatura (la sentada en el columpio...), aquí podéis ver lo que se puede llegar a hacer sin ayuda externa en un columpio.

Grandes Mentes

Dicen que las grandes mentes piensan igual, yo creo que los grandes corazones sienten parecido.

Adivina, adivinanza

Esto va de pistas, de ver en qué momento llegas, querido lector, a hilar todas ellas y llegar a la conclusión final: la solución.

P.D: se admiten comentarios

Pista: Auto-pista
En el inicio de los tiempos, escribí este post acerca de la inevitable certeza... tiene que ver con el final, pero lee desde el principio...

Pista: Musical

Escucha "Queen Dont stop me now"

Pon esto, y vete escuchando, al menos mientras ves el resto de pistas (las de vídeo tal vez no...); no olvides que en la letra está la pista...


Pista: Conceptual

Hasta ahora diría que hay 10 tipos de personas, las que saben binario y las que no. Tal vez empiece a parecerme más a Homer a medida que pase el tiempo...


Pista: Visual


Yo siempre me he comido los huevos de dos en dos, como aquel de GH de hace tantos años... Supongo que siempre está bien seguir las normas y no tentar a la diosa Fortuna viviendo en semejante pecado...











Pista: El País
Es de hace un tiempo ya, pero es que la frase se me ha quedado grabada en aquello que sea análogo a la retina en los oídos. Búsquese la frase más polémica del artículo...


Pista: Youtube


Pista: Para lentos

Me he leído, al completo, aunque no es difícil, el Blog de Mario y Laura.


Pista: Refinitiva


Venga va, repetid conmigo, como pelando una margarita: una raya, dos rayas, una raya, dos rayas...


Solución:



La futura madre de mi descendencia me va a matar, pero... CANASTA!



... subidón, Subidón, SUBIDÓN!

P.D: shhhh, calla! no le destripes la adivinanza al resto!

Hoy tocó Spin-Bike

Sin nada que ver con 1/2 y -1/2, hoy he vuelto a spinning, o spin-bike, como se llama ahora...

He vuelto, después de tres años(?), y porque empecé el jueves pasado. En dos sesiones semanales, de martes y jueves, pretendo volver a disfrutar de esta actividad de gimnasio que es de las pocas que no terminan por aburrirme.

El chaval que hace de monitor parece bueno, motiva, y me miente para asegurarse de que vengo el próximo día (dice que me ve bien... tal vez porque me mire mal...), con lo cual, será una pena porque para junio nos ha dicho que se va. Espero que el siguiente siga con el nivel dejado por quien tenía miedo de no estar a la altura de las circunstancias (es que el que tuve en su día motivaba un webo).

He salido relativamente pronto de currar, a la carrera, como siempre para llegar a un tren que llegaba a la par que yo al andén, para llegar con tiempo a enfundarme ese apretado pantalón de ciclista con almohadones en esa zona que hay que manejar entre algodones, y que aún no me atrevo a llevar sin otro pantalón corto normal por encima. Con tiempo he salido para el gym, y al final ha tocado esperar.

Un beso a la mejor pastelera al oeste del Deba en su salida del yoga, y ale, a sudar.

El otro día fui a tantear el terreno, para al menos terminar con cierta honra, pero hoy, hoy tocaba darlo todo de nuevo, como entonces, cuando terminaba la sesión tan agotado que parecía volver a nacer.

Por suerte, aún no estoy lo suficientemente fuerte como para tener agujetas.

Mañana os lo confirmo, aunque la rueda no estaba tan caliente como antaño.

El jueves hay huelga general, así que volveré el viernes; mejor, así tendré más tiempo para recuperarme del dolor de coxis. Leche, menuda palabreja tan graciosa.

En el país del crepúsculo...

Dicen que son el país más poderoso de la tierra, cuando probablemente sólo sean fanfarronadas de matón de patio de colegio. También, que son la más antigua democracia cuando no saben ni dónde nació esta forma de gobierno. Se tienen por libertadores del mundo cuando siguen explotando a sus propias minorías de manera casi esclavista.

Joder, dicen que son los más ricos de la tierra, cuando no quiero imaginarme cuántos de sus ciudadanos viven como si realmente lo fueran.

Si hasta se permiten mirar la paja en el ojo ajeno! Probablemente para evitar ver las vigas en los suyos...

Pero lo de hoy, lo que hemos podido ver hoy, no tiene nombre.

Una vez leí un experimento. Tal vez se trate de una leyenda urbana, pero básicamente venía a decir que la probabilidad de que alguien acuda en socorro de un prójimo al que le da un infarto en mitad de la calle es inversamente proporcional a la densidad de población. Es decir, si te da un jamacuco y te quedas seco en mitad de la calle, mejor que sea en Villaberza del Duero que en plena Castellana de Madrid. La explicación viene del hecho de que psicológicamente nos autoexluímos de ayudar con la excusa de que ya habrá alguien que lo hará. Por eso, donde más gente hay, más se tiene dicha excusa para no acudir en ayuda de quien lo necesita urgentemente.

Algo parecido hemos podido constatar esta vez, en la sala de espera de urgencias de un hospital... americano...

Resulta que la buena de Esmin Green, de 49 años, acude a urgencias, y la tienen esperando durante 24 horas. Aquí no hay huevos para dejar a un jubilado todo ese tiempo en espera, antes te queman el ambulatorio, y como sea para arramplar medicamentos gratis ni te cuento. Pero en fin, que la buena mujer, harta tal vez de la espera, cae redonda al suelo presa de un ataque.

Hay más personas en la sala, aunque probablemente prefieren no meterse para no meter la pata y verse acusados de negligencia ante un tribunal, de modo que ni se arriman; ni se inmutan; ni la miran.

Supongo que el pensamiento de que ya lo hará quien cobra por ello planeó por sus pensamientos.

Pero héte aquí que, en una de estas, aparece un segurata. UN SEGURATA!!! Sí, uno de esos que velan por la seguridad de los presentes, sí, uno de esos que cobra para que nadie muera en esa sala (y alrededores...). Aunque, ciertamente, la letra pequeña de su contrato dice que debe actuar en caso de que alguien (preferiblemente negro o chicano) se meta en el recinto a punta de pistola y tome rehenes. Sí, ahí debe actuar. Si una mujer que lleva un día entero esperando en una sala se desploma y se queda tendida en el suelo es que encima debería pagar por el improvisado catre, como para encima actuar!

Pero espera! Aún hay más!

En otra de esas mismas, otro segurata, dicen, a mí me parece el mismo, se asoma a ver a la negra del suelo.

PERO LO HACE SOBRE SU SILLA CON RUEDAS DE LA QUE ENCIMA NI SE LEVANTA!!!

Se empuja con los pies hasta hacer rodar la silla de oficina por el pasillo hasta la sala, echa una mirada, tal vez para asegurarse de que el otro no le vacilaba cuando se lo contó, tal vez para ver si su incredulidad le había costado los 20 pavos de la apuesta que hizo con quien se lo contó...

No lo sé, todo lo que puedas imaginar al ver las imágenes es poco frente a la realidad de ver cómo se deja morir a una persona en una sala de espera de un hospital.

Y todo, en el país de las libertades y el hogar de los valientes... joder, valientes libertades que dejan que te mueras donde vas con la esperanza de que te curen.

Y aún dicen que la seguridad social es un caos en este país... si alguien llega a morir así no sé lo que habría pasado.

Aunque seguro que algo más que seis despidos y una declaración de intenciones de atender las urgencias en un máximo de... 10 HORAS!

- Oiga es que me estoy desangrando.
- Ya, pero es que acaba de llegar, caballero, espere su turno, si en 6 horas sigue vivo, le atenderemos.

Y yo preocupado...

Habiendo recuperado el tiempo perdido tras la nefasta lesión que me ha impedido ir a correr más asiduamente, en lo que a término de peso se refiere, me encuentro en situación de empezar a usar el ritmo logrado para seguir en la línea y tratar de no apoltronarme demasiado.

Estaba yo pensando si estaría bien bajando unos pocos más y cuánto sería lo deseable. Y es que esto de decir adios a los michelines, con esa carita con la que me miran, es más complicado de lo que parece. Aún siguen fuertes en sus trincheras, pero no pienso claudicar.

Y mira tú que con estos pensamientos entro en menéame, para variar, y me encuentro un link a un vídeo de youtube con el que, literalmente, he flipado.

Después, he visto otro de la misma persona implicada, y he tenido que contarlo. Dejaremos mis esperanzas de que Meredith haya muerto para siempre en Anatomía de Grey para otro día.

Creo que es mejor verlos en orden cronológico, de modo que aquí va el primero. Apriétense los machos...



¿Impactante? ¿no? joder, pues esperad a ver cómo sigue la cosa dos años después...



Ea, por si no fueran pocos 110, ahora son 222, el doble nada más, total, sólo tiene 7 años...

Si sigue la ley de Moore, con 9 serán 444 y con 11, 880...

Joder, y yo preocupado con lo mío...

Música para olvidar

No, no se trata de música tan mala que hubiera sido mejor haber capado al autor, ni que le echaran de la $GA€.

Se trata de cinco canciones que están revoloteando últimamente de un winamp a otro entre mis equipos para amenizarme las mañanas y olvidar todo lo malo del mundo o regodearme en ello. Todas y cada son de diferentes estilos y cantantes, cada una de su padre y de su madre, vaya, que se unen a las otras pocas canciones que odeo (y kancerbero) han tenido a bien dejar caer por aquí.

La primera, es una de esas que nunca creí que me gustara. Vale, me gusta el 80% de la canción más famosa de Chambao (antes de empezar a desvariar), y puede que alguna de Ricky Martin en según qué circunstancias (de ruido y alcohol), pero la combinación es perfecta en esta "Tu recuerdo".


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Decir que Kay está peor de lo suyo, y la cortisona a largo plazo no es solución, la canción le viene al pelo...

La segunda, relacionada con este fatídico hecho, por el rollo melancólico de la guitarra de Santana, es "Just feel better", con el Tyler de Aerosmith.


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La tercera, siguiendo con el ritmo mortecino de Take That y su reaparición con "Patience".


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La cuarta, y para que se vaya notando que es viernes, el sabor totalmente sesentero de las Pippetes con "Full Shapes". Si no os suenan, dad gracias a cierto canal de música de la TDT por su descubrimiento... ¿cómo hacer una canción sólo con un estribillo y alargarla artificialmente un minuto más? Así, pero queda bien, oye...


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Y para rematar el in crescendo, termino con Gnars Barkley y su genial "Crazy", nada que ver con la de Julio Iglesias. Con todo lo bueno del disco de los noventa, aliñado con cierto toque soul, ¿no?


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Creo que así cantaría Aretha si siguiera en activo...

Que aproveche, a ver si os molan como a mí...

Modificación Genética

Hace unos días me llegó un correo de esos que puede ser un hoax o una realidad. Como siempre en este tipo de casos, la paranoia de cada quien es directamente proporcional a la credulidad de cada uno. Los más conspiranoicos se creerán a pies juntillas el correo, los menos pasarán de él, y yo me lo creo a medias. Probablemente algo puede tener de verdad, o al menos creo que es verosímil, lo cual ya es bastante para un hoax.

El producto afectado en el correo trataba por encima el tema de los transgénicos, poniéndolos en la picota del consumo. Los productos modificados genéticamente son algo nada nuevo entre los productos que consumimos, a pesar de las reticencias de muchos usuarios. Por ejemplo, se dice que todos los plátanos que se consumen son clones de la planta original traída allende los mares. ¿Clones? ¿en aquella época? Sí, a base de esquejes. La manipulación genética no tiene por qué hacerse en laboratorios.
También se conocen los efectos que la producción industrial en la morfología de las vacas, como si eso no fuera manipulación genética del hombre sobre los animales.

Supongo en el consumidor común pasa de estos temas hasta que salta la liebre en forma de noticia que vincula los transgénicos con algún tipo de enfermedad mortal. Entonces, preso de la paranoia, se vuelve un radical del naturalismo movido como una marioneta por quienes tienes intereses económicos sobre lo que consume: Claro que poner bífidus en un yogur es malo, es modificarlo en un laboratorio, lo sano es darle de comer a las vacas los cadáveres de sus congéneres, que al menos es natural.
Y es que natural no es sinónimo de bueno... o de mejor.

Vamos, que como consumidores tenemos la mosca detrás de la oreja sin saber si algo es bueno o malo porque desconfiamos de los publicistas que nos lo tratan de vender. Y no nos creemos sus buenas intenciones. Ni de quienes critican el producto del vecino para vender más del suyo. La imparcialidad, si no existe, con dinero de por medio ni se la desea.

Por eso no tengo del todo claro si la noticia de hoy es preocupante.

La malaria es una enfermedad que afecta a 300 millones de personas en el mundo (calcúlese en euros), 3 millones de muertos al año, como 1000 torres gemelas de esas, pero sin tele... Es una enfermedad de esas que todavía no tienen cura, pero que tampoco importa tanto, a fin de cuentas, el sida es mucho peor... en el primer mundo... o no...

La cuestión es que, a falta de solución al problema, se está tratando de atenuarlo.

La malaria se transmite principalmente por causa de un mosquito.
Pues bien, la idea es modificar este mosquito genéticamente para que no lo haga. Se ha conseguido crear un supermosquito que es inmune a un determinado tipo de malaria que, además, prevalece en un entorno biológico con el mosquito original. Es decir, soltando a este supermosquito en los lugares oportunos, reemplazará al mosquito original en un 70% en nueve generaciones.

Esto es mucho más que modificar algo que comemos, estamos hablando de modificar el ecosistema mundial reemplazando un bicho activo por otro. Las consecuencias de esto puede ser inimaginables, ¿no? ¿Será el primer paso para seguir los pasos de aquel capítulo de los Simpson donde infestan la ciudad de lagartos para deshacerse de las palomas, pero luego tienen que vovler a infestarla de serpientes para quitar los lagartos y luego...?

La noticia, por ahora, habla de una posibilidad, nada real por el momento, pero que habrá que sopesar cuando sea posible.